Alucina Vecina

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Mi vida en gatos.


Lo mío con los gatos… Es una pasión. Desde pequeña era la tonta de los gatos. Y de mayor seré la vieja de los gatos: espero seguir con mi chico, pero de lo que si estoy segura es que tendré 3 gatos y un perro (por lo menos).

Voy a hacer un repaso de mi vida en gatos.

La primera fue Topace, una gata preciosa no, más. Es la gata más bonita que he visto en mi vida, y he visto muchos gatos. No he visto nunca un gato tan bonito como ella. Me encantaria poder poner alguna foto, pero las que tengo están impresas y no tengo scanner.
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(Foto de foto)
Era una angora, pero no de las feas, era… no se, preciosa sin más. Atigradilla naranjita de pelo largo, ojazos verdes, cara preciosa…

Amaba a esa gata con todas mis fuerzas. Además yo era una niña, por lo cual era amor de niño.
La verdad es que la pobre lo pasaba mal conmigo, porque yo la quería tanto que quería estar siempre achuchándola, siempre abrazada… Y ahora me arrepiento horrores, pero algún azote se llevó cuando no quería quedarse conmigo. Pobre. Lloro de recordar lo que la hacía, pero yo solo quería estar con ella. La amaba con todo mi corazón.

Ella dormía con mi hermana Nieves, y estudiaba con ella, siempre tumbada en los apuntes… Nieves era su dueña favorita (todos los animales tienen un favorito). Yo me moría de envidia. Jajaja.
Cuando Nieves se casó, la gata se quedó en casa y se quedó con depresión, empezó a cagarse en la alfombra y a hacer putadas… Así que Nieves se la tuvo que llevar a su casa con ellos.
Y un día desapareció. No sabemos qué pasó. O Nieves no me quiso decir qué pasó. Dice que desapareció, que se la debieron de llevar, de la ventana o algo así. Era muy mayor… Y yo había leído (de pequeña hice mil trabajos sobre gatos) que los gatos muchas veces se iban lejos a morirse. O quizá murió, y por suavizar la cosa Nieves dijo que se había perdido. No lo sé. Y no se si quiero saberlo. Han pasado un porrón de años y sigo llorando por esa gata. La adoraba. Esa gata ha marcado mi vida.

Después vino Leo. Lo trajo mi chico que se lo habían encontrado en un motor, era pequeñajo. Negro y blanco. Y era un demonio. Además de un mamón, porque seguía mamando, o intentándolo… Chupaba todo, tenía todas las camisetas…
Era un bichejo. Gato rabalero jajajaja.
Cuando le trajo pensabamos que era una hembra asi que la llamamos Fiona, de hecho recuerdo que cuando le bajé por primera vez al veterinario, pasé por la autoescuela… Pero resultó ser niño.

Y este me traumatizó. No él, pobrecito. Sino lo que pasó. No he superado lo de Topace y fue sin más, pero lo de este… No lo superaré tampoco nunca. Aún sigo llorando y “culpándome”.
Cogió leucemia felina. Su cáncer. No hay cura para ella.
Cuando volvimos de Andorra, después de terminar 2º de carrera, al poco empecé a notar que estaba mal. Muy mal. Tenía los ojos en sangre, no se podía mover… Tenía miedo de bajarle al veterinario, porque sabía que iba a bajar pero no a subir. No sabía qué tenía, no sabía si se había tragado un pájaro, o se habría caído y roto algo… Pero yo lo sentía, sentía que se moría… Y él también.

Su última noche no durmió conmigo. Yo siempre le cogía y me le llevaba a la cama, pero esa noche no me atreví a molestarle… Estaba tan mal… (No os podeis imaginar lo mucho que estoy llorando ahora. Las lágrimas me ahogan.)

Y cuando vino mi chico, lo bajamos al veternario, baje también a Bis, y yo no me atreví a pasar con Leo, hice que mi chico se quedara con él, y yo con Bis… Le abandoné en sus últimos momentos. Me dió pánico. No podía pasar con él, sabía lo que iba a pasar y no podía soportalo.
Cuando salió Javier llorando a moco tendido y me pidió que pasara… No podíamos parar de llorar, ninguno de los tres, ni Javier (veterinario), ni mi chico ni yo. Con lágrimas me contó lo que pasaba, y que estaba sufriendo muchísimo, que lo más le quedaría un día o dos de vida, pero sufriendo. Que podía pincharle y por lo menos acortaría. Y yo consentí. Yo le maté. Iba a hacerlo de todas formas, era lo mejor porque estaba fatal, pero yo fui quien dio la orden de asesinarle. Si, ahorrarle sufrimiento y leches… Pero me siento como una asesina.
Nos dejó despedirnos de él. Y su última mirada. Me miró con cara de “Me muero. Lo siento. Gracias por todo”. QUé horrible. Fue uno de mis peores momentos. Me quedaba sin aire. Yo iba a matarle. Y él lo sabía. Recordé de la forma más jodida por qué no estudié veterinaria. No podría hacerlo, no puedo ver sufrir un animal, y menos matarle, aunque fuera por acabar su sufrimiento. Yo no le pinché y aún no me perdono haberle matado.
Estuvo apenas dos años conmigo. El monólogo del examen oral de COE lo hice basándome en él. Yo era su dueña favorita, estaba siempre conmigo. Además, era el gato mío y de mi chico. Y le maté.
Subí que no podía vivir. Me pasé más de una semana llorando sin parar. Después lloraba a diario, pero había momentos en los que no lloraba. Pero lo pasé realmente mal.

Hasta que por mi cumpleaños mi hermana me regaló a Lestat. Necesitaba un gato. No hacía más que “pedirlo” pero los demás pensaban que era mejor que no tuviera otro… Hasta que por fin vino otro, y volví a sonreír. Suena tremendista o exagerado, pero los que lo han vivido lo saben. Es como perder un hijo. Y un clavo no saca otro clavo, pero… te da un pequeño respiro, si es un cachorro vuelves a sonreir y ayuda a superarlo.

Les vino en una caja envuelta con un papel de gatitos. Es, era… no lo se… Un gato precioso. Un gato negro, de pelo semilargo, ojazos y una carita preciosa. Cariñosísimo, y era su dueña favorita también. Creció conmigo.
Cuando era pequeño se perdió, se fue a casa de la vecina, que se lo quería quedar, pero como tenía collar, y era pequeño, dedujo que tendría dueño… y fue a preguntar a Lucia, que le dijo que le sonaba que tenía un gato nuevo. Asi que le trajeron. Volvió mi bebé.

Era un amor de gato, era el gato perfecto. También me adoraba, tanto como yo a él. Después de lo de Leo no me podía permitir ocmeter ningún error con él, de no mimarle aunque fuera un segundo. Estaba fuertecito, era un gatopótamo.

Un día, por Navidad, vino con la pata casi colgando… Un cabrón le había puesto un cepo. Casi me muero. Ya pensaba que se me moría también, no tenía ni un añito… Otra vez me entró el pánico. No podía ser. No, no podía estar pasando. Otra vez no, mi gatito no. Pero se curó. No se había partido tendón ni nada, lo pasó mal, le pusieron una venda azul eléctrico a juego con el collar que llevaba Bis en ese momento… XDX, iban de hermanos total. Pero se recuperó completamente.
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Después de eso, adelanté el momento de castrarle, para que no se fuera de juergas y evitar el peligro.

Era un gato feliz, tenía comida, jugaba, cazaba.. Traía “regalos” pájaros muertos, en plan regalos y orgulloso, pero se dio cuenta que eso mi madre no lo consideraba un regalo, asi que yo le felicitaba, pero… que los dejara fuera.
Era agradecido, cariñosisimo. Adorable, un amor. Llegué a pensar que era la rencarnación de Topace o algo así, y por eso no la podía cagar más con el, o con ella. Tenía que compensar todo lo que había hecho pasar a Topace con los achuchones, lo que me había pasado con Leo. Le adoraba… Le adoro. Este era EL gato. Me quería como yo a él. Por fin mi amor incondicional por un gato era correspondido de esa manera tan perfecta.

Pero un día. Desapareció. Sin más. Se fue. Volví a casa y mi gato-perro no vino a saludarme. Ni al día siguiente. Ni al otro, ni al otro… Ni lo ha vuelto a hacer. Cuando llegaba siempre esperaba verle, “Hoy sí”, pero no volvió.
Me negaba a aceptarlo, no podía ser, tenía que volver, igual estaba por casa y no coincidia con él. Pero no. Mis padres tampoco le veían en mucho tiempo.
Pensé que era uno de sus enfados. CUando se enfadaba empezaba a entrar y salir por la ventana de mi habitación cada 20 minutos, aunque tuviera todas las de la casa abiertas. O me ignoraba. Hasta que le pedía perdón y me autohumillaba un poco ante él. No era listo el cabrón.
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Hasta que, una vez más, tuve que pedir a mi chico que hiciera frente a la situación por mí. Le pedí que hiciera carteles, y los pegara por el barrio. Yo no podía hacerlo. Recuerdo haber abierto el Word… y quedarme completamente bloqueada, un ataque de ansiedad y de pánico que me dio que tuve que dejarlo. No podía aceptarlo. Otra vez no. Si hacía los carteles era como hacer real que ya no estaba conmigo. Mientras tanto podía ser una excursión, si los hacia significaba que de verdad no estaba. Menos mal que mi chico los hizo. Aprovechó un sábado que yo trabajaba, o tenía curso, para recorrerse todo el barrio pegándolos. Sólo tuvo un error, poner uno en la farola de la puerta de mi casa… Yo lo vi, y me eche a llorar, y eso que no lo llegué a leer, solo sabía que estaba ahí. Se apresuró para quitarlo. Siempre se lo agradeceré.

Todos los días salía con Bis para que buscara a Lestat. Bis salía olisqueando y solía llevarme a una obra cercana, lo que no se es si es porque Les se había ido por ahí, o simplemente habría gatos y comida y Bis simplemente fuera alli.

He de agradecer a todos los que me llamaron. Llamaron vecinos que lo habían visto por donde los curas, pero nunca lo vi yo, y ahora se que un vecino tiene un gato negro con collar rojo.

La mayor ilusión me la dieron de Telefonica. Mi chico está seguro que era él. Y casi lo recupero. Pero al final… simplemente no pasó más. Llamaron de Telefónica que tenían una gata en celo con todos los gatos del barrio por allí, y les había llamado la atención un gato negro, collar rojo, guapísimo y muy bien cuidado, brillante… Y “fuertecito”. Llamó el de seguridad por la noche a mi chico, y mi chico me llamó, yo bajé a ver si lo veía, bajé con Bis para que lo oliera, y para llamarle…Dimos el rodeo entero, el guardia me contó dónde había estado, dónde le habían visto (en directo y por las cámaras), por dónde había entrado… Pero no le vimos. Me dijo que allí estaban bien cuidados, que les daban comida… Y que intentaría cogerlo y guardarlo para que bajara a recogerlo.
Pero nunca más supe de él. No consiguieron cogerle.

Y no he vuelto a saber más de mi Lestat. (Joder, este post es demasiado para mi. He llorado mucho con muchas entradas, pero como con esta… pocas o ninguna. Estoy abriendo mi alma. Es tonto, pero estos gatos son mi vida… Y a todos les he fallado. Ninguno sigue conmigo y quizá salvo Topace ninguno llegó a viejo Les daba todo pero algo falla. Debe ser que tengo algo que las cosas que quiero a las que me acerco acaban mal, salvo mi chico, que siempre está a mi lado arreglando, compensando o ayudándome con los desastres que provoco.)

Después de tres meses sin Lestat yo sentía que necesitaba un gato, aunque empezaba a pensar que era irresponsable por mi parte, dado mi historial gatuno. Pero amo los gatos. Necesito tener uno durmiendo a mis pies. Lo necesito, no puedo explicar por qué, pero el simple hecho de tener un gato conmigo me da fuerzas. El perro me anima, le adoro, pero va un poco a su bola, su dueño favorito es mi padre, además que no aguanta mimos y sólo duerme en mi cama cuando la cama es pequeña, no hay sitio o me duele mucho la espalda y se pone en todo el medio. Jajaja. Además, ya lo he dicho pero necesito la dosis de realismo que te da el gato. El perro te adora por ley, en cambio con el gato te tienes que currar mucho que te acepte. Y que te regale con su compañia ya es un privilegio mundial. Y por eso me hacen sentir tan bien. Porque se que un gato es muy exigente y para mi, que me acepte, es lo mejor que me pueden hacer, porque es el amigo más sincero que puedes tener. Nunca te va a adular. Te va a dar la dosis de realismo que necesitas.
<< El perro mira a su amo como un dios, el caballo como un igual, y el gato como un súbdito >>. Y me encanta que sea así.

Cuando ya lo daba todo por perdido y comentaba con mi chico que necesitaba un gato y estaba pensando cómo plantearlo… Mientras estaba de vacaciones llamaron a mi chico (menos mal que a él y no a mi) que habian visto a un gato como Les. Y él fue a buscarlo, antes de decirme nada. CUando llegó el primer flash fue que era Les. Pero no lo era. Era más pequeño… y hembra. Aunque mosqueantemente parecida. Como le iban a dejar en la calle y estaba perdida, mi chico se la trajo para llevar al veterinario para que viera el chip. Pero estaba cerrado, asi que la dejó en mi casa el fin de semana. La tía se adaptó como si llevara toda la vida en casa… Mis padres estaban contentos, mi padre sobre todo.
Pero la llevó al veterinario y no tenía chip. Así que hubo que hacer carteles y ponerlos por la zona donde la habían encontrado, en este caso, que habían encontrado gata… Pero no llamaron.

Cuando volví nadie sabía cómo iba a reaccionar, ni yo misma. No sabía si la iba a odiar por parecerse a Lestat y me iba a crear un trauma, o en cambio iba a tratarla como si fuera Les… o qué.
La primera vez que la vi me eche a temblar. Era Lestat… Pero la muy hija de puta no era Les, era una cacho de zorra usurpadora. Tan guapa. Tan cariñosa. Pobre, perdida, abandonada… Un gato. ¿Como voy a odiar aunque sea un poco a un gato?? Enseguida me aceptó como su dueña, favorita además. Dormía conmigo, y hacía eso que todos queremos que haga un gato y ninguno hace… dormir arriba, no en los pies, sino al lado del pecho, donde la puedes acariciar y dar besitos. Creo que la muy manipuladora buscaba que la quisiera.
Empezó a engordar. Cuando tenía que decidir si me la quedaba o no… Se reveló el huevo Kinder… Venía con sorpresa. Estaba embarazada. Gorda, muy muy muy muy gorda. ¿¿Y ahora qué hago?? Pensaba adoptarla, pero con bebés la cosa era muy diferente, mis padres me presionaron mucho para que la bajara al veterinario y se la dejara, que la repartiera, o la llevara a un albergue, que no nos la podíamos quedar. Que Lestat era diferente… Broncas y más broncas.
Al final decidimos seguir adelante con su embarazo (Si me traumatizó de tal manera matar a un gato que le quedaba uno o dos días de vida… Cuanto más a unos bebés… No me lo iba a perdonar nunca. Porque además en la gata cuando se le nota la barriga es que no la falta demasiado para soltarlos).

Habría que repartir los bebés. Y es más difícil de lo que puede parecer. Es jodido. Si me dieran un euro por cada vez que he oído “Soy alérgico” (o mi padre, o mi madre, mi hermano o mi novio); “Tengo perro” (¡¡¡Y yo!!!) o “Si fuera un perro… a lo mejor”. Es muy jodido, de hecho pensaba que iba a tener que ir a un albergue con un montón de ellos. Porque por mí me los quedaba todos, pero con quedarme la madre, y con un bebé (Porque mi sueño es tener un gato desde toda su vida… Y un cachorrito no se puede rechazar).

Después de más tiempo del esperado, buscando sitios, intentando meterse en todos los armarios, camas o sitios… Llegó el día que el veterinario me había advertido que iba a estar como nerviosa y quejándose. Se quedó corto. Fue horrible, y eso que estuve en el curso… Toda la noche maullando de un lado a otro, quejandose, muy plasta… Y todo el día. De hecho, nos íbamos a ir después del curso a dar una vuelta, y no nos dejaba irnos, nos seguía y se ponía a maullar, cuando nos parábamos, nos llevaba al cubo de aceitunas que había elegido de momento.

COmo empezó a diluviar, la metimos dentro, la encerramos en el baño con comida, agua, su caja y la cesta. Pero no parió.

El día siguiente, 31 de mayo, en la cama de mi padre… Soltó el primero. Creo que es el que me voy a quedar (o es el segundo, no se cuál fue). Cambié de sitio, la saque fuera, los metí en la caja, camiamos sábanas, fundas de colchón…
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Y empezó a soltar gatos. Era el primer alumbramiento al que asistía así. Los soltaba con un “boop”. Jajaja. Se contraia el vientre un montón, y salía el bebé. Después la placenta, que ella se comía y empezaba a lambiar al bebé. Así hasta el siguiente.
Soltó 4 más o menos seguidos. Cuando pensábamos que sólo eran 4, soltó un 5. Los dos negros con las patas blancas, fueron los primeros en salir, después salieron los tres atigrados, que al salir parecían negros también. Luego cuando ella los lambiaba, se veía más que eran atigrados.

Pero bastante rato después. Boop. Salió otro, uno blanco esta vez. Seis. ¡¡Madre mía!!
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Fue un momentazo genial verlos nacer, me quedaba embobada, cogí al primero con los guantes quirúrgicos para meterlo en la cesta. Era tan pequeño, tan bonito… Qué felicidad.
Pero una vez soltados los seis fue “?¿¿Y cómo voy a repartir seis???” Con cuatro era relativamente fácil, sólo tenía que buscar tres casas. Pero seis lo hacía más complicado. Pero eran tan bonitos.
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Empezaron a crecer, a mamar. Y se iban disputando ser el empanao o el espabilado. Empezamos a ver que el blanco tenía el rabito y las orejitas más oscuras… Que los negros tenían más blanco en el pecho o las patas…

La gata al principio los tenía en la cesta que la puse para parir, pero a los dos días, los metió en el cubo de aceitunas en el que se había metido el día antes de parir, que estaba al lado, los puso ahí para protegerlos.
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Después de dos o tres semanas, empezaron a cocerse y a crecer, y se los llevó al hueco de la escalera, entre las macetas, con más mierda imposible. Innacesible, hasta a ella le costaba. Así que me tocó sacar macetas para hacerles un hueco, llevarles la cesta, y tal para que no se convirtieran en huraños. Ahi empezaban ya a salir de la cesta, y a dar miniexcursiones de reconocimiento.
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Después de una semana, volvió a moverlos, esta vez al lavadero, Son más grandecitos, y ahora salen, juegan, y se esconden. Se meten entre los hilos, entre los juguetes (les gusta tumbarse dentro de un tambor roto, o dentro de un carrito de muñecas pequeñas). Y ahí me puse una de las sillas que me compré pa la playa, y me siento a verlos todas las noches cuando vuelvo.
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Los gatos muy muy muy muy muy muy muy despacio se iban repartiendo.
El blanco se lo iba a llevar el jardinero. ¡Qué alegría repartirlo tan cerca!
Mandé un correo a todos mis contactos (por tuenti y blog puse anuncio…) y me contestó un profe de Cronos (digo profe y no compañero, porque este me daba clases cuando era socia, y desde que curro si he dado dos clases con él… ha sido cuando ha cerrado la piscina o he estado de día libre y he coincidido). Que quería uno de los atigrados. ¡¡¡En un día llevaba dos!!! Bueno, con el mío tres, igual no era tan difícil.
Pero la cosa se estancó. Una compañera del gimnasio lo estuvo pensando, pero al final no. Puse un par de carteles, en el gimnasio y en el veterinario.
Me llamó otra “compi” del gimnasio, profe de ciclo también, que había visto el cartel, y queria uno, atigrado.
Después la madre de mi chico, hablando con una vecina a la que se la habia muerto el gato, la dijo que yo tenía y la vecina se la ilumino la cara. Vive sola, y necesitaba esa compañia, que claro que queria uno pero “negro no por favor” que la dan yuyu.
El último fue más dificil, pero cuando ya pensaba que no iba a repartirlo, me llamaron, y fueron a verlos a casa. Yo llamé a mi madre para que si se lo llevaban, fuera el que quedaba, el negro de patas blancas que era hembra. Lo dije quince veces… Y.. ¡¡¡TODOS TENÍAN CASA!!!! ¡¡¡Lo habia conseguido!!! Había costado más de lo esperado, pero los seis tenían casa. Y cercanos.
Dos del gimnasio, que “veo” a los dueños, no coincido demasiado, pero están ahí. Uno del jardinero que viene casi todos los días. Uno de la vecina de abajo de mi chico. Y el otro… ese más alejado, pero coincidimos veterinario. Sirvió poner los carteles.

Pero cuando llegué a casa a preguntar si los habían visto… ¡¡¡Se habian llevado un atigrado!!!! Casi me da algo. Porque eso me complicaba mucho las cosas. Me pillé un rebote. Le lie una a mi madre… La pobre, me pasé quince pueblos. ¡¡Y eso que había llamado para decirlo!! Y si el que se habian llevado era el macho me la liaban doblemente, en vez de tenerlos repartidos me sobraban dos. Por lo menos era hembra.

La pobre llamó al veterinario por la tarde a ver si podía darnos el telefono para decirselo y que lo cambiaran, pero no lo tenia… Y ya lo habían llevado esa mañana… que si volvian se lo diria.
Yo empece a moverme a ver a quién le cambiaba el gato.
Empece por la vecina del yuyu, no por cambiarlo, sino por “No me quedan” pero cuando llamamos a su puerta nos pregunto por el gato, nos enseñó el plato con la comida, con el agua, y la cajita de la arena, que en cuanto se lo habia dicho mi suegra lo habia puesto ahi y estaba emocionadisima. ¿Cómo la vas a decir que no, que no hay gato????
Después probé con la siguiente. Quería un macho atigrado, y la gata sólo había soltado dos machos… Uno negro que me iba a quedar y un tigre. No me quedaba otra.
Y por último con el que me había contestado al día siguiente de nacer y se lo había apalabrado con un día. No se negó, pero… QUe a las malas se lo quedaba, que son todos preciosos… pero…

Pero los que se lo llevaron, volvieron a enseñarnos que estaba bien cuidada… Y mi madre me llamó para que yo les dijera que la cambiaran. Los pobres, muy resignados, dijeron qeu “bueno”. Si, la habian cagado ellos, pero despues de una semana con el gato… pues… El hecho de cambiarlo…
Pero después mi madre me contó… Que la había dado mucha pena… Porque venian que vieramos que estaba perfectamente. Que se la habian llevado de paseo en autobus, a hacer deporte al polideportivo (uno es minusvalido y juega al basket con silla de ruedas, y jugó con la gata en las piernas), al cine de verano, al campo… Y ahora cambiala.
Joder.
Joder.
Joder.
¿Por qué es tan difícil? Ahi dije “¿Por qué la han cambiado?” Eso me lo cuenta mi madre antes y que se la queden por Dios. ¡¡Qué pena me dio!! Y eso que no los vi, sino.. Joder. Mil gracias por cambiarla, a mi me arreglaban la papeleta, pero… ¡¡¡Vaya putada!!! Me sentí como una puta mierda otra vez… Una desgraciada por hacer eso, por pedirles que la cambiaran. Pero la cambiaron.

Es más a los dos días, me llamaron para ofrecerme un cachorro de perrito, que como Bis está mayor y tal… Yo dije que en principio no, pero que lo diria en casa. Mi madre cuando se lo dije se lo pensó. Pero después pensamos en Bis. Es un amor de perro, si esta mayorcete, pero aún le quedan unos años (espero que muchos) pero 4 por lo menos. (Dios mio, el dia que le pase algo a mi Bis si que me muero. No puedo soportar ni pensarlo. No puedo. Por dios. Otro ataque de ansiedad no. Coyo, no pasa nada. Bis esta bien, no le pasa nada, ni le va a pasar. Respira. Tiene las orejotas con otitis, pero como toda su vida. Respira, olvida eso, por favor).

Bueno, nos dimos cuenta que si, que seria genial. Dos perros, dos gatos, dos cachorros. Además para adaptarse los unos a los otros es ideal. Pero que el pobre Bis… se podría sentir un poco como “¿¿Me estais echando o sustituyendo ya??? QUe aún sigo aquí!” Porque meterle de golpe una gata, un gatito, y un perrito… De estar solo a repartirse entre cuatro… No creo que le sentara bien, y no se lo merece. Porque es el mejor del mundo. Amo a los gatos, los adoro, pero lo que siento por mi Bis… Él si que me cuida de verdad, cuando lo merezco, y cuando no, y a veces es cuando más lo necesito. No le habré llorado al pobre. No le habré achuchado y él resignado. Taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaantas cosas. Tantas veces le he abrazado. Gracias a él también he ido superando la ausencia de los gatos, siempre quedaba él, por lo menos no me quedaba completamente vacía. No puedo hacerle eso. No puedo hacerle sentir remplazado. Porque cada día le quiero más. Mi niño.
Él es el único perro que he tenido en mi vida. Y es EL perro. No puedo imaginarme mi vida sin él. Ha estado siempre ahi. Me pilló ya con uso de razón para adorarle y cuidarle sin hacerle sufrir.

Pero bueno, esto es de gatos. Ésos han sido mis gatos. Los gatos de mi vida.
Antes mis hermanas de pequeñas habían tenido su Topace, otro gato mítico que estuvo años y años. Panter. Un gato negro. Yo no llegué a conocerlo, le he visto en fotos, pero he oido muchas veces hablar de Panter. Murio muchos años antes de que naciera… Y le conozco. Tuvo que marcar mucho para que yo le conociera.

Mi hermana Susana también tuvo una vez dos gatos negros, Pepe y Carlos, que también hubo que sacrificar, porque tuvieron primero uno y al poco tiempo el otro, problemas de higado pancreas o no recuerdo qué, que tampoco tenían cura.

Pero bueno, también hay historias felices. Están Valt y Spika, los gatos de Nieves. Valt se lo dieron, y Spika se la encontró Nieves… y se la acabaron quedando. Llevan ya unos cuantos años con ellos. Valt fue el Leo de Nieves, pero con más suerte. Él sigue con ella.

Mi hermana Cuki también lo ha intentado con los gatos. Con Lucía, que se arriesgó bajándose en una autopista para cogerla, que después murió muy jovencita. Y después Félix que les llegó, y tal como llegó al año más o menos, se fue. Desapareció. Creen que la vecina de atrás los envenena, porque desaparecieron varios gatos. Y no han querido llevars eun hijo de Pandora (contaba uno pa Susana y otro pa Cuki…) porque lo pasan fatal los niños, y mientras siga la asesina… No pueden tenerlo.

Así que de mis hermanas, la única que tiene “suerte” con los gatos, es Nieves. A ver si va a ser verdad lo de los gatos negros… Porque tanto Leo, Lestat, Carlos, Pepe, Luci y Felix eran negros o medio negros. Valt y Spika son atigrados.
Pero a mi me encantan los gatos negros. Y me alegro que por lo menos una de nosotras si que tenga suerte con los gatos. Porque todos los adoramos.

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