Alucina Vecina

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Cartas


Hoy voy a recordar otra de esas cosas que hacía cuando era pequeña… y no tan pequeña… Jajaja.

Desde siempre me ha encantado escribir cartas, considero que no deberían perderse… pero con el teléfono y el mail… las únicas cartas que recibimos son las facturas, las de los bancos… Con lo que mola recibir una carta de un amigo. Escrita a mano (eso ya si que es ideal, aunque a ordenador valen tambien, pero para mí mejor a mano). Porque es como más… personal.
Hoy se sobrevalora el tiempo, la carta tarda tres días, el mail tres segundos… Pero… es más frío.

Hace años que no recibo una carta… es más, en los últimos 4 años creo que no he recibido ninguna. Antes las recibía de una sola persona, que además del mail, siempre nos reservabamos un rato para escribir una carta a mano.
En clase, en los ratos libres…
Pero tampoco voy a menitir, la última que envié hace casi un año, algo menos… jajaja. Aunque estoy pensando mandar una en breve.

Es una pena que se haya perdido… La ilusión de ir a mirar el buzón a ver si había una carta. Recuerdo sobre todo cuando me iba de vacaciones. Todos los días bajaba corriendo al buzón a ver si tenía alguna carta de mis amigas… o de mi hermana Cuki, que eran las más chulas.

O cuando estaba Susi en Venezuela… el día que me llegaba una carta de ella era… Pufff, una fiesta.

O cuando me escribía por carta con mi “hermanito”, aunque habláramos por teléfono sólo nos decíamos “Acabo de mandarte una carta”… Y ya empezaba una cadena hasta que llegaba. Tanto, que empezaba a escribir la respuesta sin siquiera haberla recibido.

En clase, casi siempre, cuando me aburro, me pongo, o ponía, a escribir cartas… Aunque ha llegado la hora de la verdad.
A ver como decirlo… Mis cartas, al igual que yo… nunca han sido… convencionales, por así decirlo. Siempre han tendido a ser… ¿Especiales? ¿Originales? ¿Únicas?… Todo vale.

Me explico.
Lo de enrollarme tantísimo ha sido de siempre, eso no debería ni contar. Ya he contado mi récord de extensión de una carta: 27 FOLIOS POR LAS DOS CARAS. Sí, se pueden llenar. Era una carta para mi amiga Susi cuando estaba en Venzuela… y la contaba todo, y todo es TODO. Los cotilleos de la clase, lo que dábamos, lo que me pasaba en casa… ¡¡¡Si es que hasta ponía pasatiempos!!! Crucigramas, sopas de letras…

Y creo que esa es una buena manera de encabezar lo que se convirtieron después mis cartas.
Pero antes, otro detalle. A veces decían que parecía Panky Brewster con tantos colorines… Y es que mis cartas no estaban escritas en un boli bic azul (siempre he preferido escribir en azul… Azul para responder y escribir, negro para copiar las preguntas).
Y cuando digo que no estaban escritas así… quiero decir que había colorines. Muchos colorines. Muchos muchos muchos. Escribía siempre (nunca he podido hacerlo de otra manera) por gama cromática, una o dos líneas con cada color: rosa pastel, rosa, rojo, naranja pastel, naranja, dorado, amarillo pastel, amarillo ( a veces ésos eran de los que olían), verde pastel, verde, azul pastel, azul clarito pilot, azul bic, azul oscuro pilot, morado pastel, morado, marrón, negro y plata. Creo que alguna vez he tenido algún color raro más…

Pero… la “gracia” de mis cartas es que no solo eran como leer un arco iris. Eran pasatiempos. No solo por el tiempo que pasas leyéndolas. Algo más literal. Cada carta que escribía era diferente… O escribía en espiral, o como escrito en un espejo, en vertical, con una raya al derecho otra al revés… a veces los combinaba… Pero lo que más molaba era cuando encima me daba por hacerlas un rompecabezas. Cortando la hoja en trocitos… Y a veces metía trozos que sobraban… Y una carta de colores, en espiral escrita al espejo, hecha un rompecabezas… llevaba tiempo leerla.
Otras veces hacía un código para cada letra… Otras escribía y cuando quería contar algo pues lo ponía en una sopa de letras… o en un crucigrama… Imaginación al poder.

Se nota que me tiraba mi tiempo para escribir las cartas… Jajajaja.
Por supuesto que estoy convencida que alguno pasaría de leerlas, pero siempre me decían que mis cartas eran muy entretenidas… que no eran convencionales, y a la mayoría les encantaba.

Después, cuando las escribía en clase, con mi hermano, ya eran más normales… en boli bic azul y con la escritura normal.

Pero vamos, no voy a decir que todas fueran normales… aún siendo ya mayorcita… Jajaja.

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