Alucina Vecina

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Una promesa


Iba a escribir otra cosa, y la verdad es que no tenía intención nunca de hablar de cosas serias… pero me acaban de contar que un compañero del cole (de un curso menos, que solo conocía del campamento y de jugar al basket en en los recreos) se ha muerto hoy en el gimnasio. Al parecer estaba corriendo… y ha caído.

Se estaba preparando para bombero. Además del Shock inicial (qué joven, que fuerte…) Me ha hecho pensar: “Ojú, preparándose para bombero, menuda caña se meten… Tanto como para acabar así”. Y a continuación pienso que estoy entrenando de 5 a 7 horas diarias, que trabajo, no duermo, apenas como… ¿De qué me quejo de la caña que se meten los que se preparan a bomberos? Lo suyo es más mantenido, pero también tienen más “cuerpo” que yo… Y no debería meterme la caña que me estoy metiendo… si voy a clase, entreno las horas de clase, ir después (o antes, o antes y después) es una salvajada; como lo es no comer.

Seguro que ahora lo digo, y lo cumplo mañana si llega, pero… la intención está.

A veces tienen que pasar cosas verdaderamente horribles para que nos demos cuenta de las cosas y ni siquiera así aprendemos. Siempre buscamos justificaciones “No, si yo puedo” “No, si son 3 días más”… Pero esto debería ser una lección de por vida: No se debe de forzar más de lo que se puede, porque después todo pasa factura.

Son conjeturas, no se qué ha pasado realmente, igual tenía algún problema cardíaco o de otra cosa y no lo sabía, igual ha sido un trombo que no tiene nada que ver, o ha sido una reacción alérgica. O cualquier cosa… Pero el planteamiento está ahí: no forzar.

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