Alucina Vecina

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2016 ¡DESTROYED!


2016
Se acabó el primer año que empezó, y por supuesto, también acabó sin mi padre.
Un año que ha sido una montaña rusa. Aunque si bien es cierto que lo realmente terrible más que el año 2016 fue la “temporada 2015-2016″ de septiembre a junio, más que de enero a diciembre.

Pero en este horrible año, horrible como todos los bisiestos, empezó muy mal, pero acabó… estable. No voy a decir que haya sido un buen año, pero si tengo que decir algo positivo… creo que por primera vez en mi vida, estoy en una racha estable, de stand by, en la que no estoy mal, no estoy perfecta, siempre hay frentes abiertos y cosas mejorables, pero por primera vez puedo responder que estoy bien, sin preocupaciones enormes… ya no tengo el miedo con el que vivía de que en cualquier momento me sonara el teléfono para decirme que había sucedido una desgracia… ya he recibido esa llamada, y no espero que suceda nada más (toquemos madera). Han sido muchos años (casi toda mi vida) esperando a que en cualquier momento llegara, eso no es vida… es una preocupación constante, un miedo que no se quita… hasta que pasa. Y aunque tienes que aprender a vivir sin él, es cierto que todos dejan de sufrir.
Ya he tenido esa llamada, ya no tengo esa preocupación. Y el resto de enormes preocupaciones, que este año se han juntado, ya han pasado también. Por primera vez no tengo grandes problemas abiertos. ¿Estoy realmente bien? No, pero la verdad es que lo que no está bien.. ya no me preocupa demasiado fuera del momento en que tenga que hacerlo. MI chico siempre me ha dicho que yo no podía ser feliz, que siempre habría algo que me lo robaba… siempre que algo iba bien, pasaba algo que lo estropeaba… Y… después de tantos años así, por fin llega una etapa de más de 6 meses en los que aunque si me han dolido y molestado muchas cosas, y sí ha habido días. en general ha sido estable.

Una vez dicho lo positivo… no puedo olvidar que el año ha sido un asco.

Empezó sin mi padre, me costó mucho, mucho, mucho, mucho aprender a seguir sin él, lo he conseguido, ya lo llevo mucho mejor, he vuelto a la normalidad y lo he asimilado. Sigo echando mucho de menos, sigo llorando, pero… de otra forma. Dije que volvería a sonreír, y lo he vuelto a hacer. Me llevó mucho, pero lo conseguí, y tengo que dar GRACIAS a todas esas personas que estuvieron a mi lado, aguardando, sin presionarme, pendientes de mi, pero sin obligarme a salir, sin obligarme a reír… velando por mí pero dándome ese espacio y tiempo que necesitaba .Y que no me presionaran era lo que necesitaba. Es de HÉROES ver a tus amigos sufrir, y ser capaces de darles lo que necesitan, distancia, tiempo… el tener que esperar desde la barrera mientras ves sufrir a quien quieres, porque sabes que no quiere que te acerques… tiene que ser tan difícil que yo no se si sería capaz de hacerlo. Pero es que es lo que necesitaba. Hicieron lo más difícil, darme eso que necesitaba aunque me vieran mal. GRACIAS Juan, Marta Albero Rabago, Aurora Gonzalez Cury, Beatriz Rojas, Almu Dena… es por vosotros por lo que conseguí salir, a mi tiempo, pero se que velabais por mi, que queríais acercaros pero me quereis y me respetais tanto que me disteis lo que pedía. ¡¡OS SUPER QUIERO!!
Me aparté de todos, me metí en mi burbuja, me alejé de todos y no dejé que se acercaran. Pero los sentía dentro.

Ha sido un año de lucha, de retos… en el que he pasado también otras de las peores horas de mi vida… en la sala de espera de un quirófano… pasando terror, pero a la vez sabiendo que SÓLO podía salir bien. Era la única opción. Pero… las salas de espera son terribles, pero si son en un hospital infantil peores, y si es por algo en la cabeza… no existen palabras para describir el HORROR, que es. Ver a mi hermana, que no pudo llorar, temblar, angustiada, nerviosa… repito lo que dije en su momento… quién decidió que por una operación de un sobrino no se merecen días libres… es porque no tenía alma, ni corazón, ni sobrinos, porque se sufre doble: por tu sobrino (que es lo más parecido a un hijo) y por tu hermano)a.
Pero el quirófano no fue todo lo horrible de esa situación, fue cómo se llegó, lo que pasó hasta que se llegó, los nervios de después… es algo que no debería de vivirse nunca. Por los mayores es natural, pero por los pequeños no. Es una tortura.
Mi peque ha sido un campeón, mi peque y su familia.

Y en medio de todo eso… llegó un peso más: la situación del gimnasio. Meses sin cobrar, la administradora vs la dirección con nosotros en medio, nervios, mentiras, desmotivación, degradaciones… Mentiras y más mentiras. Tensión. Frío. Vuelvo a lo de antes, ves lo inevitable, sabes que va a llegar, pero… cuando quieres algo, te aferras, y se pasa MUY MAL. De la forma en la que fue… nos robaron el final, nos robaron la alegría, nos robaron la alegría. En ese gimnasio he pasado muchos de los mejores momentos de mi vida, he conocido a los que a día de hoy son mis mejores amigos, y a otros que son amigos, he conocido a gente que me ha aportado mucho, he aprendido mucho en todos los sentidos, tanto laboral, como personal, como jurídico. He compartido mucho allí. 9 años y medio de mi vida. Se dice pronto. Pero más de 9 años, todos los días… da para muy mucho. Eso era parte de mi vida, una parte muy importante. Y ver como se derrumbaba… dolió. Llegó en un momento en el que yo ya no podía más. Esos meses de decadencia fue la peor temporada que he tenido. Sí, este 2016 he tenido la temporada más calmada de mi vida, pero también la más horrible, aunque esa empezara en 2015. Durante meses mis pulsaciones no han bajado de 95, he cagado sangre (suena mal, pero así era) durante meses, no descansé, no era capaz de dormir más de 4 horas, y eso con unas pesadillas terribles, me pasé meses en los que no paré de temblar (literalmente, durante meses temblaba, temblaba y temblaba.., me era imposible parar), durante meses se me quitó el hambre y no era capaz de comer (sí, no podía comer, no podía dormir, no paraba de cagar [qué fina soy] , no podía reír, no podía parar de temblar, no paraba de tener pesadillas…) Tan pronto no paraba de llorar… como llegó un momento en el que nisiquiera podía llorar, se me habían acabado las lágrimas, me había secado por dentro. Era un espectro, un fantasma, una sombra de mí misma, una autómata. No era yo… estaba hueca. Vacía. Los que estaban a mi alrededor, sobre todo Juan, sufrieron conmigo lo indecible… yo era consciente que estaba así, pero a la vez no podía más, no podía hacer nada, sabía que sufrían por mí, pero me era imposible hacer nada, solo podía decir “volveré a ser yo algún día, y siento que me veas así” y se que si yo lo pasé mal… los míos lo pasaron peor. Vino todo junto.

Veía caer todo mi mundo, todo lo que tenía, mi padre, mi familia, mi carrera… todo se hundía sin que yo pudiera hacer nada más que mirar. como si estuviera atada dentro de mi cuerpo, asomándome por mis ojos, lo veía, pero no podía hacer nada, y realmente no dependía de mí. Luché como todos mis compañeros por el gimnasio aunque ya no tenía solución. Nos torearon, no fue solo el dejar de cobrar (que se hace muy duro pasar meses con 0 ingresos, cuando mi pareja también tiene 0 ingresos, y encima tienes que soltar montones y montones de pasta por impuestos y plusvalias). Hubo reuniones, fuego cruzado, problemas entre los mismos compañeros, nervios y tensiones juntas no se llevan bien y chocan unos con otros, cada día era una angustia, pendientes del correo, del whatsapp, meter abogados, reuniones… sufrimiento innecesario, ataques gratuitos… muy mal llevado.
He tenido “mamitis” a mis 31-32 años, he tenido “Nuskitis”… no solo “Juanitis”…

No me olvidaré del día en el que entré en la salita, con Aurora y Purificación Pérez López me dijo que había hablado con la administradora y había dicho que lo iba a cerrar. Que se acabó, que se cerraba. Me quedé… autómata. Todo junto. Seguir durante dos meses más dando clases, con la sonrisa, sin poder decir nada, después sin la sonrisa ni la fuerza, después un mes de tortura pura y dura, sin socios ni trabajo que hacer pero vigilados como si fueramos presidiarios. La angustia de ver que eso no se acababa.
Cada día que íbamos había algo nuevo, lo de no haber tenido calefacción acabó siendo un chiste, el que nos hicieran esforzarnos “porque aún se puede salvar” mientras calculaban nuestros finiquitos.. Siempre pensé que el día que diera mi última clase, que el día que saliera por esa puerta por última vez… iba a estar triste, iba a llorar como un bebé… Y hasta eso me robaron. Dí mis últimas clases sin ganas, me despedí un poco mejor con un combat con los compañeros… pero no fue una clase real, salí de ese sitio llorando, sí, pero de alivio. Llorando por mis compañeros, porque esa familia que veía todos los días… ya no iba a ser igual, por el recuerdo. Pero feliz de no tener que volver. De no haber hecho despedida con los compañeros, quizá ni hubiera llorado, me costó separarme de ellos, no de lo que había sido parte de mi vida.

A día de hoy, lo echo taaaaaaaaaaanto de menos, aún alguna lágrima cae pensando en lo que fue, y como acabó. ¿por qué tuvo que ser así?
Por otro lado, si no hubiera sido así, no habría salido de allí nunca, estaba tan a gusto… y… hoy digo que fue vital para mi que lo de mi padre me pillara trabajando allí. Con esos pedazo de compañeros, con algo que me llenaba tanto a pesar de no ser lo mío del todo, con esa gente que hacía que no fuera trabajar. Porque en otro sitio no habría tenido el apoyo y la ayuda que me dieron y el que ir a trabajar no fuera un trabajo si no una distracción. Pudo haber pasado más tiempo entre eso y la caída, pero bueno, por lo menos me pilló allí.

Pero otro de los puntos más grandes de este año también ha sido la segunda maratón. Algo que contribuyó a mi declive. Algo que me consumió un poco más, si cabe. Esa vocecita dentro de mí que dijo “él corrió dos maratones, deberíamos correr las cuatro en su honor”… que mi hermana también lo pensara… aunque fuera yo la única que acabara haciéndolo. No voy a decir que fuera un error haberla hecho, porque simplemente era algo que TENÍA que hacer sí o sí. De nuevo no tenía opción. Fue uno de los sacrificios más grandes que he hecho en mi vida, uno de los retos más grandes. No por los 42, que son duros, ya los había hecho antes y fueron maravillosos, estos quizá estuvieron más cerca de la tortura que de lo contrario. Pero fueron el comienzo de mi recuperación interna. Una vez cruzada esa meta… algo en mí cambió. El mes de mayo estuvo lleno de angustias por el gimnasio, pero por dentro ya me estaba curando. Fue necesario para mi terminar de romperme para poder hacerlo, poder llegar a lo más profundo del fondo para poder impulsarme desde abajo, sólo me quedaba una dirección: hacia arriba.
Los meses de entrenamiento fueron terribles, llegué al agotamiento más puro. No era mi mejor momento, y si no fuera por lo que era, no hubiera hecho eso ni loca. Fue una de las más grandes locuras de mi vida (este 2016 ha tenido muchas de “las más……. de mi vida”). No era para nada el momento físico (taquicardias, sin comer, sin descanso, pesadillas, nervios…), ni psicologico (ansiedad, tristeza…). Y hacerlo fue un RETO. En mayúsculas. Lo necesitaba, pero casi me mata. En esos momentos, con ese agotamiento, salir a correr dos horas después del trabajo. Fueron muchos los días en los que me bajaba del coche llorando, porque no podía correr, porque no podía más, no podía dar un paso, mucho menos correr dos horas. Pero siempre, aun así acabé los entrenamientos. Luché como una jabata. No me comí un metro o un minuto del entrenamiento que tenía planificado, ni por cansancio, ni por dolor, ni por pena, ni por falta de motivación. Me llevara lo que me llevara. No podía permitrme fallar lo más mínimo. Mi padre lo merecía. Él no se hubiera rendido. Mi sobrino había vencido a algo mucho más duro, ¿cómo iban a poder unos kilómetros conmigo? Era impensable.
Un maratón no es sólo un reto físico, que lo es, es sobre todo un reto mental y psicológico, El coco es muy importante.
En esos entrenamientos lloraba en cada kilómetro que conseguía .Me hinchaba a llorar al superarlos, me hacía sentir invencible, luchadora, fuerte, imbatible… PUEDO CON TODO. Eso es lo que me demostraba cada entrenamiento. Por mucho que me costara, siempre lo superaba, lo hacía con la intención de acabar, buscando el momento de decir “¡PUDE!”. Eso, fue lo que me ayudó a salir, a seguir. No solo los kilómetros, la pena, los nervios, mi padre, mi sobrino, el gimnasio… todo… todo podía superarse, sólo hay que enfrentarse, pasarlo, para superarlo, enfrentarlo Cada entrenamiento me robaba vida… pero me hacía más fuerte.
Tengo que decir que fue horrible. Hace 8 meses y aún mi cuerpo se tensa y me saltan las lágrimas de recordar lo que sentía al ir a correr, al ir a entrenar… y durante el día.
Ese día fue la prueba gráfica de que puedo seguir por los apoyos que tengo, por mis AMIGOS, que son ellos los que me llevaron. Empecé muy bien… pero llegó el cansancio, la jaqueca, todo lo que llevaba encima en el cuerpo (reconozco que cuando Juan me estaba llevando, estaba haciendole el testamento… de verdad que pensé que me podía pasar algo gordo. No me veía capaz de acabarlo. Por cómo estaba mi cuerpo en ese momento, veía muy probable que me pasara algo). Iba más entrenada que la otra vez, pero mucho peor en general. Si no fuera por las circunstancias externas, habría hecho muy buen tiempo. Pero con todo lo que llevaba el haberlo acabado fue un mérito. Y como digo. Fueron mis amigos los que me llevaron. Yo no acabé el maratón. Lo acabaron por mí. Y estoy realmente agradecida. Porque que me demostraran de una forma tan literal que cuando yo ya no puedo más… están ahí para ayudarme, para llevarme, para sujetarme, para no dejarme caer. No hubiera cruzado esa meta si mi hermana Aurora D. Luffy no hubiera aparecido con su camiseta de LEPE, sus coletas, su pañuelo y su bandera. Yo ya me iba a parar. Cuando la vi… me eché a llorar. Iba a parar… y ahora no podía “solo unos metros más”, pero después aparecen Aurora Gonzalez Cury, Schumi Roberto, Purificación Pérez López y Pedro… que se unene… no podía dar un paso más cuando me cogieron casi en el 28… no podía. Simplemente no podía. Pero vinieron a mi lado, por la casa campo, Auro, corrió!! Me llevaron, me empujaron, Pedro sin conocerme se adelantó a por un avituallamiento para que llegara antes el agua, me pusieron ese “dedo psicológico” en la cuesta del demonio, Me dejaron a 8km, ya estaba hecho… pero aún así estuve a punto de abandonar. Realmente no podía más. Ya veía doble. Quedaba muy poco. Pero no podía. Simplemente eso era todo Entonces veo a Nieves… con un globo que ponía “Siempre papá”. Esa mujer ha superado la enfermedad de su hijo, ese niño ha pasado algo en su cabeza y estaba estupendo ¿iban a poder 8km conmigo? No podía ser… no hay nada que pueda conmigo. 8k no iban a ser lo que me venciera… pero aún así.. a falta de 2 hubo otro “hasta aquí” Entonces si paré a caminar… si parecía que no llegaba ni caminando… pero entonces… ví un brazo arriba… Juan, llamándome… ya estaba el Retiro… y ahí Nieves otra vez. Si la primera vez que vi la esquina del Retiro lloré… aquí me derrumbé… o todo lo contrario. Las lágrimas me cegaban todo el recorrido del retiro. No podía respirar. No paraba de mirar al cielo, al corazón… TODO. Mi peque, mi padre, el gym, yo misma… todo lo que tenía encima… y yo podía con todo, y aun con todo eso… había sido capaz de acabar. Había sido capaz de superarlo. Cruzar esa meta, sin importar los números de arriba… solo cruzarla. Fue el principio del cambio. Fue la prueba de que nada iba a poder conmigo. Que era más fuerte que todo lo demás, a pesar de tenerlo todo en contra.
Que tenía a gente a mi alrededor que me adoraba, y que si me caía, ellos me llevarían, es lo que habían estado haciendo todo ese tiempo. Me dieron ese toque final de confianza, de que no pasa nada por caer, tengo gente maravillosa velando por mi, que me va a sacar. No pasa nada si me hundo, fue al cruzar esa meta cuando perdí el miedo. Se que si me caigo, si me hundo… da igual. Me van a rescatar. No tengo que hacerlo todo sola. No tengo que cargar con todo yo sola.
Soy fuerte. Y tengo apoyos. Lo tengo todo para seguir. Lleva tiempo, pero eso terminó de cuajar en mi mente. Fue ahí cuando terminé de superar la ausencia de mi padre. Tenía ese hueco, pero otros me sujetaban.

Cuando estuve en Lepe conseguí sentir más cerca a mi padre, conseguí conectar con él, conmigo, le sentí en todos los sitios que eran “nuestros sitios”, sentí la magia, volví a sentir una magia que había dejado de sentir… y que después he vuelto a perder durante esos meses tan horribles. Los días de Lepe en enero fueron como un oasis más que necesario, fueron una recarga de pilas totalmente necesaria. Si no. no hubiera podido seguir adelante.
Volví a hacer cosas que hacía mucho que no hacía, que no sentía, sitios a los que ya no iba…
Además, por primera vez conseguí que mi madre saliera de casa y viniera conmigo a Lepe de vacaciones…
Por primera vez en mi vida, pasé la Semana Santa en Madrid, justo antes de la operación de mi peque. Pero pude ir en junio, pude ir en agosto… que esperaba no poder ir más.

Todas estas cosas se juntaron también con un piñazo tonto con el coche por lo que me faltó poco para quedarme sin coche por siniestro otra vez (y pagar, pagar, pagar), y estuve casi un mes sin el, nervios por las respuestas del taller y el seguro, que el coche que me dejaron también se estropeó… ansiedad, ansiedad, ansiedad… que menos mal que Juan intercedió por mí…

El tema económico ha sido un punto muy negativo también. Mucho tiempo sin entrar dinero y verdaderos dinerales que tenía que soltar. Otro punto psicológico ha sido todo el tema de la herencia… tiene momentos realmente duros y difíciles. El hecho de ir a un notario a pedir el testamento de tu padre… puffff… es muy duro. Es como decir “es cierto, se ha ido, y vengo a sacar lo que había”. Cuando realmente piensas “que siga siendo suyo, no lo quiero, le quiero a él aquí”. Menos mal que iba con una hermana de otros padres. Marta Albero Rabago. Hizo que no fuera tan.. tan. Y me hizo sentirme totalmente orgullosa de verla trabajar. O ir a otro notario a firmar una herencia… a decir “ya está”. Hay firmas que son muy difíciles, y de nuevo vuelvo a eso de “más… de mi vida”. Esa fue una de las firmas más duras, tristes y difíciles de mi vida. Por todo lo que acarrea.

De ese tema derivan otros dolores más… Decepciones y sentirte defraudado por gente, por cosas que nunca puedes imaginar que pasen de verdad, que ves en las películas, o en las noticias y dices “eso a nosotros no nos va a pasar”… y luego te encuentras con que pasan. No te lo puedes creer, pero pasan. Te defraudan. Te hacen sentir verdadera TRISTEZA. Decepción. Dolor. Ver como hay cosas que sacan lo peor de cada uno. El egoísmo. El dinero. La falta de luces y de realidad. He sufrido MUCHO de ver cosas que esperaba no ver. No escuchar. Hasta que no se vive… no te puedes imaginar lo triste que te pone. Enfada, pero sobre todo da pena. Duele. He ido muchas veces a correr por ese maratón llorando por “¿cómo se puede ser así?¿por qué pasa esto?”. No existen las palabras para describir lo que se siente cuando te encuentras con ello. El enfado es enorme, pero no la sensación principal. Y que se repita… una y más veces, que vaya a más… la injusticia… que encima se defienda por otros lo que no tiene defensa… Encima te sientes tonto, sientes dolor por ver que algo lógico se convierte en un enorme problema, solo porque alguien no sabe administrarse y no tiene conciencia de como son las cosas, y das GRACIAS por tener también quien compensa la balanza con sentido común y buena administración, aderezada con un mucho de bondad,,, porque si no, habría sido mucho peor. Después que también lleguen terceros a meterse, a faltar a los tuyos, por lo mismo. Ver, desde fuera, sin poder ni deber intervenir, que la sangre te hierva por dentro… no poder actuar, ni hablar, ni gritar, estar atado de pies y manos cuando tus instintos hacen matar. Y encima tener que tragar. Ver injusticias, ver… Intentas que eso no cambie lo demás, aunque por dentro queda. Intentas no mirar diferente, pero… es algo que en un caso tardará en cerrar, en otro… no lo va a volver a hacer.

Eso, junto todo lo demás… ha hecho que sea un año lleno de dolor y de pena.

Uno de los miedos que tenía una vez cerrara el gimnasio, era no volver a encontrar un trabajo. Había pasado desde que entré en el gimnasio haciendo entrevistas y nunca me habían cogido para nada (más que una vez para otro gimnasio, aunque fue al principio y la contraoferta me convenció).Me veía en la calle, sin posibilidad de encontrar nada… gorda para los gimnasios y con demasiado vacío para la fisioterapia. Sabiendo que soy buena en ambas, pero para ello me tenían que conocer, y no me iban a conocer.

Antes de que aseguraran el cierre de pyf me llegó un correo en el que se me daba una oportunidad en un sitio en el que realmente quería trabajar. ¡Se me daba la oportunidad! Un poco enchufada si, pero si no lo valiera tampoco habría entrado. Aunque se que las recomendaciones fueron vitales. Tenía una oportunidad. Realmente era algo que necesitaba escuchar. Cambió mi último mes de gimnasio. Mes en el que estaba pagando un sobreentrenamiento con todos sus síntomas (todos y cada uno, que escribí el artículo sobre eso y era “sile” “sile” “sile”…) Me dio una motivación y una forma diferente de afrontar ese final. Es algo que siempre voy a agradecer y por eso se que mi sangre es verde. Y de verdad que confío en que llegue el momento en el que me estabilice del todo y pueda volver. Entonces me sentiré aún más llena, poder “devolver” un poco más ese favor.

Pero después llegó otra oportunidad más. Me dieron la oportunidad de trabajar de fisio. Por fin alguien confió en mí, y se olvidó de que tuviera un vacío, me dio una oportunidad que tuve que aceptar. Por eso a día de hoy estoy. No se por cuanto más. Pero aunque pierda, agradezco la oportunidad. Con todo el dolor tuve que dejar el gimnasio que en una semana me había hecho sentir “EN CASA”, como ya no era pyf al final, en el que alucinaba con todo, en el que sentí que provenía del infierno y llegaba al paraíso. Hasta en el momento de decir que no podía seguir era diferente, tuve ansiedad al pensar como decirlo… y al contrario, me animaron, me felicitaron… realmente era otro mundo, y repito que ojalá pueda compaginar y volver. Aunque implique un desgaste físico.

No son, ni de lejos, las mejores condiciones (hasta el punto de que tal y como estan tienen una fecha de caducidad, que si no hay cambio, me va a ser imposible seguir trabajando allí, por mucho que me cueste, simplemente es inviable seguir así pasado ese plazo). Pero ese es un problema, que me agobiará en su momento, la decisión está tomada, si no cambia, no hay otra opción que dejarlo, aunque por dejarlo me vaya al paro sin derecho a cobrarlo. Será algo que me preocupará mucho, aunque espero que no llegue a darse… pero aun así será mejor que lo que tendría siguiendo en estas condiciones). Pero es un acercamiento a algo que había tenido lejos durante mucho tiempo.
Al principio de volver, reconozco que pensé que era un error. Echo demasiado de menos el gimnasio, ya no puedo ni ir a entrenar. He descubierto que no puedo vivir sin lo uno, ni sin lo otro, que mi objetivo es poder hacer las dos cosas.

Pero a pesar de eso, una vez llegó el cierre del gimnasio, y terminé con los papeles… a partir de agosto, llegó la estabilidad.

Y en agosto puedo decir que se cerró el curso terrible, se cerraron muchas cosas, y se cerró una herida interna muy grande que tenía desde hace muchos años. No se ha curado, pero… puedo decir que la parte del “orgullo y el odio” ha pasado. Una persona a la que adoraba, desapareció de mi vida sin saber por qué hace 10 años. 10 años de herida al respecto, sufriendo por ello. Este verano no voy a decir que haya vuelto, o que se haya solucionado, pero… “no importa qué pasara, voy a dar el primer paso” fue mi mentalidad… y… él no cerró la puerta en las narices y cerró ese paso. Algo tan simple y tan bobo como una invitación de amistad por aquí. Este año había aprendido que no importaba qué es lo que hubiera pasado, de quién fuera la culpa… solo que si te duele, intenta hacer que deje de hacerlo, da igual la culpa. Y decidí vencer el orgullo, y lanzar la pelota, mandar esa invitación. Y que la aceptara fue el mejor regalo de cumple (sin desmerecer a los demás), “cerrar” 10 años de distancia… cruzar 4 palabras, aunque fueran palabras entre desconocidos, y poco más desde entonces. Solo la posibilidad de que te dejan saber de él. No es un tema resuelto, pero si ha dejado de doler igual. Ahora hay una ventana. Por fin he podido olvidar durante un tiempo el dolor que sentía por ello. Soy de esas personas que cuesta mucho que quiera a alguien, pero cuando lo hago, lo hago para siempre, pase lo que pase, y si tengo un hermano de otros padres, lo tengo para siempre, lo merezcan o no, lo vea o no, me quiera o no. Así de imbécil soy, Pero este año también me ha regalado abrir un miniventanuco en una oscuridad absoluta de 10 años.

También he sufrido mucho con mis amigos, con personas muy importantes para mí que lo han pasado mal, que han visto sus sueños desmoronarse, o no cumplirse… AÚN. Porque estoy segura de que lo acabarán consiguiendo.
También he visto a otros amigos crecer, y acercarse a sus sueños, aunque eso implique cambiar de ciudad… pero buscar su rumbo y su Destino… que estoy segura que va a traer cosas muy buenas. Y me alegro.

En el mundo friki… pues hemos ido por fin al IFEMA, y mira, eso ha sido muy positivo… hemos hecho cosplays nuevos de koro sensei, descubierto por mí este año. Y en diciembre de Steven Universe… hemos descubierto una “afición” o algo que ir a ver algunos sábados: el westrilng (presing catch de antes, vamos) que desquita…

Me ha faltado tiempo para escribir, tiempo para mi, para respirar, he estado muy cansada, y rota… pero me he rehecho… “cuando mi cuerpo termine de llorar, echaré una ramita al mar, que sea balsa para un marinero naúfrago, y para que no vaya a tientas le pondré yo un faro. Y ahora que he caido al fondo de esta piscina, que ni una gotita de agua tenía, voy a recoger mis alitas rotas, y las pegaré trocito a trozo y volaré. Yo soy una montaña rusa, que sube, que baja, que ríe, que calla, confusa, me dejo de llevar lleva, por lo que los días me quieran mostrar”.

Hemos superado el “aniversario” en familia, desde el cielo de Madrid, consiguiendo no pasarlo depresivos y llorando, sino que fuera “alegre”. Bueno, alegre no, pero no terrible. Gracias de nuevo a mi hermana, de nuevo consiguió lo impensable.

Hemos superado el año.
He superado el año.

Y he pasado las peores cosas de mi vida (aunque “el momento” entrara en 2015), la peor racha, los retos más duros, los cambios más bruscos. Este comienzo del 2017 no tiene casi nada en común con el comienzo de 2016, soy otra. Ha sido el año de cambios, del dolor y del renacer, de los finales y de los comienzos, de tocar el fondo y de encontrar el punto para mantenerse en plano.
Eran cosas necesarias… Pero… ¡¡¡por fin acabó!!!!

2017 sólo puede ser mejor. Con que mantenga la linea en plano, será un gran año. :D :D:D

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