Alucina Vecina

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Las zapatillas de “vakita” en el metro.


Hoy he ido a Torrelodones-osea-sabes-si-que-fuerte a devolver una chaqueta que habían comprado en Ponferrada, y la única tienda que tienen en Madrid es allí, y después hemos cenado en un buffet wok que hay allí que está bueníiiiisimo.

La verdad es que hemos tenido que hacer un montón de tiempo, porque hemos calculado un poco más, y como allí sólo hay tiendas pues no teníamos mucho más que hacer…

Bueno, que mientras cenábamos, en el culo del mundo… Me quedo mirando a uno… y le pregunto a mi chico “¿Tú te acuerdas de Santi, mi enrtenador?” “Sí, claro” “¿Es ese?” “Pues puede ser”. Y un rato ahí mirando, que si no es se le parece mucho.. un poco más gordo y calvo, pero el tiempo no pasa en valde… ¿Pero qué va a hacer aquí? Que estamos a tomar por culo del barrio…

Pues sí. Era él. Nos hemos saludado, y hemos hablado un poco… la de años que hace… jajaja. El caso es que ha recordado una cosa que hice que marcó mi historia. Jajaja.

A pesar que con él empecé con mal pie, porque vino de preparador físico, y yo decía que no corría más, que me dolía la rodilla y empezamos mal, al final nos acabamos llevando de maravilla.

Bueno… que me enrollo como las persianas.

Hicimos un amigo invisible en una cena que hicimos en su casa. Pero la chica a la que le había tocado, no había podido ir… o no sé por qué sino tenía las zapatillas en el entrenamiento…

La cosa es que en el entrenamiento siguiente me llevó unas zapatillas de estar por casa de vaquita… (que a mi perro le encantaron). Y Santi me dijo “Me apuesto contigo lo que quieras que no te atreves a llevar esas zapatillas en el metro”. Jaaaaaa. A mi con “No tienes huevos a…” (Los que me conoceis sabéis que me muevo por eso).

Así que en el viaje de vuelta a casa… entro al metro, me siento, y me quito las zapatillas de baloncesto, y me pongo las de vaquita. Y entro al metro tan cómoda y tan feliz. Mis compañeras, Santi y el coordinador flipando con mi morro, y muertos entre risa y vergüenza.

Pero como a mí eso de ponérmelas y pasar sin pena ni gloria no me va… cuando alguien me miraba con cara de “Se la ha olvidado ponerse los zapatos”, yo miraba y decía “No, es que son comodísimas, y como paso mucho tiempo en el metro, es como estar en casa”. Ya la gente me miraba como si estuviera loca, y a los que iban conmigo como si lo fueran también.. aunque intentaban separarse… jaaja.

Pero cuando llegó el transbordo… no me molesté en quitármelas porque la apuesta hubiera terminado (Santi seguía en la línea sin transbordo). Lo hice con las zapatillas tan feliz, y seguía diciendo lo mismo, que es que el metro es como estar en casa, que eran muy cómodas…

Lo mejor de todo, cuando llegó la parada anterior a mi casa, y entonces, ya si que saqué las zapatillas de baloncesto de la mochila y me las empecé a cambiar ante la mirada sorprendidísima de todos los que estaban en el vagón. No se me había olvidado ponerme zapatillas, no era un descuido… ¡¡Era a posta!!! ¡¡¡Era consciente de ir en zapatillas de vaquita por el metro!!! Con unas caras… a lo que yo respondí “No, es que estas son más cómodas dentro, pero por la calle se me van a estropear”. La cara de “Siiiiiii, claaaaaaro” y buscándo la cámara oculta que puso fue… Me tiré riéndome tres o cuatro días. Y aún me río cuando lo recuerdo. Jajaja.

No eran estas las zapatillas, estas son las que tengo ahora. Las otras estarán enterradas por el jardín. Eran como de piel de vaca, no con la cabeza. Pero estas también valen. Jajaja. Me dió por las vacas por el cachondeo de que uno que decían que me gustaba era de pueblo, y en su pueblo había vacas… Jajaja.

  1. JP Dice,

    Hola . Descubrí tu blog visitando los Blogs inscriptos en 20 minutos.
    Saludos

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