Alucina Vecina

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Archive de la Categoria ‘mis tiempos mozos’

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Draculin + Goonies

Abr-2-2017 By coyote

Para ver los goonies un draculin…
Back in time! !!

Un ratito sentada antes de seguir con el curro (asco de vida… cuando veía los goonies de pequeña no tenía más que hacer que verlos)

Mi padre y sus clases de pintura

Abr-2-2017 By coyote

Y mientras pintaba debajo de la parra… solo podía pensar “otra mañana de fin de semana con olor a pintura bajo la parra”…
Y a falta de una semana para el día del padre, ha llegado el momento de que salga a la luz otra parte del texto que empecé a escribir hace más de un año y no he podido acabar aún…
<< Y es que mi padre, además de todo lo que ya he dicho, también daba clases de pintura, aunque esto fue después de dejar las clases de judo. Los viernes por la tarde y los sábados por la mañana, venían algunos compañeros del cole, o conocidos a pintar. No recuerdo muy bien cómo fue la cosa, supongo que Julita, mi profesora de quinto y amiga de mis padres hablaría con alguien del colegio y por el boca a boca de conocidos se fuera animando gente. Por las clases pasó bastante gente, algunos con un talento y un arte enorme, y otros no tanto, unos duraron más y otros menos, pero en lo que si coincidían todos es en lo grande que era mi padre. De esta etapa salieron algunos de sus mejores amigos, sobre todo en los últimos momentos, y gracias a las clases de pintura, también yo empecé a tener más relación con gente del cole que a día de hoy son de las pocas que sigo considerando amigas. Venía gente de todas las edades, pero había un grupito de mi edad (bueno, de un año menos) que son los que estuvieron casi desde el principio hasta el final: Sara Bravo , Esmeralda Pérez y Eduardo Barrasa. (Y creo que no me equivoco al decir que Sara y Edu eran los mejores de la clase… Esme y otros también lo hacían de maravilla, pero creo que ellos dos, además lo llevaban dentro, y yo alucinaba con ellos especialmente). Los viernes, la clase empezaba cuando yo tenía entrenamiento de baloncesto, pero siempre cuando subía, pasaba a dar palique a las chicas, y entre las tres brujas malvadas poner nervioso a Edu, que era monísimo, pero lo más tímido y cortado del mundo, rara vez abría la boca, y las tres no hacíamos más que pincharle para que hablara. XDXD. Nunca en plan mal, porque nos parecía muy tierno, incluso a alguna podía parecerle aún más… aunque creo que nunca lo hablamos… es algo que supongo. Recuerdo que mi padre más de una vez me echó porque las distraía, que antes de que llegara yo estaban en silencio, pintando tranquilos y cundiendo, y cuando yo llegaba dejaban de hacerlo. (Lo cual era totalmente cierto, las cosas como son). Los viernes, la clase era en el garaje, ponían la luz, unos calefactores y ahí pintaban. En cambio los sábados, si hacía bueno, pintaban en el jardín, o debajo de la parra o delante del garaje, según hiciera de tiempo y de calor. Ahí muchos sábados me lo perdía porque tenía partido, pero si no salía (sin madrugar, evidentemente) a charlar, y a media mañana al aperitivo que siempre sacaba mi madre, coca-cola, pan, queso, aceitunas, patatas… eso no faltaba nunca. Y a veces cuando terminaba la clase, jugábamos a algo, o al baloncesto… incluso se hizo una o dos barbacoas, que nos quedamos hasta bien tarde, en la parte de abajo contando historias, o después viendo la peli de Tristán e Isolda (siempre que oigo esos nombres me acuerdo de ese día, y en especial de Esmeralda).
De nuestra edad, además de Sara, Edu y Esme, pasó más gente, como Cristina Barja, Nerea, Cristina Sanz… o más pequeñas como Rosa Tabas o Elena, a la que no le gustaba pintar, ella quería jugar al fútbol, y su madre se empeñaba en que pintara.
En estos alumnos, mi padre dejó una gran marca, de hecho Sara a veces comentaba al respecto, o siempre dice que fue él quien le sacó su firma, la que pone en todo lo que crea. Todos le adoraban. Y le adoran. Y fueron ellos los que nos dieron el que ha sido el mantra de estos meses “el cielo no es azul”. Porque mi padre, cuando enseñaba, siempre al nuevo preguntaba “¿de qué color es el cielo?” y todos respondían que azul y él decía que no, que no era azul, que para pintarlo hacían falta otros colores. O preguntaba ¿de qué color es un huevo? Que, evidentemente no era blanco. Eso o les decía que el color negro a la basura. También tenía otra costumbre, cuando alguno de ellos se trababa con algo, y le pedían ayuda, él nunca les decía, simplemente sacaba que ellos lo supieran solos, eso, o lo hacía él, enseñando como se hacía, y cuando ellos sonreían porque ya lo tenían hecho… cogía y lo borraba: lo que había hecho y a veces un poco más, para que ya que habían visto cómo se hacía, lo hicieran ellos.
Creo que no me equivoco cuando digo que fueron estos los que más aprendieron de él, ya sea porque son los que más vinieron, o porque estaban en la edad en la que más podían aprender, valorar y admirar a su profe de pintura.
En ellos, además de alumnos, encontró personas que le admiraban y le adoraban. Y, en el caso de Edu, una amistad preciosa con su padre. Los padres de todos tenían buena relación y se hicieron amigos (de hecho, la familia de Sara Bravo estuvieron en Lepe), pero en el caso de Pablo, el padre de Edu… creo que ha sido una de las personas que más ha estado a su lado desde entonces, que más ha venido a verle, que más compañía y charla le ha dado en estos últimos años. El “coronel”, venía muchísimo, y eran los ratos en los que mi padre se animaba y hablaba. Incluso alguna vez he llegado a casa, y he visto a Pablo, solo en el salón, con mis padres en la cama los dos, esperando a que alguno se decidiera a acompañarle, y ahí estaba el hombre, con una paciencia infinita, que solo el respeto y el cariño de verdad hacen posible. Pablo, también ha sido una de las personas a las que más afectada vi con la muerte de mi padre. Me conmovió hasta lo más profundo porque era sincero de verdad, porque él siempre ha estado desde que se conocen, y eso que él le conoció ya en la cuesta abajo, lo cual lo hace aún mejor. Me emociona de sobremanera ver lo que mi padre significaba para otras personas, no solo para mí, porque es mi padre, y es normal, sino para los demás, y los que a pesar de que no le conocieron en sus mejores momentos… les llegara tantísimo. Es maravilloso. Y es algo por lo que estaré eternamente agradecida a Pablo, a las clases de pintura y a quién se lo dijera que estas clases existían, porque no sabía el regalo tan grande que nos hacía a todos.
Pero no sólo vinieron “jovencitos”, también vino gente más mayor, desde la propia Julita, a un señor que era mayor que mi padre: Elías, que siempre que podía venía a pintar, y que ha seguido llamando desde entonces. También gracias a estas clases, conocimos a otras dos grandísimas amigas de estos últimos años: Charo y Angelines. Personas que al igual que Pablo, han venido, han llamado… han estado aquí en lo bueno y en lo malo. Personas que adoraban a mi padre, le admiraban… de verdad que entonces, creo que ninguno imaginaban lo muchísimo que iban a aportar unas clasecitas de pintura a conocidos y conocidos de conocidos, que iban a hacer conocer gente tan maravillosa que estuviera desde entonces hasta el final, estando mucho más presentes que otros más “antiguos”. No importa cuando lleguen las personas, lo importante es que lleguen, y que se quedan las que se tienen que quedar. No sabes de dónde pueden salir, de lo más absurdo pueden salir amigos de verdad. No todos vienen de compañeros de colegio, universidad o trabajo. Vienen de donde menos te lo esperas. Y estas clases aportaron lo mejor de las amistades de los últimos años. (Sin desmerecer a otras antiguas muy buenas o importantes, pero, casualmente, de los de pintura se cuentan la mayoría de las visitas).
[...]
La otra exposición fue en el centro cultural Buero Vallejo, de Canillejas, con los alumnos de pintura, realmente suyos solo había un par de cuadros, por eso pongo como “y media”. De esa también recuerdo la fiesta de inauguración, a la que fueron todos los alumnos, familia, amigos y compañeros, y cada uno llevaba algo para comer, y la madre de Sara Bravo llevó las trufas taaaaan deliciosas que sabe hacer, y nosotros, nos escaqueábamos dando vueltas como que mirábamos los cuadros y volvíamos a coger una… no sé cuántas nos comeríamos… pero unas pocas seguro. >>

Yo en una cocina

Nov-9-2016 By coyote

¡¡¡Un documento gráfico inédito!!! ¡¡¡YO EN UNA COCINA!!!!!!!

(ese fue el “desastre del bizcocho”, por dejar a los chicos cuidarlo y la idea después de Susana de meterlo al microondas y tratar de rellenarlo… Por aquel entonces Marta Albero Rabago era una yogurina que no aportó una mejor solución)

PD: OBVIAMENTE es una fiesta de disfraces.. ¿¿qué iba a hacer yo si no en una cocina si no es representando un papel???