Alucina Vecina

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Tradición


La verdad es que ha pasado una semana y se me han olvidado casi todos los nombres, necesito asesoramiento… asi que lo que voy a hacer es escribirlo a mi manera y si consigo el asesoramiento, pues ya edito y corrijo.

Voy a escribir sobre una tradición que hace siempre mi chico y que este año, por primera vez, he compartido con él. Me hacía mucha ilusión compartirlo con él, porque es algo importante para él y ha llegado el momento de compartir las cosas importantes.

Para hacer las cosas bien desde el principio, me quedé a dormir con él esa noche, para poder despertarnos juntos y emprender el camino.
La verdad es que la idea era levantarnos antes de lo que lo hicimos, pero bueno… yo fui incapaz de dormir por la noche, y eran las 7 de la mañana cuando le estaba preguntando que a qué hora abrían, por si ibamos ya… antes de dormirme. Pero no. Así que esperamos a levantarnos a casi las 9 al final, creo.

Después de vestirnos, comenzamos la primera fase: “el camino de la reflexión“(¿o del arrepentimiento?). Según él, era el paseo hasta la ermita, en el que tenemos que ir pensando, reflexionando, sobre lo que hemos hecho mal, y de lo que nos arrepentimos.
Es el primer punto, en el que no se pueden tomar atajos porque “No hay atajos para la verdad” (o algo así… en el momento nos quedó precioso).

Una vez superada esa fase, tocaba la “espera del alumbramiento” (no me acuerdo qué nombre era, asi que me lo invento, aunque suena a preparto o a anochecimiento, eso o la feria antes de darle al interruptor). Era la fase de la cola para entrar. Cuanto antes vayas menos cola hay y menos se prolonga esta fase, porque “a quien madruga dios le ayuda” y porque “la pereza es un pecado que hay que purgar”. (Y otro refran que digimos, pero no me acuerdo ya).

Además este año en esta fase, estaban regalando botijos pequeñitos… y de verdad, cómo es la gente de avariciosa, más cola en los botijos que para el agua, y las viejas metiendo la mano y bronqueando…

Pero después se entra en la tercera fase, que es “el agua de la vida” (dios, no recuerdo ya ni uno solo de los nombres que pusimos), que consiste en entrar a que te llenen las botellas de agua, beber un traguito y pagar “la voluntad” ¬¬.
Es curioso, un jardincito con una fuentecita.
Pero no se, yo esperaba coger el agua yo misma, no que hubiera como una barra de bar, y rellenaran botellas de la pila como si fuera de sangria. Y todo el mundo bebiendo del mismo vaso.. ¬¬

Cuando bebes el agua, tienes que pedir un deseo.
Ojalá se cumpla lo que pedí. Nisiquiera era para mi. :D (bueno, los demás tragos, por si cuela ya por lo menos me incluian XDXD). Aunque de momento mi deseo va al revés jajaja, me parece que el año que viene no voy a ir con garbanzos en los pies. XDXD. Y eso que era fácil. Pero bueno, queda casi un año para tener que volver, malo seria que no se cumpliera.

Y una vez bebida el agua y las botellas llenas, es la “vuelta de la fijación”, lo que viene a ser ir por la feria a ver que hay, a tomarse la berengena de almagro con el chorrito de vino (a él que le gusta, porque a mi ni lo uno ni lo otro, además el pobre cuando iba a beber, la bota se atascó y no salia… jajaja) Después se tomó un bocadillo de gallinejas, el año que viene tocarán de entresijos (no tengo ni idea qué es ni lo uno ni lo otro, pero tenían ambas cosas una pinta más… asquerosa, digo deliciosa ¬¬)

Y la fase final: “el camino de la penitencia“, estás más cansado, vas cargado con las botellas llenas, que pesan, y pega más el sol. Es la fase final, la vuelta a casa. Para reflexionar también y orientar tu deseo.

La verdad es que me encantó acompañarle en algo tan especial para él. Y que estuviera conmigo, haciéndomelo un juego, como en “la vida es bella”, que fuera más entretenido. Pero a mi lo que me gustó es compartirlo con él. Unirme un poco más a él, colaborando con sus tradiciones, como algo más serio que una simple novia. Y agradezco que él compartiera conmigo todo esto. Ya no es solo su tradición, es la mía también.
Te amo.

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