Alucina Vecina

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Recados vacacionales


Y aprovechando el cabreo que llevo encima, voy a seguir con esa técnica de contar la parte de mis vacaciones que me cabreó cuando ya estoy cabreada, para no cabrearme mientras lo escribo.

Y lo que voy a contar ahora son los “recados vacacionales”. Aunque lo puedo mezclar con cosas de aquí, porque sí, cuando voy allí de vacaciones la mitad del tiempo que pase allí tengo que gastarlo haciendo recados o buscando para poder hacer el recado.
Pero aquí los recaditos son casi más cabreantes, porque al fin y al cabo, allí vas sin hora.

Mi señora madre tiene una costumbre: cuando estoy saliendo por la puerta, corriendo, me pide que vaya a por el pan. Y si la digo que no me da tiempo, me dice “Pero si son 5 minutos!” 5 minutos que no tengo. Hace una hora, tenía una hora, pero si estoy saliendo ahora, es porque es hora de irme, no 5 minutos antes de la hora de irme. No lo comprende. No comprende que estoy una hora trasteando por casa en el ordenador, esperando que cueza la pasta, o jugando con el perro, tiempo que puedo gastar perfectamente bajando a por el pan, tranquilamente. No tiene que esperar a que ya no tenga ese tiempo. Y encima se enfada, y se lia si le digo que no puedo. Por lo cual, todos los días tarde porque me la lía al salir.

Pero bueno, yo iba a escribir sobre los recaditos en las vacaciones.
Ir de vacaciones a Lepe y que no vayan mis padres tiene un montón de recados por defecto, a los que se le suman los propios de la temporada o lo que se les ocurra.

Como recados por defecto:
- Ir a Portugal a comprar paños de cocina, toallas o lo que toque. Pero siempre tienes que perder una tarde en ir a Portugal.
- Ir a buscar alguien que tenga (naranjas, fresas, chicharos, habas, membrillos… o lo que toque) y después comprarlo y traerlo. Este recado además del tiempo que tardas dando vueltas por todas las tiendecillas del pueblo (porque allí aún se lleva eso de ponerse a vender la fruta en el descansillo de casa, abres la puerta y ya tienes la tienda), lo cual es por lo menos una mañana, y luego el recogerlo… Cargarlo… También tiene coste económico, porque por una cosa o por otra, siempre acabas pagando tú y no te lo devuelven.
- Ir a ver a Menganito a preguntarle algo (igual esto debería ser uno de “temporada” pero como siempre hay un “Menganito” y un “algo”… Otra tarde, porque no suele ser el vecino.
- Ir a ver cómo va la obra, o recoger papeles, o ver si han arreglado, o ver si han empezado, o ver… Depende del estado de la obra varia desde una hora hasta tres.

Y como recados de temporada son comunes el “Lleva esto a Fulanito” o “Compra esto en el Jamón” “Llama al fontanero” “Pide a la presidenta de la comunidad” “Compra una lavadora y espera a que te la lleven”… Hay mil opciones diferentes.

Vamos, que al final por lo menos dos días tienes que gastar en los recados, porque algunos son extensibles en el tiempo, y no solo extensibles, que crean otros recados… O mientras estas allí se les ocurren más recados. Por eso lo mejor es dejarlo para el último día (aunque cada vez te estén preguntando por ello), porque si hay algo que tengas que volver otro dia “Andaaaa, ya no tengo otro día que volver”.

Suena un poco exagerado, en parte lo es, pero en otra no tanto. Porque se supone que vas de vacaciones, no de recadero. Y no exagero si digo que un día entero lo tienes que dedicar a recados (no cuento como recado ir a hacer la compra) y si vas con la idea de desconectar y descansar… No puedes hacerlo tanto como querrias. O si prefieres repartirlos, tienes por lo menos un recado por día. Lo que te hace pensar… ¿¿¿Cómo sobrevivimos allí sin nadie que haga los recados??? Y si no hubiera venido aquí, ¿¿qué hubiera pasado con todo esto??

  1. madrinita Dice,

    JA,JA,JA,…..¿y tú te quejas?menudas las que me he comido yo…Paciencia,se ve que no se acostumbran.

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