Alucina Vecina

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Pesca


Hoy no tengo demasiadas ganas de escribir, pero iba a contar en cosas que no tuvieran que ver con vacaciones una que me acordé hace bien poco, y como la hice de pequeña… Voy a seguir con eso de día cabreado para ambos, día filosófico para ambos, día morriña para ambos, día happy para ambos… (Ambos = contar vacaciones y otras cosas)

Hoy voy a contar otra cosa que iba a hacer de pequeña con mi padre Ir a pescar. La verdad es que suena a cosa típica de pueblo, y típica que se hace con los padres.

Mi padre tenía una barca, bueno, creo que dos, pero no lo recuerdo demasiado bien. Recuerdo que una de ellas la probamos en la piscina de casa… XDXD Hay fotos de cuadno era canija y mis hermanas y amigos en una barca en la piscina… era media piscina la barca XDXD, pero esas fotos están en papel y no tengo scanner, así que… ahí se quedarán.
El motor y las cosas de pesca las guardaba en el armario de la habitación del fondo de Lepe, y ahí siguen las cañas, las cajas, los salvavidas, las anclas, los pesos, la sacadera, los carretes, los cubos… Menos el motor y el depósito de gasolina sigue todo allí.

Uno de los primeros días que estábamos allí cuando íbamos en verano, íbamos al campo de mi primo, porque tenía la barca colgada del techo del almacén. Y allí pasábamos la tarde descolgando la barca. Ahí aprendí la magia de las poleas y las cuerdas. Y después llevábamos la barca en el remolque hasta la playa.

Ir de pesca era toda una aventura. La noche antes había que pasarse media tarde preparando las cosas, poniéndolas cerca de la puerta para que no se olvidara nada, mirando que las cañas estuvieran bien, los carretes no estuvieran liados, preparar las cajas con los anzuelos… Pensar de qué iba a ser el bocadillo…
De hecho, siempre hacíamos una lista de cosas que había que llevar… Hasta que me harté, y un año hice una “Superlista” con dibujos y chulísima… Para que fuera definitiva y no los trozos de papel que siempre se perdían. Mi padre la plastificó y aún sigue por la casa de Lepe (de esto tengo foto… y hablando de cosas que hice… ya contaré la que hice para el turno del baño un año…)
listadepesca.

Había también que acostarse bastante pronto, porque había que darse un pedazo de madrugón (y no era la “sensación” de que por estar de vacaciones levantarse antes de las 10… nos levantábamos sobre las 6 de la mañana (nunca entendí por qué tan pronto).

Nos levantábamos, bajábamos todo al coche, y después nos íbamos al “Lolo” (que en realidad era el bar del casino de Lepe, que se llamaba “bar Ramón”) a tomarnos un súperzumo de naranja natural, y una tostada, pero de las que hacen allí, con el bollete. ¡¡¡Qué rico!!! Sólo por eso merecía la pena madrugar.

Después, ya servidos, nos íbamos a la plaza de abastos a comprar el cebo, las cosas para el mejunje de las caballas, a comprar el melón, el pan para los bocadillos, los tomates…

Y nos íbamos a la playa cuando amanecía (la de amaneceres que habré visto en la playa… muy bonitos, pero muy a mi pesar por haber tenido que madrugar tantísimo) Es realmente chulo ir a la playa y ver amanecer, ver la arena completamente lisita… y la rasquita que hace a esas horas. A mí me encantaba pisotear la arena lisa.
Mientras estábamos allí dejábamos la barca en la arena de la playa. Y para bajarla al agua había dos opciones: si eran muchos bajarla a pulso, o sino… con los rulos. Dos rulos rellenos de aire, los típicos que llevan los barcos al aldo para no chocar con otros, pero más grandes. Que los poníamos debajo, y empujábamos con los rulos de ruedas, que cuando se salían había que cogerlo corriendo y ponerlo otra vez en la proa para poder seguir empujando. Yo era la encargada de colocar los rulos. Al principio era divertido, pero después ¬¬

una vez bajada la barca hasta la orilla, la dejábamos un poco más arriba, y era cuando empezábamos a colocar el motor, a meter todas las cosas, a subir los rulos… Y a prepararnos para la aventura de meterla al agua. Empujábamos un poco más hasta que tocara agua (ayudándonos de las olas… empujábamos un poco mientras cubría poco y nos íbamos subiendo hasta que sólo quedaba mi padre en tierra, para dar el último empujón y subirse rápido para arrancar el motor antes que viniera “la ola” y nos volviera a sacar.
Ahí muchas veces acabábamos empapados, pero era toda una aventura y una satisfacción botar la barca.

Una vez el motor encendido, íbamos tomando posiciones. Mi padre con el motor, mis hermanas o quien viniera al lado. Y yo SIEMPRE en la proa, además, no me sentaba dentro, sino en el borde, y sacaba las piernas para mojarme los pies. Como llevábamos ahí el enganche para atar el ancla o el peso, tenía un asa para agarrarme… Aunque me he hecho moratones y heridas con eso de una ola mal pillada…
No fue en la barca de mi padre, pero hace 5 años me hice un moratón que parecía el ojo de Sauron, era medio muslo…
(Recuerdo una vez en el Kursaal que pedí Trombocid, y me preguntaron que pa qué, y yo estaba tan orgullosa de mi moratón que en medio del bar me subí la falda y lo enseñé (llegaba casi hasta el cachete)… Me preguntaron si no tenía otro en la otra pierna. Esa noche era la fiesta de “Toro” y aún bebiendo agua, Nestea, un vaso de leche [estaba malo el novio de mi hermana] y una coca cola, nos dieron como quince papeletas de premios XDXD [también que el bar era de mi amigo])

Sólo salía de la proa si mi padre me dejaba conducir un rato. Que molaba un montón. Recuerdo lo de girar para acelerar o frenar, mover el brazo, pero iba al revés XDXD. Molaba. Me encantaba, y siempre nos peleábamos por conducir la barca, y si venía alguien nuevo, era como un “bautismo”.

Después de un rato navegando, probábamos un poco de suerte con el currican, sacábamos las cañas grandes, con las sardinetas y mientras navegábamos si caía alguna chova… Pues bienvenida era, y bien buenas que eran. A veces eran enormes. llegamos a pescar 6 o 7, que guardábamos en una bolsa que enganchábamos en un palo, pa que siguieran fresquitas en el agua. Y más de una vez y más de dos, se perdieron.

Luego íbamos probando sitios, generalmente pescábamos caballas y mojarras, aunque también había cochinos, de vez en cuando alguna anguila…
Para las mojarras, tenía que haber piedras, y había un buen sitio enfrente de la torre del catalán, pero había que ir probando sitios, y preguntándo a los de otras barcas… Apagando el motor y yendo con remos o muy despacito para no asustarlas.

Una vez cogíamos el sitio, echábamos el peso (creo que nunca usamos ancla). Y nos preparábamos las cañas, cortábamos el cebo (o echábamos el mejunje si había caballas).

Cada uno tenía su caña, y la mía era una caña pequeñaja y finita amarilla. Era “la caña amarilla” la mejojr, era la que siempre ganaba.
Generalmente con dos anzuelos. Solíamos poner navajas.

Si había caballas, subía un banco de peces a por el mejunje, y había que poner la caña cerquita, no hundir mucho. A mi lo que más me gustaba de todo era tirar la caña.
Cuando picaban había que recoger el carrete, y preparar la sacadera. Después mi padre se encargaba de quitarlas el anzuelo, y echarlas al cubo con agua que teníamos dentro de la barca, o a la bolsa, caballas y mojarras generalmente en el cubo de dentro. Volvíamos a poner el cebo y otra vez. A veces picaban en los dos anzuelos… ¡¡Eso era el doble de puntos!!

Para las mojarras, había que dejarlo caer más, pero con cuidado de no enganchar en piedras.

Recuerdo una vez, que picó un cochino, que es más grande y más fuerte que una mojarra, y yo sujetaba la caña… y no la soltaba y él tiraba yo no soltaba… que si no me llega a coger mi padre me caigo al agua con la caña, y con lo cabezota que soy me hubiera ido abajo por no soltar la caña. Pero una vez hubo cogido mi padre la caña, y a mí… seguí tambaleandome un rato… Jajaja. Porque tuvo refleos, pero esa vez fue la que más cerca estuve de caerme. XDXD.

A media mañana, dejábamos las cañas recogidas y llegaba lo bueno de verdad: EL BOCADILLO. Es que, no puedo explicarlo, y no sé por qué, pero esos bocadillos, tomates partidos a la mitad con sal, y el melón sabían mejor ahí dentro. Por la tranquilidad, porque lo pedía, no lo sé. Pero eran la gloria. Lo mejor que he comido.

A todo esto no lo he dicho, pero éramos los mas chulos, porque mi padre llevaba una sobrilla y había adaptado los agujeros de colocar los palos para que entrara la sombrilla, por lo cual eramos la única barca con sombrilla (con el paso de los años, fueron copiando la idea)

Y después del bocadillo, el tomate y la melona o el melón… Venía la otra parte de GLORIA. El bañito. Porque esto tampoco es igual. Un baño “en lo hondo” sienta muchísimo mejor, es una pasada, el agua esta limpia, transparente, tranquila… Tirarte de la barca, y no hacer pie… Increíble.

A veces seguíamos otro rato más pescando, otras nos explayábamos en el baño, tomábamos el sol…

Y cuando se acercaba el medio día, levantábamos el peso y volvíamos. A veces con currican.
Cuando llegábamos a una distancia apropiada, a veces nos tirábamos al agua con la tabla, el flotador o sin na, agarrábamos la cuerda del peso (sin el peso) y nos remolcaba un rato. ¡¡¡¡Cómo molaba!!!!
Cuando era más pequeña iba con el flotador y el chaleco, luego solo el chaleco o con tabla. Y cuando era más mayor, no solo iba sin na o solo con la tabla de surf, sino que me “dejaba tirada” y tenía que volver nadando. No se alejaban demasiado de mí, claro, pero volvía nadando. Y yo siempre pedía volver nadando. Eso me vino de maravilla.

Cuando volvíamos a la playa eran unas llegadas triunfales. Primero íbamos más despacio para encontrar la sombrilla, y luego, claro, habia que buscar un sitio tranquilo para poder llegar a tierra sin atropellar a nadie. La gente que estaba en la playa cuando venía una barca, iba corriendo, para ver qué habían pescado. Mi madre ya ni se levantaba XDXD.

Llegábamos, presumíamos un rato y sacábamos la barca un poco, para descargarla… Y luego ir a por los rulos para subirla. Muchas veces, la gente que se acercaba a cotillear ayudaba a subirla. Estábamos un ratín en la playa y nos íbamos, Repartíamos el pescado (entre quienes íbamos, o la gente que había si era demasiado) y nos íbamos a casa a que lo limpiaran para comerlo o cenarlo.

Siempre, o casi siempre que íbamos a pescar íbamos con algún amigo, vecino, o alguien que viniera de Madrid de vacaciones. Algunos lo disfrutaban un montón, otros se mareaban y potaban hasta la primera papilla por la borda (por ejemplo una amiga de mi hermana Nieves… La pobre, vaya pechá a potar que se dió).

Durante unos años íbamos con la “Gochones family” con el hijo y el padre o solo con el padre. (Y no creo que sea necesario explicar por qué “Gochones” XDXD)

De un día de pesca fue como conocí al de Mérida , y ellos (su padre y él) fueron compañeros de pesca durante bastante tiempo.

Otra curiosa pescando, no fue en la playa con la barca, sino en Isla Canela, andando, con mi prima, creo quela única vez que he pescado desde arena una playa (he ido alguna que otra vez al puerto, pero pocas). Al volver había subido la marea, y parecíamos refugiados (estábamos como en una islita) y tuvimos que ir con los cubos en la cabeza, la ropa arremangá… XDXDXD. Además, mi prima se quedó con mi gorra favorita… aún me acuerdo.

Ahora que estoy escribiendo esto, lo hago con morriña, con cariño y tal. Pero… hace muchísimo que no voy a pescar, y los últimos años ya ni iba. Estoy en contra de matar animales por diversión. Y mira que he pescado de pequeña, porque como tuvieramos un buen día… Eso sí, no lo he dicho, pero siempre PEZQUEÑINES NO, GRACIAS, DEBES DEJARLOS CRECER. Si venía un pezqueñín… se volvía al agua… con un piercing, pero vivo.

Bueno, a lo que iba, los últimos años ni iba, y estoy en contra. Soy vegetariana, sería hipócrita no comer carne pero después irme a pescar o a cazar. ¬¬.
Pero los ratos que pasaba… Los baños, el bocadillo… Pasar tiempo con mi padre… Hablando con más gente “de playa” todo el mundo utiliza el ir a pescar para pasar tiempo con su padre. Es curioso, con padre o hermanos. Que sólo pasan el tiempo juntos, tranquilamente si van a pescar, porque sino se ponen a otra cosa, o con la tel, o cada uno por su lado, o lo que sea… Es curioso, la verdad.

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