Alucina Vecina

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¡Qué diferente se ve todo cuando tienes los pies en la playa!


Esa es mi reflexión de ayer.
Al final conseguí salir antes del trabajo, porque no había niños. Había incluso menos que el lunes, así que a primera hora y a segunda he podido adelantar trabajo con las listas, y en la tercera… como no había y la cuarta la tenía cubierta… me fui.

Cargué el coche, eché gasoil… compré unos sanwich para cenar por el camino… Y rumbo al sur. Bueno, técnicamente rumbo al oeste, después al sur.

No había ni cogido la M40 cuando ya me estaban llamando del gimnasio. ¡Qué miedo! Estaba todo resuelto, había salido por la puerta 20 minutos antes… Nada, era una chorrada, pero me sonó a “que sepas que no te puedes ir tranquila, siempre te podemos llamar.”

Esperaba pillar un gran atasco, es más me decían que no saliera por eso, a lo que yo respondía “Peor que el viaje de enero (con nieve todo el camino) no va a ser”. Pero no pillé atasco, solo un poco poquísimo de “me paro, arranco y se olvida que me había parado, de 0 a 100km/h en lo que tarde el coche en cogerlo”. Dos veces y ya, desaparecido del todo.

Como iba cara al sol, hubo un momento que se me puso algo de dolor de cabeza mientras pensaba que es muy peligroso conducir así, porque no se ve nada. Que igual las curvas y los puentes tienen algo que ver para aliviar la vista y la cabeza de los conductores en ese aspecto…

Eso me hizo cansarme más rápido de lo que esperaba, había dormido y estaba descansadita para evitar que me entrara el cansancio del día al conducir, pero el efecto del sol lo provocó. Pero con bajar la ventanilla y tomarme uno de los sanwiches se me pasó.

Hasta Mérida no podía quitarme de la cabeza el trabajo, el gimnasio y las mil movidas. De Mérida a Sevilla creo que hubo un ratitín en el que no lo pensé, pero muy poco. Suena tonto, pero al pasar a Andalucía… la cosa cambia. Siento que me acerco a mi sitio. Todo el viaje dando vueltas a la cabeza.

Al pasar Huelva. Ese olor. Ese olor tan familiar. Ese olor tan rico. El olor a azahar. ¿Cómo se me había podido olvidar? ¿Cómo podía haber olvidado hablar sobre el olor a azahar cuando te acercas, ese “huele a Lepe”? Son tantas cosas, hasta el más pequeño detalle. Me dio mucha pena ver que algo que me gustaba tantísimo se me había olvidado. Cuando hablo de Lepe digo muchas cosas, pero no digo lo bien que huele. Quizá Madrid borre mi olfato. Y mi memoria.

Al sentir ese olor conseguí pensar, por fin, en otra cosa. Tanto que me “pasé” la salida de Lepe mientras pensaba si no sería demasiado tarde para ir a ver la luna casi llena reflejada en la playa… Y el descuido me contestó. Tuve que salir por la salida de la playa. Era una señal. No era demasiado tarde para ir a la playa. Así que fui a la playa.

Y al poner el pie en la playa… se pasó todo. ¿Problemas? ¿qué es eso? Aunque intentara pensar en un problema, era incapaz. No podía entender cómo las cosas me afectan, y aquí, nisiquiera intentando que me afecten lo hacen. Una paz. Una tranquilidad.
Una vez más la esencia de la playa me absorvió. Playa, es todo lo que necesito. Es la forma que tengo de ver la esencia de las cosas, incluída mi esencia. Cosa que a veces se me olvida.

Unas semanas jodidas, 6 horas de runrun constante, y se acaba con ir a la playa.

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