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SIEMPRE PAPÁ

Oct-4-2015 By coyote

SIEMPRE PAPÁ. Cuéntame el cuento de la vieja Pepita.
El jueves por la tarde se fue el hombre de mi vida: mi padre.
Se merecía por fin descansar, se merecía dejar de sufrir, se merecía reunirse con su madre, se merecía reunirse con Bis para saltar entre las piedras, pasear por el monte o por la playa. Se merecía poder comer, poder hacer todo sin necesitar ayudas y sin dolores. Se lo merecía, se lo ha ganado. Ha sufrido mucho, tanto físicamente, como mentalmente. Ya no tenía ganas de vivir, siempre ha estado enfermo, pero hacía años que había perdido la ilusión, aguantaba por nosotros, aguantaba porque quería ver algunas cosas, aguantaba porque tenía miedo… pero… ya no podía con más. Verle sufrir… dolor… no poder respirar o hablar… ver que necesita ayuda para levantarse o comer, verle llorar porque no quería estar así, verle llorar porque sus hijas le tuviéramos que limpiar… Verle mal… No tenía calidad de vida, y últimamente menos aún. De la cama al sofá, a la silla del jardín… un hombre que siempre ha sido totalmente activo, que no paraba quieto ni medio minuto, relegado a una cama, a no poder hacer casi nada. Pasaba el día en la cama, sin leer, sin tele, sin hablar… solo cuando venía “la rubia” o las visitas, o nosotras a veces, o discutía con mi madre porque se tenía que levantar a comer “no quieroooo”.
Lo necesitaba. Era lo mejor. Ahora descansa. Ahora disfruta del arco iris. Ya no sufre. Ya está con los suyos que hace tiempo que no veía.
Y hasta ahí la parte racional. No son tópicos, pero…
Hay otra parte, la emocional. La sentimental. La que me hace gritar, llorar… “ya no tengo a mi papá”. (-“hace tiempo que no lo tenías”), la que me hace soñar… pensando que sí, que mejor así que como estaba estos días, pero es que sería mucho mejor que estuviera como hace unos años, cuando pintaba, cuando iba a Lepe… Eso sí sería mejor. Eso sí sería volver a tener a mi papá (-“hace tiempo que lo perdiste. Eso sí era totalmente imposible”). Pensar que no le voy a volver a ver, que no le voy a abrazar, que no le voy a dar otro beso después de ese beso frío en la frente que le di ayer. Ese será mi último beso a mi padre: un beso helado.
Por esa otra parte está el “¿por qué???”. Esa parte egoísta, esa parte que le quería aquí, en la habitación o en el salón. Viendo como con las visitas espabilaba un poco, no como esos días en los que estaban solos y no salía de la cama. Esa parte irracional… pero dentro del corazón. La que sabe que no volveré a jugar a los pin y pon con él… esa parte que quiere que me cuente el cuento de la vieja Pepita. Eso es lo que quería anoche. Eso es lo que gritaba y pedía. Lo quería, lo necesitaba… y no me lo va a contar nunca más.
Muchos me preguntan cómo estoy. Estoy… como si me hubiera subido en la montaña rusa emocional más grande del mundo. Mejor de lo que cabía esperar… a ratos. De un momento a otro paso de mi parte racional a mi parte emocional. Mezclado con un poco de shock. Con un poco de apabullamiento. Sé que me queda lo peor. Sé que una vez pase esto, queda el aprender a vivir sin mi papá.
Llevaba tiempo enfermo (toda la vida, pero peor unos años) , y desde que volví de Lepe muy mal. Ya en Lepe sabía que iba a tener que volver, pero no de vacaciones. Ya tuve unas señas que no quise hacer caso, que me decía que eran cosas mías. Pero que en lo más profundo de mí, sabía que eran señales inequívocas. Cuando las tuve las interpreté, pero me quería quitar ese pensamiento de la cabeza. Hice cosas que no hacía desde muchos años, inconscientemente, y sabía que era por eso. Cuando me fui a “despedir” de la playa volví a tener un presentimiento, porque no fue como las otras veces… Cuando fui a la ermita a despedirme… definitivamente no fue igual. Ahí ya tenía la certeza, pero yo me quería repetir que eso estaba dentro de mi cabeza.
Mi hermana, en este último achaque… ya decía que lo veía difícil, y solo un rato antes de que sucediera, alguien me preguntó cómo lo veía y respondí “mi padre ya no va a mejorar”… y solo un rato después… Y se veía. No veía mejoría. De hecho, el otro día, cuando leí el cuento del puente del arco iris… aguanté hasta la parte en la que dice “de repente, uno de ellos levanta la mirada, y sale corriendo porque ha visto a su amigo… “ y se me saltaron las lágrimas ahí, porque tuve otro pinchazo… porque Bis iba a levantar la mirada y a reunirse pronto… otra vez me cerré la mente.
Pasó unas noches horribles, volviendo al ver si respira, volviendo a los “ay ay ay” “no puedo, no puedo” el ver que no podía respirar, unos días terribles de ver eso. Me costaba entrar por la puerta y tenía que salir con tiempo para poder llegar al trabajo como una persona y no como un flan. Lo veía cada vez. Estaba muy mal, y tenía que pasar para que pudiera estar tranquilo. Lo merecía. Pero a pesar de eso, es muy difícil. Siempre quieres soñar, todos tenemos una parte egoísta que queremos tenerlo con nosotros, porque creemos que somos tan importantes que merece la pena todo por nosotros, por seguir con nosotros. Y por eso, él aguantó tantísimo tiempo, por eso aguantó de más. Por nosotros, por mi madre, por seguir con nosotras. Pero ya no podía más. También se lo merecía él. Todo tiene un límite, y en algún momento tiene que llegar. Y el momento llegó, el jueves a las 19.00 en casa, con su mujer y una de sus hijas.
Yo llevaba unos días con un nudo en el estómago, y el jueves cuando me preguntaron si quería tomar algo, dije “una tila, tengo algo en el estómago… nervios y no me lo quito”. Me subí a la bici, por hacer tiempo más que nada. Yo nunca tengo el móvil a la vista cuando doy clase, pero no se por qué, lo tenía delante ese día… vi que me llamaba mi hermana Nieves. Que trabaja de tarde, y sabe que yo también. Que no me llamaría en ese turno. No quise pensar… pero en mi cabeza pasó un pensamiento… “mira que si me llama porque mi padre está…. Y yo aquí pedaleando”. Miraba constantemente. Y me llegó un whatsapp. Tenía que mirarlo, pedí perdón por ello “tenéis que venir a casa”. Eso solo puede significar una cosa. Pedí perdón, me bajé de la bici y salí corriendo a llamar. Me descuelgan… al preguntar qué ha pasado sólo oigo llantos. Eso sólo significa una cosa. ¡¡ME VOY!!! Como un zombi paso por medio de la clase de zumba de mi compañera, en shock, no se si llorando o no, paré su clase “me tengo que ir… mi padre….” Mi compañera me abrazó, todo el mundo alucinando y preocupados. Pasé a la bici. Ni me puse zapatillas, ni nada, cogí la bolsa las llaves y me fui, sin acabar la clase. (se que lo entienden. Pero… me enorgullece decir, que en esto, soy persona antes que profesional y tengo la suerte que en mi trabajo, puedo ser así. Y eso, es una verdadera suerte). En el coche hiperventilaba, estaba con ansiedad. Llamé a mi chico. No había oído las palabras, pero no hacían falta. No podía decirlas pero se sabían. Todos los malditos semáforos en rojo. No llegaba. No podía ser. Las calas se me enganchaban en los pedales… tenía que llegar. Tenía que ser otra cosa. Pero llegué. No, no era otra cosa. Me abrazó mi hermana. Mi madre. Nuska estaba que no entendía nada.
Pasé a la habitación. Ahí estaba. Dormido, descansando, por fin en paz. No se quejaba, no le costaba respirar, estirado y no hecho un cuatro. Le abracé, le besé, le toqué el pecho. Aún no estaba frío, la sensación era de un tono extraño, claro, pero… estaba tan sereno. Aun quedaban restos de energía (la poca que le quedaba).
Mi madre… rota, aunque en shock también. Mi hermana Nieves, siempre lo he dicho y siempre lo diré: hay súper héroes entre nosotros. Y mi hermana Nieves es su líder. Ocupándose de todo. Ella le empezó a hacer una RCP… pero no pudo. “¿para qué? ¿si le sacan estar intubado y sufriendo más?”. Mi madre se sentía mal. Le había dado de comer, le había ido a dar la pastilla, él, como siempre decía que no podía, ella que sí, con una fanta la pastilla. Se atragantó, tosió, empezó como una flema que no salía, avisó a Nieves, se le pasó la flema… avisó a Nieves que no hacía falta. Ella sabía que hacía falta, que no era una flema… dijo que subía. Mientras llegaba… “¡¡Manolo!!¡¡Manolo!! ¡¡Manolo!!” Manolo ya no respondía… llegó Nieves, empezó la RCP… pero más por no hacer nada… pero no tenía sentido. Si le lograra sacar, intubado, aún más débil. Eso era mejor, dejarle descansar. En sus brazos. Siempre he admirado a mi hermana. Pero cada día más, con esto más. Lo que le pasó a ella es algo que a mí me aterrorizaba que me pasara. Verme en casa con una parada de mi padre, tener que intentar reanimarle… que se fuera en mis brazos. Fue a ella a quién le tocó la pesadilla… él había decidido irse… y ella tuvo la última responsabilidad de tomar la decisión más dura: respetar su deseo, vencer al egoísmo y dejarle ir. Igual por eso no lo hizo conmigo. Yo no soy tan buena como ella. Yo soy más egoísta. Quizá yo habría seguido (seguir no significa conseguirlo, lo sé, y si lo hubiera conseguido, seguro que me culpaba por no haberlo dejado). Yo no soy tan valiente de echarme una responsabilidad así. No se decidir. La súper héroe es ella. Es algo horrible que le tocara a ella. Pero es la que mejor decisión pudo tomar. Es la que es más buena. Es la más… era su “kotu”. Y decidió irse en casa, con su mujer, sabiendo que la primera a la que avisarían y la primera que llegaría sería ella.
Cuando yo llegué estaba Susana también. Después llegó Cuki. Todas pasamos por lo mismo. Los maridos avisando a los amigos y familiares. La súper héroe (no quiero poner súper “heroína” me suena mejor “héroe”) encargándose de todo lo que hay que hacer para llamar, para lo que venía después.
Llegó Juan, llegó Irena “una hermana más” en estos últimos momentos. Que encima ella se casaba el sábado. Pasaron mis sobrinos mayores (que si Nieves es una súper héroe, ellos son sus “compinches”, valientes como ellos solos, muy maduros para sus edades) y con un par, entraron a despedirse a la habitación, y la niña se le abalanzó encima y le abrazó… Pasó bastante tiempo hasta que se lo llevaron… vinieron los de la funeraria… (que por cierto, hay trabajos que son jodidos… y una persona que se dedica a ir a las casas de las personas que acaban de perder a alguien hace un momento, y tener que ponerse a hablar de precios, de dinero… tiene que ser muy duro también. Aunque se hagan… ver tanto dolor, y aunque son necesarios, y hay que tomar decisiones rápidas y tal… pufff).
David, que se había quedado con los niños, a pesar de que Nieves dijo que no, la adora y sabe lo que es, la conoce, y sabe lo que necesita, dejó a los niños con su madre y vino con ella. Le di las gracias por venir con ella. Porque yo necesitaba los brazos de Juan. Tenía sobrinos, hermanas, madre… pero también necesitaba los de mi pareja. Y sé que Nieves, que se hacía la dura y mantenía el tipo… en el fondo necesitaba sus brazos… y que respiró de otra forma y se abandonó cuando los encontró. Nieves, que es una súper héroe, se merecía ese abrazo de su marido aunque lo negara. Y su marido, como no podía ser de otra forma, se lo dio.
Vinieron también Mili y Fernando, los padres de Lucía, que si ella es como mi hermana, ellos son de la familia también. Tuvimos suerte, y bien avisado de los maridos, que no se llenó la casa de gente, solo la familia más próxima. Fueron unas horas largas. El tiempo no pasaba. Seguía con las calas, sudada… pero no me importaba nada.
Nuska, es otra campeona como la copa de un pino. Todos sabemos que los animales son especiales, que sienten lo que pasa, que saben lo que pasa. Y huelga decir que es cierto. Nos venía a todos a dar mimos, a intentar jugar con nosotros, y animarnos como podía. Normalmente ladra a los hombres, ladra cuando alguien extraño llega. Y mira que llegó gente, y solo ladró para avisar que venían, se portó como una campeona. Mira que vino gente con equipos, con bultos… y ella a dar mimos a todos. Fernando, se sorprendió también porque siempre le ladraba y se mantenía alejada, y esta vez… no solo no ladró, sino que se acercó, a darle mimos y a lamerle. Como a todos. Iba de uno a otro. Mimos para todos. Besos para todos. Es una bendita.
Mi madre, y todos, mejor de lo que esperábamos. Llevábamos mucho para hacernos a la idea, a pesar de ello, nunca te haces a la idea de algo así, es más bien una montaña rusa. Vas, vienes. Mi hermana mayor es la que más afectada estaba. Ella tenía muchas cosas dentro, ella fue la primera, la que más broncas tuvo… pero también a la que más quería. Se hicieron mucho daño el uno al otro y el otro al uno, y ella… es la que más se ha llevado lo emocional. Han sido demasiados años que ha sido más racional. Y ahora explotado.
Pasó bastante tiempo hasta que se lo llevaron. Tiempo en el que lloramos, nos calmamos, estuvimos fuera y dentro. Yo volví a pasar otro rato a la habitación. Volví a tumbarme (medio sentada…) a su lado. Hablé con él, me despedí, le di las gracias. Estuve a su lado. Necesitaba estar un rato más a solas con él. Al principio me costó, pero cuando me decidí a entrar me alegré, de verdad que lo necesitaba y me sentó de maravilla pasar ese rato con él. (No quiero pensar lo mucho que me arrepentiría después si no lo hubiera hecho). Pude hablar con él… decirle lo que él ya sabía una vez más. Lo mucho que le admiro, que le quiero, y le pedí que de un beso a Bis, que jueguen, pero que me esperen. Que vuelvan a por mí por el arco iris para volver a cruzar conmigo.
Pero cuando vinieron a llevárselo… fue el peor momento. Porque eso sí que significaba que era real. Y… ver la bolsa. En ese momento nos vinimos abajo TODOS. Es algo bastante impresionante. Eso es un símbolo de que es real, de que ha pasado. Que no estaba solo dormido tranquilo. Fue el momento más duro del día, casi tanto, o a más que la noticia.
Otra cosa que hizo bien… es el momento. Porque nos permitió pasar la noche en casa, intentando dormir, mientras le preparaban, y abrir tanatorio a las 10.30, y que en ese mismo día se pudiera incinerar. Sin alargar de más, y sin pasar noche en el tanatorio. Y… por lo que nos han comentado personas que ya han pasado por algo así, es algo bueno. Y yo, que es la primera vez que me viene tan cerca… tengo que reconocer que así es.
Pasamos la noche las cuatro hijas en casa con mi madre. Sé que eso le hizo ilusión. No pasaba eso, creo, que desde que mi hermana mayor se casó o Susana se fue al ejército… salvo una noche en 2006 que estábamos Susana, Cuki con los niños y yo, y Nieves (que siempre ha estado en todo) cogió el autobús, y se presentó en plena noche allí, no nos enteramos, y al despertar, vimos que estábamos las cuatro. Además, en ese momento aún no lo sabía, pero había alguien más: Dani en la barriga de Nieves. Cuando mi padre se despertó, la alegría que sintió… no creo que existan palabras. Sé que a mi padre le gustó tenernos a todas en casa otra vez. Y sé que después de tantos años… estuvimos toda la familia en casa. No era Bis el perro, aunque también estuvo, era Nuska la perra física que nos daba amor. Fue un bonito homenaje, pero no podía ser de otra forma.
Nos habían advertido que había que dormir, que el día siguiente es largo. Pero ¿cómo puedes dormir? Cada vez que cerraba los ojos, le imaginaba sufriendo, y después ya relajado. O momentos. Y yo que soy de dormir muy tarde… a pesar que la noche anterior no había conseguido pegar ojo… no pude, solo algún rato al final, pero estuve tumbada… la que ni se tumbó fue Cuki.
Ver esa puerta cerrada… abrirla… tuve que pasar a por unas pastillas de la mesilla… y me fue difícil entrar. Ninguna quisimos dormir allí. No podíamos. Mi hermana la súper héroe fue capaz de por la noche, además de haber cogido la ropa, cuando se lo llevaron pasó a quitar las sábanas, a rehacer la cama… ella sola. Admiraba a mi padre, pero a mi hermana… también. No me explico como alguien puede ser tan grandioso como ella. Es capaz de estar en todo, de hacer frente a todo, y no como un robot, con sentimiento, con amor. Sé que ella es un ángel venido a la tierra. Era lógico que mi padre fuera capaz de traer al mundo un ángel.
Y como nos habían dicho, fue un día muy largo. Mi hermana Nieves a las 7.30 salió para ver a sus hijos, ducharse… después salió Susana a sacar a sus perros… más tarde sonó el teléfono… Eran Amado y Raquel. Otros de los mejores y más duraderos amigos… “ya empieza” la historia. Ya empezaba el constante recordatorio. Lo que yo quería evitar, lo que gracias a mi chico y a que tengo unos amigos y conocidos MARAVILLOSOS me han respetado tanto. (Y lo agradezco en el alma. Pero cada uno lo lleva de una forma, y yo lo que no necesito, ni quiero es el constante recordatorio, el que todos pregunten, animen… sé que es con buena intención, y que me quieren, pero… no quiero…) ellos, lo hacían porque tenían que hacerlo, porque son de la familia, pero… llegó un momento que mi madre se vino abajo… y yo no podía pensar otra cosa que “ya, por favor, parad, no la animáis, la hundís… parad”… Y eso es lo que iba a ser todo el día.
Después nos levantamos, vestimos… y llamaron al timbre… era Abdul con su mujer. Era la primera vez que la veíamos, fue un detallazo que viniera en una ocasión así, y Abdul estuvo todo el día yendo y viniendo. Volvió a sonar el timbre… y casi nos caemos de culo al ver que estaban mi tía, mis primos y la prima Lola que habían venido en coche. Habían salido a las 2 de la mañana de Lepe… he de reconocer que me sorprendió. Esperaba a mi tía, en el autobús, pero… me alegró que mis primos vinieran, y la prima Lola debió querer venir también cuando se enteró. Mi padre si hablaba de ella, y si se llamaban, aunque tengo que reconocer que pensé que era otra de las primas, no la veía desde hacía siglos.
Y de ahí, ya vino Juan a buscarme, y Juan Carlos, y nos llevaron al tanatorio. Mi hermana Nieves ya había llegado y abierto la sala. Como he dicho es una súper héroe, pensó en todo. Había llevado el caballete con un cuadro, después llevaron otro cuadro, y también había llevado el libro de los cuadros que hizo hace unos años cuando mi padre cumplió 70 años.
Pasamos, y había como dos habitaciones, con un murito separando, la de dentro con la ventana. Y al mirar por la ventana… ¡¡estaba tan guapo!! Le habían puesto realmente bien, un poco de color, todo de blanco… la cara tenía una expresión de paz. Mirar transmitía una paz… Le pusieron el polo de “Made in Lepe”, con el ribete con la bandera de España. Seguro que sonrió al verlo. Pasé bastante tiempo del día, varias veces mirando. Trasmitía una paz… y… aunque mi tío me decía que no mirara, al contrario: cuando cerraba los ojos y pensaba en él, le veía sufriendo, con cara de dolor, la boca abierta… y así me quitaba esas imágenes, para recordarle de una forma mejor. Y estaba en paz.
Fue un día largo, parecía que no pasaban las horas. Pasaba gente y más gente, y más gente. Los que iban por él, y los que iban por nosotros. De hecho se notaba de quién eran amigos… pasaron unos en pantalón de pinza y camisa azul… esos venían por Cuki, EMT fijo… los que iban vestidos con ropa más seria… el centro de salud de canillejas, los que venían vaqueros y camiseta o ropa más de deporte… míos, ropa más cómoda… Susana… Besé y abracé a más gente que en la vida. Sinceramente, a más gente de la que conocía, aunque debía conocerlos.
Se agradece a todos los que dedican su tiempo a venir a vernos, a apoyarnos, pero hay personas… que… son más duras de ver. Estuvimos constantemente rodeados de gente. Todo el centro de salud de Canillejas pasó por ahí (¿cómo no van a adorar a mi hermana? Además que algunos le conocían porque era su paciente) excompañeros y enfermeras adorables que habían estado con él, Fany… amigos de mis hermanas de toda la vida, Nuria con sus padres, Celia, Luis, Ramón… todo su grupo de amigos pasó por allí. Compañeros de mi hermana, amigos de mi otra hermana… Hubo gente que no veíamos desde hacía años, pero nos llevamos dentro, querían despedirse. (Soy de las que creen que el contacto no es señal del aprecio, se puede adorar a alguien aunque no lo veas). Como Maria Rosa, nuestra vecina, que adoraba a mi familia, se ayudaron mucho… o Feli, la modista. La mujer de Emilio (Emilio no pudo). Toda la familia de mi madre, primos que no recordaba… y las tías… hasta las más mayores y cascadas, que no salen nunca de casa, pero quisieron ir a despedirse y acompañar a mi madre, lo cual fue también bastante emocionante… amigos de mi madre, Carlos y Ana Mari, Tere… amigos de mi padre: Amado y Raquel (fue realmente EMOCIONANTE ver a Amado, salir de la sala… y verle llorar. Fue uno de los bajones que me dio, ver a ese hombre llorar… [Creo que es importante llorar, y creo que los hombres también tienen que llorar. Además hay personas que son tan “correctas” que no parecen humanas, y ver que por mi padre, se olvidan de toda esa “corrección” y sacan los sentimientos, que le querían tantísimo… ]), Charo (que vino y fue varias veces totalmente destrozada), Angelines (que tardó en enterarse… pero vino muy emocionada), ¡¡¡los alumnos de pintura!!! (los padres de Sara, los padres de Edu, Sara, Edu, Sherezade (en representación de su familia)) niños que tendrían 10 años… (cuando los tenía yo) y que le seguían queriendo y admirando. Y pusieron las flores con una frase que… me emociona de pensarla, de leerla en la cinta: “el cielo no es azul”. Es una frase poética para el momento, pero más bonita aún por el significado. Gracias a esmeralda por recordarla, y Sara por preguntar para poner algo bonito y diferente. El significado es más bonito que la frase, porque cuando ellos iban a pintura, el primer día, mi padre les preguntaba “¿de qué color es el cielo?” y cuando contestaban que azul… decía que no, que para pintarlo, no se pinta de azul. El cielo, o el huevo, que el huevo no es blanco. O eso de “el color negro a la basura, no se usa para nada”. Tantos recuerdos y tanto significado en unas pocas palabras… Porque… el cielo, aunque no sea azul, ya tiene un ángel más en él, una estrella cuya luz brillará y me iluminará siempre.
Otro de los platos fuertes… era Pepe Luis, el que podría decir, que junto con Amado, era el mejor amigo de mi padre. Un señor que se ha venido desde Isla Cristina en autobús (si para mi es horroroso nueve horas de bus, para él… más mayor, más voluminoso, más cascado…) porque no había otra forma de llegar… que vino, estuvo y después se volvieron en autobús cuando terminó todo. “temía” el momento en el que llegara, porque iba a ser muy emociónate… y no me equivocaba. Venía con los ojos hinchados… cuando nos abrazó… cuando le vio… ver llorar a ese hombre también. Eran como hermanos. De los amigos de mi padre, es el único al que voy a ver siempre, aunque mi padre no fuera.
Vinieron también los de Ávila… otro momento también… las llamadas que nos contaban los maridos de gente que llamaba, como Juan Gatón llamando llorando desconsolado…O el chico de mi primo que estaba de viaje en Lisboa y ha venido para poder sacar a mi primo del trabajo para poder llevarle y acompañarle en esto. Que el primo es otra persona que hace siglos que no veíamos pero como él decía “ya no me llamará “pequeño monstruo”” como siempre le llamaba, y cuando me abrazó estaba desconsolado llorando de pensar que no iba a llegar.
Los que vinieron, y los que hicieron lo posible por venir, pero no pudieron, o convencimos de lo contrario, porque tenemos que ir a Lepe. Juan y Sara por ejemplo, aunque ellos no era por ser familia, era por la relación con nosotros.
Como soy yo quien escribo, hablaré por mis maravillosos amigos. Tengo que agradecer varias cosas, evidentemente el apoyo, también agradecer que me hayan respetado con no llamarme ni escribirme. Y para los que fueron… me dejáis sin palabras. Tengo que reconocer que ayer, hubo un momento en el que sí pensé que me apetecía ver a algunos de mis amigos, porque no hacía más que saludar, abrazar y besar, decir que lo merecía y que está mejor con un montón de gente que o no conocía, o que no recordaba… o que si conocía y quería… y me apetecía tener alguno de mis amigos y hablar de otra cosa. Por eso agradezco a los que vinieron. Juan Méndez que viene a Madrid a un curso y menudo panorama se encuentra… (un padre en un quirófano, una madre en otro y un tantatorio… ) y ole por él que dedicó su tiempo en Madrid a venir a vernos; mi súper Puri… mi niña… que se escapó para venir a abrazarme y verme… Almu e Isra… que estaban fuera esperando, que si no llegamos a salir podían estar horas ahí (aunque yo salía constantemente), Prue que dejó a su madre en la sala de espera del quirófano para venir un rato a verme, a Sara Bravo que aunque sea de pintura… es mi gente también, y estuvo casi toda la tarde… a Celia y Miguel que tiene súper recientes los de sus padres, Rober y Auro que había dejado a su padre recién operado y que no terminaba de espabilar para venir a apoyarme (y que me cogió la mochila y todo lo del gym…), Susanita y Pedro!!! Que menuda tiene Susanita encima también… y a pesar de todo no quisieron faltar (y como luego decía “lo primero que pensé fue el billete de mil pesetas que partió por la mitad cuando me fui a Venezuela” billete que teníamos las dos), también fue mi Luci con toda su familia, Alfonso, Mili, Fernando, Mónica, Fernando… que son como nuestra familia… Pero también me sorprendieron viniendo Nacho con su madre… Esther, Antonio y Fernando… me emocionó que fueran todos… aunque no pude estar con ellos mucho, porque estaba llegando gente constantemente… y todos nos querían apoyar a todos… también agradezco a los que no llegaron a tiempo, como si hubieran ido.
Sí que bajamos a comer a la cafetería, y a tomarnos el puding. Era algo que todas hicimos porque era algo que teníamos que hacer. Mi padre cuando estaba de servicio iban casi todas las noches a la cafetería del tanatorio a tomarse el café y un puding. Cuando nosotros íbamos a verle, íbamos también allí (yo era pequeña y solo tengo un vago recuerdo de una vez… pero sí que recuerdo oírlo comentar en casa). Empezaron a ir allí porque de noche era el único sitio que estaba abierto para poder tomar café, y porque el puding estaba muy rico. Simplemente no podíamos no tomarlo. Y yo tomé un bocadillo, y tengo que decir que el bocadillo estaba muy bueno. Es una buena cocina.
El tiempo pasaba muy lento… entre visitas y momentos en los que me apartaba para mirarle… tan tranquilo… tan en paz… tan guapo… tan relajado… esperaba que se levantara, o que me dijera “pizki, ayúdame a levantarme”… o “mochuela, dame un poquito de agua”… si miraba fijamente, parecía hasta que respiraba… aunque sabía que no era así. También quería mirar, porque eran sus últimos momentos con el cuerpo “entero”, después volvería a ser cenizas. Por lo menos ahora al pensar en él no le veo tanto en la cama sufriendo, sino que le veo blanco y en paz bien dormidito tranquilo. Se entrelazan, pero que se pueda entrelazar… es importante.
Llegó el momento en el que vinieron a avisar que se lo llevaban, podíamos entrar en una sala para despedirnos por última vez antes de meterle en el coche de camino al crematorio. Sólo pasamos mi tía y yo (acompañada por Juan, que no se separó de mí). Me partió el alma mi tía. Ya me había tocado cuando la vimos, o cuando le vio por la ventana, o cuando se pasó horas sentada delante de la ventana desconsolada… pero ahí, esos gritos, que se asustaron los de fuera, no se quería despegar… “hermanooo, hermanitooooo” desgarrador. Yo solo le di un último beso. Su padre se fue sin que le diera un beso. Mi padre se fue con un último beso mío en su frente. Un beso helado. Pero yo me consuelo saber que se lleva un beso mío como último recibido.
Pero verle así, sentirle tan frío. Esa sí es la última vez que le iba a ver la cara. Era la última vez que le he tocado. Ese beso helado… me hizo ver de nuevo que era verdad. Que no estaba dormido. Mi tía le tocó, se estaba poniendo ya morado… “no… tía… para… por favor… no nos hagas esto…”. Ese y el de salir de la capilla del crematorio fueron los momentos más duros del día. (que junto con el momento de cuándo se lo llevaron y la llamada… han sido lo peor). Ese momento fue una hostia de realidad. Estaba helado. No dormido. Esa sí que era la última vez que veía y tocaba. Pero me alegro de haber pasado. Tenía que hacerlo. No me perdonaría no haberlo hecho por cobardía. Quería pasar hasta el último momento posible con mi padre. Aprovechar hasta la última oportunidad. Como decía antes, no quiero ni imaginar lo mucho que me habría reprochado todo el resto de mi vida no haber entrado. No me asusta un cuerpo vacío. Sí el no despedirme hasta la última oportunidad. Era mi papá. Mi héroe. Le adoro y le admiro. Iría con él hasta el fin del mundo. Y ahora me va a tener que esperar, junto a Bis, para volver a hacerlo.
Le seguiré sintiendo. Y aunque piensen que estoy loca, o que es por el shock. Le he visto, le he sentido. Y sé lo que he visto y lo que he sentido. No me asusta reconocerlo. Le vi en casa mientras estábamos todos. Me dijo que estaba bien. Y estaba más joven, casi no le reconocía. Después le volví a ver, desorientado en la casa, no entendía tanto jaleo ni por qué estábamos así. Mientras estábamos en el tanatorio también le vi… ahí le vi de varias formas… primero asustado y enfadado, como si estuviera en la habitación con su cuerpo encerrado, queriendo salir de la habitación, queriendo entrar otra vez en el cuerpo… después le vi sentado llorando, aceptando lo que había pasado, asustado… yo quería decirle que estaba bien, que no se preocupara, que no llorara sino que se alegrara… y hoy… ha venido a decirme que me quiere, ya lo ha aceptado y está listo. Me esperará, a mí y a todas.
Ese beso… necesitaba de verdad dárselo. Es mi papi. Rara vez le llamé así. Pero cuando digo que le adoro…me quedo y me quedaba corta. Tenía el genio de los genios (una mala leche enorme, vamos) pero… no podía enfadarme. Le admiraba tantísimo. Cuando le criticaban, aunque pudieran tener razón, yo me encendía, porque aunque no fueran las mejores formas, o a veces no estuviera en lo cierto, él lo creía así. Luchaba por lo que creía necesario, siempre buscó lo mejor para nosotros, y literalmente, tenía un corazón que no le cabía en el pecho. De pequeña sí recuerdo que cuando me gritaba me asustaba, me aterrorizaba un día fue antes del test del cole con la pregunta “a quién quieres más ¿a mamá o a papá?” y marqué que a mamá y que odiaba a papá… y aún me arrepiento de haber contestado “mamá”… porque es una pregunta que no se puede contestar… una mamá es una cosa, y un papá es otra… pero creo que soy mucho más afín a mi padre. Y eso es algo que se ve más de mayor. Pero esa era una pregunta que 25 años después sigue clavada en mi corazón. Era una niña, estaba enfadada, pero jamás me lo perdonaré.
Seguíamos al coche fúnebre… pero había tráfico, semáforos… nos perdíamos… no iba a llegar, iban con la hora justa al crematorio, y yo iba a llegar tarde a la pequeña ceremonia que se iba a hacer… no podía ser. Casi me da un ataque al pensar que no llegaba. Tráfico… llegamos al cementerio y estaba cerrado, la principal… ¿¿Dónde es??? Seguimos carteles de crematorio… no estaba… pero al fin llegamos, justos, pero llegamos a tiempo de entrar en la capilla. Me tuve que sentar al otro lado de mi madre y mis hermanas, pero con Juan. Estaba ahí tanta gente que no cabíamos, muchos se habían ido antes, no sé cómo todos supieron que se iba a hacer eso… porque yo ni lo sabía. Yo queriendo estar en primera fila en una misa… y temiendo de verdad no poder estarlo (aunque es evidente que me cederían ese sitio). El sacerdote apenas sabía español… aunque lo importante no era eso. No soy católica. Pero tenía que estar en esa primera fila. En ese momento. Durante esa misa, con el féretro delante de mí (yo era, otra vez, la que más cerca estaba) no pude evitar llorar, fue otro de los momentos en los que te das cuenta que es verdad. Que de verdad ha pasado. Que en cuanto saliéramos de esa puerta, lo iban a meter en un horno, su cuerpo, iba a dejar de ser su cuerpo para convertirse en cenizas. Nunca más volvería a ser un cuerpo. Ya sí que no hay vuelta atrás, si era un mal sueño esa era la última oportunidad para despertar de la pesadilla. Para ver que sigue aquí, en la cama de la habitación de enfrente, no sufriendo, si no descansando tranquilamente, para mañana levantarse y coger una paleta y seguir con el cuadro que estuviera pintando (aunque hace años que no pintaba, y el único cuadro que yo tengo, es el último que ha pintado… que se lo iba a dar a alguien, pero yo lo pedí, y aunque está sin acabar, aunque no es el mejor, aunque no tenga marco (él hacía también los marcos)… es una marina de Lepe.. y es el último cuadro de mi padre. Es un simbolismo enorme. Yo soy su última hija y tengo su último cuadro). Si se acababa esa misa, si salía por esa puerta… eso nunca pasaría. Sería cierto que se había ido con su mamá, a la que tanto extrañó.
Pero no pasó. Salimos de esa capilla. La verdad es que antes pensé salir y decir unas palabras. Si el sacerdote hubiera preguntado algo me habría lanzado a salir. Aunque no me lanzó a pedirlo. Si tenía que salir, ya me darían la oportunidad.
Salimos. Estábamos fuera. El que si fue capaz de decir unas palabras, aun con la voz rota, fue mi cuñado. Agradeciendo a todos los que fueron su apoyo, y el cariño que le tenían. Yo, cuando pueda, poco a poco, iré dando las gracias, o con estas palabras (que son para mí y no creo que nadie más lea, aunque las publique) doy las gracias, a pesar de que al igual que yo se que me apoyan y que me quieren… ellos saben lo mucho que agradezco su apoyo y su visita y que me respeten como lo han hecho.
Llegamos a casa… él no estaba en la habitación. Y nunca más estará. No vamos a estar todos a su alrededor a tomarnos las uvas en la habitación en la cama. Esa va a ser otra parte dura. Entrar cada día. Ver esa ventana desde la puerta al entrar… pasar por esa puerta que ya está abierta… y no verle. No verle y que no va a volver. No está en ningún hospital. Está en Lepe, o donde quiera ir, porque puede estar en cualquier parte que quiera estar, incluida esa habitación. Aunque no podamos estar físicamente con él.
Cenamos unas hamburguesas… no teníamos ni ganas, ni fuerzas ni hambre para nada.
Mis primos y las tías se quedaron con mi madre, cosa que además las hermanas agradecimos, porque supongo que al igual que yo, mis hermanas con pareja agradecieron en el alma poder pasar la noche con sus parejas. Yo necesitaba los brazos de Juan. Y si logre dormir en parte fue por estar con él… y en otra por puro agotamiento. Pero algo dormí.
No sin antes caer. Mientras me duchaba. Llegó lo que había estado dentro luchando por salir día y medio. La parte de los sentimientos. Los gritos, los lloros, el derrumbarme, el estar en la ducha sentada con el agua cayendo sobre mi cabeza, mientras mi corazón y mi alma se descomponían, gritando con la garganta rota que quería que me contara el cuento de la vieja Pepita, el enfado por que no le voy a volver a ver, los golpes en la pared y los “¡por qué?” las dudas de cómo seguir. La ansiedad. La falta de aire. El ataque. El no poder moverme, la simple idea de parar de llorar, de gritar y berrear, levantarme y salir se hacía imposible. Tenía que romper, que caer… eso iba a llegar, y ese fue el momento. Fue un buen rato. Muy buen rato. Pero tenía que llorar, llorar tranquila, a gritos… es importante. Cuando juan vino por mí no me podía mover, cortó el agua, me tapó, pero no quería ni podía levantarme… le miraba como una niña pequeña “un poco más”… con una paciencia infinita y un amor incalculable estuvo conmigo, me calmó, me hizo salir de la ducha, me vistió porque yo no podía moverme, estaba totalmente en shock. Hasta que me calmé, mirando la tele… hice que llevara la tele a la habitación para no estar en silencio y a oscuras… y con eso y sus brazos, al cabo de mucho rato, caí dormida. Agotamiento.
Y al día siguiente volvimos a casa. No me acostumbro a decir “de mi madre” y no “de mis padres”. Y otra vez la ventana sin él dentro. Otra vez la habitación vacía. Aunque hoy he entrado con más normalidad. Nuska se pasó la mañana en esa cama. Con ojos tristes. Y yo estuve un rato por la tarde. Necesitaba entrar, es otra de las cosas que necesito hacer. Entrar, sentir…
Comimos, “como los jipis” de pie, en la cocina, picando un poco de todo, lo que mi hermana había cocinado y algo más que llevamos…
Una vez más la súper héroe de Nieves volvió a hacer cargo de todo, yendo el lunes a Lepe a hacer lo que haya que hacer para que el fin de semana podíamos ir y meterle con su madre. Para ver si se podía hacer una misa. Nos ofrecimos a acompañarla, pero no quiso, y dijimod que era por no dejarla sola… dijo que la venía bien estar sola.
Ella iba a ir a recoger las cenizas. Ella iba a llevar a papá a Lepe. No iba a hacer el viaje sola. Iba a ir con él. Y mientras volvíamos a que acompañe a su madre… estuvo unos días en el aposento. Aunque ahora sean casas. Estuvo en el aposento, el campito que era de su padre, con la casita y el burrito. Me pareció una idea genial por su parte. Como digo está en todo, y es un genio del corazón.
Además de nosotras, vinieron por la mañana Tere y Jose que no se habían enterado. Por la tarde fueron Paqui y Benito, que al final consiguieron levantar a mi madre y salir al jardín con ellos. Benito ha regado… aunque luego se ha roto el grifo y estuvo soltando agua y agua hasta que mi hermana se dio cuenta… ¿Sería el agua también el elemento de mi padre? Después de un rato de pelea con la llave, hubo que cortar el agua… después no se podía dar… total, que estuvimos toda la noche sin agua, sin poder tirar de la cadena, saliendo a por cubos de agua de la fuente como mucho… y aguantando .por la mañana mi madre llamo al seguro para que cambiaran el grifo.
Mi sobrina se quedó a dormir también. Es una princesa valiente y llena de corazón. Es tan tierna y tan bonita…
La noche fue mala otra vez, nos dieron las 7 de la mañana… y a mi madre una angina, aunque se lo había callado. Y a partir de las 9.30 el teléfono que no paraba de sonar. Aquí vuelvo a decir lo mismo… mi humilde opinión, se agradece la muestra de cariño, pero que el teléfono este sonando constantemente… no ayuda, si no todo lo contrario. Si lo coges por lo que te dicen, si no… porque en cada timbre lo recuerda. Entiendo la necesidad de llamar, de llamar a preguntar, pero… es jodido. Además, como ha llamado al seguro por lo del agua, pues el fontanero tenía que llamar, por lo que había que cogerlo.
Al final fuimos las cuatro hermanas a por las cenizas. Lo cual ha sido otro momento. Cuando pasas a una sala a parte después de firmar. Y sale la urna… impresiona… te dan los papeles… y una bolsita. Al ver la urna tuve la necesidad de tocarla. De sentirla. Fui la última que le besó y la primera de nosotros que tocó la urna. Pero cuando Nieves preguntó ¿quién la coge? Cuki se abalanzó a por ellas, a abrazarla. Cada una tenemos una cosa que hacer, Nieves estar allí con él y decidir dejarle ir, yo ser la última en besarle, Cuki ser la primera en abrazar sus cenizas… íbamos a salir, pero… fue difícil y volvimos a sentarnos. Estuvimos hablando de que todas teníamos la certeza de que iba a pasar, que venían cambios, el presentimiento… todas lo teníamos claro. Después de un rato salimos, y fuimos a casa. Mi madre tardó en reaccionar al verlas, pero cuando las vio… otra vez abrazar y llorar. Pensar que ahí, en algo tan pequeño está todo él. Todo lo que significó e hizo… en tan poco…
En principio iba a ir Nieves solo, pero nosotras queríamos hacerlo, y acompañarla. Abrazar las cenizas y tocar la urna era otra de las cosas que tenía que hacer.
En el coche hablamos de dónde se podían echar las cenizas, en qué parte exactamente, y fue Cuki la que dijo una ubicación que nos ha gustado a todas: los pinos cerca de la torre del catalán. En alto, con vistas a la playa, cerca del Terrón, monte, cerca del Silbao… y algo en lo que no hemos caído. Él nació en Andorra, pero el abuelo bajó a registrarle en Seo de Urgel… en Cataluña. Liberarle en la torre del catalán es otro pequeño detalle que demuestra que es el sitio idóneo. Ojalá se pueda acceder y poder hacerlo.
Mis sobrinos pequeños también lo sabían ya, y dijo: “el abuelo está reconstruyendo el cielo con el Minecraft”. Cuando vinieron, fueron directos a la habitación el primer día, y después de coger las cenizas, alguien dijo a Dani que fuera a darle un beso a la abuela, y con total naturalidad respondió “sí, pero al abuelo no, que está en el cielo”. Nos dejó a todos alucinados. Tenemos tanto que aprender de ellos y de su naturalidad…
Esa noche, Nieves se fue sola en el autobús, y nos dijo “llevo a papá en los brazos, ahora es él quien descansa en mi regazo”. Es increíble como pocas palabras hacen sentir tanto… En unas horas ya había solucionado y dado la fecha y la hora “sábado a las 13.00”, después hablando con el sepulturero, la lápida… yo, solo de escuchar eso ya me agobio. Y ella es capaz de hacerlo todo… Siendo a las 13 supongo que podremos ir antes a soltar parte cenizas en naturaleza… y la misa sería a las 19.30 en la Iglesia de Lepe. Aunque según el cura el sábado es día de gloria y no se puede hablar de difuntos (curioso, teniendo en cuenta de quién están hablando…) pero que dado el caso nos hacía el favor. Yo escribí algo y pregunté por si podía leerlo en la misa, pero me dijeron que no, que ya había hecho mucho favor… así que… lo leería en el cementerio.
La semana fue dura. Difícil. A ratos. Había que volver al trabajo. Y volver a la vida. El lunes el simple hecho de coger el coche otra vez (no lo cogía desde que vine a casa después de “la llamada”), arrancar y circular… me costó mucho. Muchísimo. Tenía que salir, y tenía que recoger la mochila de la ropa y todo lo que había dejado en el gimnasio. Menos mal que en casa de Aurora y no en el gym. Porque el hecho de ir a ese barrio… me costaba mucho. Más de lo que imaginaba, teniendo en cuenta que no había sido allí… estuve con Aurora que me dio una infusión de relax y un bizcocho casero de choco… Fue la primera vez que hablé algo fuera de la familia. Fue difícil salir, pero necesario.
El martes fui al gimnasio, pero como alumna, no me atrevía a hablar, pero si tenía que salir, acercarme, y entrar, hacer más progresiva la vuelta a la rutina. Es más complicado de lo que parece, cada uno es un mundo, pero yo tenía claro que no podía ponerme delante de un montón de gente y hablar, y hacer cosas. La entrada y la bajada… fue dura, pero los que me lo dijeran en el martes no me lo iban a decir cuando si tuviera que hablar. Me puse en la última fila cuando ya estaban todos colocados, y la última canción me fui, porque ya me hacía llorar… y me costó mucho no llorar durante la clase en algunos momentos… pero conseguí entrar en la clase.
La vida en casa igual, sin terminar de creerlo, sin hacerse a la idea del todo. En el fondo aún es como si estuviera de vacaciones, o en el hospital, o simplemente en los ratos que no estaba con él… no me creo que de verdad que no le vaya a volver a ver. Mi madre está igual. Cuando pase más tiempo, y vea que es verdad, que no está… va a ser otro palo. Cuando llegue su cumpleaños, cuando llegue Navidad… o cuando pase más tiempo y de verdad necesite un beso o un abrazo… se puede aguantar un tiempo, pero después… ¿qué se hace cuando lo necesitas y no lo vas a tener? Eso sí va a ser lo más duro.
El miércoles ya me incorporaba por la tarde al trabajo. Y… por si no iba con suficiente nervios y agobio… un atasco de cojones, de tardar 59 minutos en un trayecto de 7 minutos. Llegar tarde, muy tarde, que no avanza, ni a un lado ni otro, ni en un sentido ni en otro. Más agobio. Me dio un pequeño ataque de ansiedad. No pude evitar pensar que menos mal que eso no había pasado el jueves anterior cuando me tuve que ir volando a casa… porque ahí sí que habría explotado, o tirado de freno de mano y me hubiera ido corriendo… no sé… y mejor no pensarlo. No tenía que pasar. Tenía que pasar en ese otro momento para que el agobio de la vuelta se cambiara un poco por el agobio del tráfico. Cuando por fin llegué, mi compañero había empezado la clase, pero al mirar dentro… ¡mi hermana Cuki estaba en la clase! Había venido desde Seseña para acompañarme en la reincorporación. No me di cuenta lo muchísimo que necesitaba tener una cara tan cercana en ese momento. Tener un apoyo así en la clase. Y después de haber llegado así… pues aún más. Sabía que si me fallaban las fuerzas podía mirarla y calmarme. Fue todo un detalle por parte de mi hermana. Me hizo muchísimo más fácil la vuelta.
El jueves… ese sí que fue un día difícil en todo. Mi madre ya lo temía desde por la mañana y estuvo peor, “esta tarde a las 19,00”… no paraba de repetirlo, y yo también lo sentía dentro. ¿Cómo poder repetir la rutina de una semana antes sin tener un nudo en el pecho? Tengo unos compañeros que son maravillosos y me han apoyado muchísimo, pero que me cambiaran la clase de ciclo… fue vital para mí. Podía ir al gimnasio, con dificultad, pero podía, podía trabajar… malamente, pero podía… pero lo que no podía era subirme otra vez a la bici… no tan pronto. No en jueves a esa hora…
Estábamos preocupados de que ninguna podíamos estar en casa con mi madre a esa hora… dos iban a estar de viaje a Lepe… y las otras trabajando. Y yo ya la había dejado mal… con un principio de angina.
Se acercaba la hora… yo me libré del TRX… y me tuve que salir a dar una vuelta y comprar chuches, porque necesitaba airearme, no podía estar ahí una hora esperando… (que por cierto, igual que decía que hay trabajos horribles, también digo que hay comerciales que habría que meterles la lengua por el culo y después la saborearan otra vez. está claro que no me conocen y no sabe mi situación, pero anda que no está pasando gente que tienes que coger a la que tiene unas ojeras por la mandíbula, está hiperventilando, con los ojos hinchados de haber llorado y estar luchando por no seguir llorando… y decir “hoy es tu día de suerte!!!!” de verdad. Hay que saber elegir a quién te acercas, porque lo más suave es el “no, no, no, no” luego el “que me dejes!!!!” y luego que rompa a llorar diciendo qué es lo que pasa. Un poco de ojo, comerciales. Hay que ver a quién coges para intentar vender. )
Cuando volví con la bolsa de chuches… mi compi empezó a hablarme de los cambios que iba a hacer… y yo solo podía mirar el reloj… no podía pensar en otra cosa, la verdad es que no escuchaba nada de lo que me decía… me decía que tenía que seguir, que tal y cual… y fue un poco más brusca de lo que pretendía… pero yo solo podía mirar la hora… Poco antes de las 19.00 me bajé a la sala, tenía la hora de sala, ya que mi compañero me había cambiado la clase. Encendí una vela morada. Si algo tienen estas cosas es que me da absolutamente igual de que me tomen por una loca. Me da igual. Son cosas que tengo que hacer. Había pasado una semana y no había encendido la vela. Tenía que ser en ese momento. Pasé esa hora escribiendo, no sabía qué iba a escribir. Simplemente dejé que mi mano fuera sola. Empecé a escribir un cuento, que poco a poco iba tomando forma. Pero no lo pude acabar. Porque tenía que subir a dar stretching. Menos mal que ya había visto antes a todas, o casi todas las alumnas de esa clase tan cercana, porque si no, no sé cómo habría podido hacer frente a esa clase. Aún así… fue una clase lúgubre. Siempre asustamos a las nuevas del cachondeo que hay en esas clases… pero la nueva de esa clase debió salir alucinada, con lo contrario. De momento, la profesora entra de negro, los ojos como sapos y las ojeras, andando con una vela en la mano… después entra otra con la misma cara (mi pobre Auro estaba muy chunga también, bajó por apoyarme. Nadie que no lo sepa es capaz de imaginar lo mucho que hacen las caras amigas y cercanas en ciertos momentos… y ese, era un momento que necesitaba tener una cara amiga, ya que no podía estar con mi madre), ni una sonrisa, una voz lineal… sin ningún comentario extra… a mitad de la clase Auro sale a llorar y Coral la acompaña… después salimos con la vela gimnasio abajo… parecía más una secta. Pero… de verdad que no podía con más. Tuve la suerte que solo hubo una chica que decidió irse en la siguiente clase y me pude venir a casa… en otro trayecto muy difícil. Muy, muy, muy difícil… Volví a llegar temblando. Volví a recordar. Antes de entrar tenía que sacarlo de mi cabeza.
Mi madre estaba sola. Y fastidiada. Pregunté si alguien había ido esa tarde… y su respuesta me llegó al corazón, vuelvo a repetir que hay gente realmente maravillosa, a veces quienes menos te lo esperas… resulta que Mohamed, el hijo de Abdul (el jardinero) con 13 años, había cogido el autobús él solo, para venir a estar ese rato con mi madre y que no estuviera sola. Llegó justo en ese momento para acompañarle. Desde luego hay niños que son muy tiernos… y más que tiernos, el detalle que tuvo ese niño no tiene precio. También vino otra amiga…
Esa noche, pude dormir en casa, porque mi hermana Cuki al final no pudo salir por la tarde a Lepe, y se iban el viernes por la mañana, y decidieron venir a dormir con mi madre y dejarme dormir con Juan esa noche. Lo cual… tengo que decir que me vino muy bien. Era una noche difícil, y poder estar con él… me vino genial. Además así podía cerrar la casa yo antes de irnos.
Esa fue también una mala noche… aunque aún no ha habido noches buenas, solo las que hemos caído por agotamiento puro.
El fin de semana iba a ser muy largo, muy difícil y muy duro. Muchos kilómetros, muchas emociones… nunca pensé que me fuera a ser tan difícil ir a Lepe. La sola idea de pensar en lo que me venía… me ponía un nudo dentro. Un nudo que no se había quitado, un nudo que… aunque me gustaría decir que llevaba una semana, era un nudo que llevaba más tiempo. Por lo menos unas semanas cuando veía la situación… si es que ahora, mientras escribo, a pesar de todo… no me lo creo, hace tan poco que le levantaba a comer, o al baño… no me hago a la idea. Aún miro en la habitación y espero que me llame. Hace tan poco… le tenía aquí… y ya no le voy a tener nunca más. No quiero. No quiero que sea así. Quiero tenerle. Llevo casi dos semanas diciendo que era lo mejor, que se lo merecía… ¡¡¡y una mierda!!! ¿¿Por qué tiene que ser mejor esto y no que estuviera como estaba hace un tiempo?? ¿¿Por qué no es mejor que pudiera volver a pintar o andar?? O no tan lejos… ¿por qué es mejor esto que el que esté las mañanas sentado en el jardín dando de comer a los pajaritos? Ya no lo va a hacer más. Se le veía “tan bien”. ¿¿Por qué tiene que ser esto mejor?? ¡¡Esto es una maldita mierda!! ¡¡Una absoluta basura!! Sí, es mejor que como estaba este mes. Pero no es lo mejor. Lo mejor es cuando podía ir a Lepe, pintar, cuando quería disfrutar. ¡¡Eso es lo mejor, no esto!! Tengo una parte racional enorme… pero también tengo una emocional. Una que me dice que esto no es ni de lejos lo mejor. Una parte egoísta que quería tenerle… una parte egoísta que le hizo mantenerse demasiado… A pesar de todo uno no se hace a la idea, lo sabes dentro de ti, pero en el fondo esperas equivocarte. A todos respondía “mi padre ya no mejora”, pero cuando mi madre me preguntó… mi respuesta fue “ha salido de otras peores”. Sé que se merecía el descanso… pero era mi papá. Y… a veces ni siquiera me atrevo a decirme que quería que no se fuera, tengo miedo a que me oiga y no cruce, o vuelva, o se quede… y eso no lo quiero bajo ningún concepto. Tengo una cabeza absurda que no me permite decirlo… por miedo. Sigo siendo una niña pequeña, tonta, que quiere a su papá. Que tiene miedo a perderlo. Ya le he perdido, ahora tengo miedo a que no descanse por portarme como una niña caprichosa. Mi parte racional me dice que es absurdo, tanto pensar que le quería conmigo a pesar de todo, como pensar que por decirlo le vaya a retener de una forma diferente. Pero mi parte emocional… me dice las dos cosas. Es una lucha interna entre la razón y el corazón… y cada vez gana una.
El viernes me levanté, había dormido algo, aunque ni de lejos suficiente, como está siendo habitual, me dan las tantas, tantísimas y me levanto demasiado temprano… Había dormido con Juan… y con la tele con luz y ruido. Que… esa es otra, nunca he tenido miedo a la oscuridad… es más, siempre me ha gustado… y ahora no puedo quedarme a oscuras, ni en silencio (aunque el silencio nunca me ha gustado). Otra vez mi parte tonta toma el control de mí, pero… es una de las ocasiones en las que tengo que ceder ante ella, mi parte racional se pasa el día luchando por mantener el control en las cosas del día a día, en detalles como este… tengo que dejar a mi parte irracional vencer, a mi parte racional salir. Si no voy a explotar intentando mantener la razón en todo momento.
Recogí la casa, por eso de dejarla que pareciera que habitan humanos… tres semanas en las que sólo estoy en casa 5 minutos al día… con dos gatos y un hombre… como para que tuviera que entrar alguien a dar comida a los gatos… que pudiera hacerlo sin tener que vacunarse… y así me mantenía ocupada para que pasara el tiempo hasta ir a recoger a Juan. Fui a buscar el cd de Bebe, que salía ese día, para escucharlo en el coche… pero no lo tenían, y Juan me llamó que salía antes, así que compré unos sándwiches y fui a por Nuska… y… mi parte irracional volvió a jugarme una mala pasada… mi parte emocional. Había una maleta en la que estaban guardando su ropa. Una maleta a medio hacer. No pude evitar olerla… y tenía su olor… Sigue teniendo su olor. No puedo evitar entrar en la habitación… escabullirme… cerrar los ojos, oler su ropa, y pensar que tengo la cabeza en su pecho… que no estoy captando su olor en la ropa… si no en él… en su pecho… Es algo que no se puede explicar… cuando empezamos a salir, Juan me regaló una camisa suya… y me tranquilizaba dormir con ella, o con unas gotas de su colonia en mi almohada. Esto es diferente. O lo mismo. No es al chico que me gustaba y que iba a ver en unos días lo que quiero recordar… es al hombre de mi vida, al que nunca más voy a volver a abrazar… lo que quiero sentir cerca, lo que quiero recordar. Intento no hacerlo, pero quiero aprovechar que aún tiene su olor, para sentirle cerca. Eso es algo que se borrará también con el tiempo, y esto aguanta un poco más. Aunque en el fondo me duela. No sé si incluirlo en las cosas que tengo que hacer, o en las cosas de niña tonta masoca. Es una mezcla de ambas.
Me costó, pero salí de la habitación y de casa. Cada kilómetro que me acercaba a Lepe, ese nudo se iba haciendo más grande. Los momentos de silencio… volvía a luchar entre la emoción y la razón. Pero cuando llegué al puente de Cartaya… ya no pude más. Era demasiado. Ahí me había enseñado a conducir mientras hacían la carretera. A partir de ahí… cada maldito centímetro me traía recuerdos, emociones, cosas muy intensas e importantes. Que aunque hacía años, o tiempo que no hacía o no estaba con él, son recuerdos. Tantos recuerdos en poco espacio. La ansiedad volvió a dominarme. Demasiados sentimientos. Demasiadas cosas. No puedo describirlo. ¿Quién me iba a decir que iba a entrar en Lepe con un ataque así y con miedo a llegar? Porque después de donde aprendí a conducir(no cuento cuando me sentaba encima de él cada vez que metía el coche en casa, y yo decía que era yo quien metía el coche… aunque no llegaba ni a los pedales), viene el pantano donde iba a saltar las piedras y al monte… después, cuando íbamos por la carretera, cuando era pequeña me escondía detrás de su asiento… y él hacía una cuenta atrás y hacía “magia”… yo me escondía, y cuando llegaba a cero… ¡¡¡estaba Lepe ahí!!! Era capaz de hacer aparecer a nuestro querido Lepe. Y eso lo hizo todas las veces que he ido a Lepe con él y que no coincidía… aún con 22 años. No importaba. La cuenta atrás era… imprescindible. Cuando digo que cada centímetro, allí donde mire… una cosa tras otra, un centímetro tras otro.
A la hora a la que llegamos, y como llegaba… fui a la playa directamente. Pasando por el cementerio. Pasando por los atajos. Pasando por la cruz primera. Pasando por el campo, pasando por la ermita, pasando por el Terrón, pasando por el camino a la playa (donde yo llevaba el coche cuando me iba a sacar el carnet) pasando por la torre del catalán, llegando a la playa… TODO. Absolutamente todo. Llegué a la playa con una necesidad imperiosa de meterme al agua. No sólo por el calor y el mal cuerpo que llevaba, no sólo por la ansiedad que tenía, no sólo porque es otra cosa que TENÍA que hacer. Él adoraba la playa, y el mar… y bañarme en él… me hacía sentir un poco más cerca de él…
Estaba mi hermana Nieves, con la cara como la tenía yo… y los niños pequeños se bañaron conmigo… Me vino muy bien que se bañaran conmigo, porque habría sido mucho más duro… y más triste, jugar con ellos me mantuvo un poco y me recuperó un poco. Jugué con ellos como jugaba mi padre conmigo cuando era pequeña… saltar las olas, saltos y lanzamientos… y sobre todo “montar en tortuguita”. Algo que había olvidado… hasta que me vi en la playa con los enanos… y lo recordé. Siempre lo hacía en la piscina o en la playa, se sumergía, se ponía a cuatro patas en el suelo, y yo me subía a su espalda y le agarraba el cuello, y él andaba conmigo encima, como si fuera montando en una tortuga. Ahí si me salieron unas lágrimas, pero como estaba en el agua, no se notaba tanto. Pero los niños se salieron… yo que quedé un poco más. Sintiendo… intentando conectar. Intentando coger algo de fuerzas para el día siguiente, que iba a ser muy largo y muy difícil. Muy mucho.
Cuando ellos se fueron, nosotros dimos un paseo. Necesitaba andar por la playa. No sé cómo soy capaz en Madrid de levantarme sin tener la playa para pasear, para que me calme, para que me dé un poco de energía para poder levantarme. Me resulta tan necesaria. Y Juan y Nuska a mi lado. Lloré, grité… sentí… me calmé. Entendí, no entendí. Todo. Un torrente de sentimientos, de pensamientos y emociones. Cada centímetro. Tantísimos recuerdos. Me iba a bañar otra vez, ya de noche, cuando vimos que el coche que aparcaba era el de mi hermana mi cuñado y mis otros sobrinos. Mi hermana Cuki estaba como yo: hecha un mar de lágrimas por cada centímetro, de estar allí… porque al igual que a mí… TODO. Tantos recuerdos, tantas cosas… lloramos juntas. Nos abrazamos. Me volví a bañar.
Quedamos a cenar todos juntos, menos mi hermana Susana. Mientras esperábamos la comida… hablamos de “mañana”. De ese sábado tan largo. El más largo y más difícil de mi vida. Ya tuve un peor jueves. Un viernes de pesadilla. Ahora tocaba el sábado… Cada día diferente, peor en su manera. Quedamos para todo. Estábamos temblando todas.
Tuve que volver a pasear un poco por la playa, para volver a coger un poco de fuerza para lo que me esperaba.
Las cenizas de mi padre pasaron la última noche con mi madre, en casa con su hija mayor y su familia. La anterior noche acompañado lo había hecho con su segunda hija y su familia. Las última noche que pasó con una de nosotras antes fue con Susana en fin de semana, y las anteriores conmigo entre semana. Cuenta ascendente. Tenía que pasarla con mi madre esa noche. No podía ser de otra forma.
Si no he dormido ninguna noche, esa fue… si ya había tenido un aluvión de sensaciones… no era nada comparado con lo que iba a ser el viernes. Un carrusel de emociones, de pensamientos, de recuerdos. Mareante. Dormí poco.
No hizo falta que sonara el despertador. Yo temblaba de pies a cabeza. Pero mi parte racional cogió el control y no me abandonó hasta la noche. Aún me sorprendo. Aún no lo entiendo. Salí de casa con mi hermana Nieves y Susana y fuimos a casa de Cuki. Allí cogimos las cenizas. Cuki conducía… yo le llevaba en mi regazo… como tantas veces fui yo por Lepe con él. Al igual que hacia él, le iba contando las cosas que veíamos.
Llegamos a la torre del catalán. Todo mi interior temblaba. Mis hermanas estaban igual.
Subimos las escaleras.
Llegamos arriba… y no era como tenía que ser… había obras abajo, vallas, mierda y destrozos humanos. Dudamos si sería el lugar… o el puente si no… pero Susana dijo “él no lo ha conocido así, lo importante es el recuerdo, el sentimiento, las vistas” y yo estuve de acuerdo. Donde iba a ser libre, no lo pueden tocar. Y… lo importante son las vistas, el recuerdo, no que debajo hayan hecho una obra. Decidimos hacerlo. Pensamos aprovechar la cuerda y dejarlo dentro de la torre, pero la cuerda estaba roñosa, y solo nos faltaba encima que se partiera y rompernos. Además, seguro que dentro de la torre sí que está llena de mierda. Decidimos hacerlo hacia el bosque en vez de hacia el precipicio, por encima de la valla.
Fue Susana la encargada de abrir la urna. Tengo que decir, que eso se suma a la lista de momentos más duros. Más difíciles. Una torta de realidad. Ella fue la que tuvo el valor de abrir la urna. Yo a pesar de todo, no sé si hubiera podido. Susana, ha estado bastante entera con todo esto… pero en ese momento… tuvo que sentir, tuvo un bajón. Es un golpe de realidad. Un… no puedo describirlo. El que no lo ha vivido… no lo sabe, no se puede imaginar. Ella fue la primera que cogió la concha (con la que íbamos a hacerlo, era la forma más bonita y cómoda de hacerlo). Y se despidió, fue la primera que le devolvió la libertad. En ese momento, un soplo de aire quiso que parte de esa ceniza viniera a mí. Y a pesar de todo, a pesar de lo que pueda parecer, me hizo feliz. Me sentí cerca… quise pensar que era un último abrazo, por ese beso que no le quise dar por no despertarle. Me alegró, vino a mí. Me alegró mucho. No sabía cómo iba a reaccionar ante el hecho de ver las cenizas… de tener que coger una parte de ellas y liberarla. Pero eso… me dio fuerzas para todo el día. Cuki fue la siguiente. Nieves después. Yo quise ser la última… tuve que tocarlas. Tuve que tocarle. Después me dibujé un corazón en el pecho. Soplé para liberarle. Mis hermanas soplaron conmigo. Me pareció la mejor forma de liberarle… con mi aliento. Yo nací de él, de su aliento, crecí con su aliento, con su fuerza, con su calor, con sus ánimos y sus besos. Me parecía justo despedirme de él desde dentro, con mi aliento, con mis besos… con mi calor… una forma más cercana de hacerlo.
La concha, intentamos meterla dentro de la torre, pero era ligera, y no entró, yo fallé… al caer se rompió en cinco trozos. Cinco: mi madre, y cada una de las cuatro hijas. Cogimos cada una nuestro trozo, y el trozo de mamá… y lo lanzamos en dirección al mar. Está lejos… pero también tenía parte de él.
Fue duro. Muy difícil. Pero estábamos cumpliendo parte de su sueño. No todo su cuerpo va a estar encerrado en un nicho, a pesar de estar con sus padres… le dimos la libertad, la oportunidad de que una pequeña parte de él, esté en el monte, con vistas al Terrón, pueda volar hasta el mar… disfrutar de eso de lo que tanto disfrutó en vida. Y con lo que tanto soñó en sus años de encierro.
Leí el cuento que había acabado de escribir por la noche. Lo había leído mil veces para que no me temblara la voz. Fui capaz de hacerlo, quería hacer un homenaje a esta despedida personal. Cada una nos despedimos hacia dentro cuando le liberábamos. Pero… quería hacer algo más.
Al bajar, Susana y Cuki hicieron una parada entre los pinos… para meditar, para pensar… bajamos en silencio. Cada una íbamos mirando hacia dentro. Yo le llevaba en brazos. Le decía que iba a estar muy bien. Que iba a descansar como un señor, que tenía unas vistas preciosas, el monte, la playa… todo lo que tanto le gustaba.
A la vuelta, Cuki, dio una vuelta por el Terrón, sin bajarnos, como hacía cada noche. A veces bajábamos, otras no, pero todas las noches pasábamos por el muelle, a ver los barcos, a oler el puerto, ver los pescadores y las redes. Fue un detalle precioso… y yo le llevaba en mis brazos.
Fuimos a casa. Con el tiempo justo para coger los coches e ir al cementerio.
El cementerio estaba lleno de gatos, pequeños, grises, negros… preciosos. Va a tener compañía viva. Ellos seguro que se encargan de defenderle de “visitantes no deseados” y son unos magníficos compañeros.
Fue un montón de gente. Me sorprendió que fuera tanta gente al cementerio, teniendo en cuenta que no era más que abrir el nicho y meterle. Lo escribo, y mientras lo hago el nudo de mi pecho se aprieta. Lo escribo como si nada… pero… es tan grande lo que eso es… abrir el nicho… dejarle allí… para siempre. Definitivamente. Ya no más. Ya no veré más no sólo a él, tampoco a la urna que contiene sus restos.
Fue familia… primos que hacía años que no veía, amigos como Pepe, los Gatón (que eran otro de los platos fuertes… que al abrazarme, me dijo que ya estaba también con alguien que le quería mucho… hablando de su hijo de mi edad… once años hace ya…), Francis (otro de los platos fuertes), Manolito Reyes, la mujer de Rancapinos, entre otros… primos que sí que solía ver… amigos de mis hermanas, amigos míos… Sara, el Chorrinca, que cuando voy rara vez coincidimos, pero a pesar de todo… ahí estuvieron conmigo en un momento como ese, Verano… que le gustan los cementerios tan poco como a mí… mucha gente. No conocía a todos, o no recordaba a todos. Ellos me conocían a mí, pero yo no los reconocía a todos. Mucha gente. Era muy querido.
Lo del cementerio “era sencillo”. “Solo” abrir el nicho, del que ya habían quitado el mármol, que hay que cambiarlo… quitar la tapa, y meterle. Sólo eso. Otro de los momentos duros, difíciles… definitivos. Eso si que era definitivo. No era “sólo” abrir, meter y cerrar. Era la última vista. Era ver el ataúd del abuelo… era… la última visión. No creo que a pesar de que mi parte racional sabe lo que es, mi parte emocional aún lo comprenda. No me lo creo aún.
Mirar las fechas que había en la lápida… mi abuela el 23 de septiembre… mi abuelo el 26 de septiembre… mi padre el 1 de octubre… (y si cuento a Bis… el 25 de septiembre). En cuestión de una semana, 8 días de diferencia máxima entre todos. Las fechas son curiosas. Yo ya sé cerca de qué fecha voy a morir. El 4 de octubre cae en mi aniversario con Juan, si caigo antes que él, sólo espero que no sea en ese día. Y si es después (que no creo), sería un día bonito. No es algo en lo que quiera pensar… pero tuve ese presentimiento. Como me ponga muy mala en esas fechas… voy a asustarme mucho.
Pepe Luis, como gran florista que es, llevó un centro de flores. La banda, ponía lo que sus alumnos de pintura pusieron, que se ha convertido en la frase que más hemos repetido, que más nos ha tocado “el cielo no es azul”. Una forma muy poética y preciosa de decir lo que todos sentimos. La banda original se perdió, no sabemos cómo, porque la buscamos, pero no estaba. Pero las flores con las que después cerraron su nicho, no sólo tenían sus colores con la bandera de España que tanto sentía mi padre, si no que tenían esas preciosas palabras: “el cielo no es azul”. Y el cielo no estaba azul, los días de acontecimientos ha estado gris. Aunque seguro que él decía que no es gris. Esta vez, todas nosotras tenemos nuestra cinta con esas palabras. Cuando Sara me dijo “luego la coges” mi respuesta inmediata fue “no, por dios, no puedo”. Pero… sí la quería. Nos dolió no encontrarla. Ahora todas tenemos una. Como llevaba un imperdible en la mochila enganchado, aproveché para ponerme la cinta con esas preciosas palabras al lado del corazón, en el pecho, cosa que mi hermana también hizo.
Nos reunimos todos ante el nicho (voy a hacer un mini inciso para comentar… que en la Almudena, casi todo son tumbas, pero en este, sólo hay cuatro o cinco tumbas, el resto son todo nichos. Es curiosa la diferencia… un pueblo, el tamaño…) y el hombre abrió… mi madre tenía la urna… y mi hermana mayor se la acercó… aunque mi madre no quería soltarla. Él la metió dentro.
Yo quería hablar… leer. Me lancé a abrir la boca, a hablar… a decir que quería leer dos cosas. Empecé leyendo el agradecimiento, la despedida. Esas palabras que quería decirle, que él ya sabía, pero que quería que todos las supieran, que todos me oyeran decir lo mucho que le quiero, lo mucho que le admiro, lo mucho que deseo que sea libre… Tenía que decirlo. Fui capaz de decirlo sin llorar, aunque había pedido perdón de antemano, aunque todos lo entenderían. Pero fui capaz de hacerlo. Quería decírselo, y quería decírselo de forma clara. Que todos lo supieran, que todos me entendieran al decirlo. No quería titubear. Porque me alegra que ya no sufra. Porque él no querría que yo sufriera, ni yo ni ninguna de nosotras. Porque quería hacerle un homenaje, y otra cosa de las que aprendí de él, es que las cosas, cuando se hacen, se hacen bien, que hay que ser fuerte e interponerse para hacer las cosas bien, que si hay que guardarse un momento, para que salga bien… se hace. Ser perfeccionista. Y no se me ocurre nada que requiera más perfección que la despedida y agradecimientos a la persona del mundo que es más importante y más querida para mí. Él se merecía la perfección en la despedida. No podía permitirme no hacerlo así. Tenía que ser perfecto para él. Él era un artista, buscaba la belleza, las cosas bien hechas y la perfección. Hasta el final. Pude darle una despedida como él me enseñó: todo lo perfecta que me fuera posible. Todo se puede mejorar, pero tengo que decir que estoy algo orgullosa de mí.
Mis palabras no sólo me emocionaron a mí, a pesar de ser capaz de pronunciarlas, fueron capaces de emocionar a todos o casi todos los presentes. Las cosas que decía, aunque salían de mi corazón, sé que todos podían trasladar mis palabras a lo que ellos sentían o pensaban. Hicieron reflexionar a cada uno, mirar y recordarle. Pero a pesar de eso, todos acabaron con una sonrisa… un “arriba España” como siempre decía mi padre… al que muchos respondieron, con una sonrisa, o con otro “arriba España”.
Las palabras, la despedida, quería que fuera algo de dentro, algo de mí para él, pero el poder de las palabras, es la capacidad de transmitir, de hacer que todos los que las escuchen evoquen recuerdos, sentimientos o pensamientos… mi despedida, salía de mí, era por él y por mí, pero a la vez… quería leerlo en alto, delante de la familia y amigos, para que mis palabras, sentimientos y pensamientos, fueran acompañados por los de sus seres queridos, por los que le querían, que unas palabras, y los sentimientos de alguien tan pequeño como yo, llegaran a él con la fuerza y el apoyo de todos los que estaban allí, que dieran más fuerza. Que le llegaran los de todos y cada uno de nosotros. Todos juntos. Una corriente de cariño, de recuerdos, de bendiciones… que seguro le llegó como un chorro de aire fresco, seguro que le emocionó, que le hizo sentir todo lo que se le quería, no sólo en casa, sino allá por donde pasaba. Todos le querían. Era imposible no hacerlo a pesar de su carácter duro algunas veces. Me alegra saber, que con la ayuda de mis palabras, le llegara todo ese cariño junto.
Cuando terminé el agradecimiento, pregunté si alguien quería decir algo más. Nadie más pudo hablar. Así que volví a tomar la palabra. Volví a leerle el cuento. Mi madre aún no lo había oído. Mis hermanas y él sí, pero… Quería compartirlo también con todos los que le querían.
Volví a poder a hablar y leer sin que me temblara la voz. Esto también tenía que ser perfecto. Porque como todo el mundo supo, el cuento hablaba de él. Y no podía hablar de él si no era de la forma más perfecta que pudiera hacerlo. Quizá fue la fuerza que él me dio, quizá la seguridad y la calma que me dio que vinieran a mí las cenizas, quizá es que mi parte emocional quiso hacerle ese regalo de dar esa perfección. Aún no lo sé. Pero pude hacerlo. Juan estuvo a mi lado abrazándome en todo momento mientras hablaba, dándome apoyo, lo agradecí, pero no lo necesitaba, el apoyo que necesitaba venía de mi padre, tenía que hacerlo bien por él, estaba ahí, y tenía que hacerlo perfecto.
Intenté hacerlo todo lo bien que pudiera, pero… era consciente de todo, no quería levantar la mirada tanto como debería, porque una cosa es controlarme, y otra hacerlo viendo todos los sentimientos que había, pero en el cuento, sí que tenía que levantar la mirada en algunas ocasiones. Pero nadie me miraba, todos sentían, miraban abajo o cerraban los ojos, otros me miraban con la mirada perdida… eran palabras que hay que escuchar desde dentro, sentir…
Una vez más, las palabras volvieron a emocionar, volvieron a despertar sentimientos. No sé si aplaudieron incluso. No quería protagonismo. Quería hacer una pequeña “ceremonia” o despendida, no “sólo” abrir, meter la urna y cerrar. Mi padre era especial, merecía algo especial. Merecía arte en su despedida. Y mis sentimientos son todo el arte que yo puedo aportar. Hacerlo era la única opción.
El sepulturero esperó pacientemente a que acabara para poner la tapa. Para colocar las flores, ya que el mármol no había dado tiempo a que se acabara. Así estaba más bonito. Con las flores de sus colores, con esas palabras que dicen tanto. Con esas palabras que ahora todas tenemos en una cinta. Que… aún no sé cómo guardaré. Si seré capaz de ponerla en mi casa, algo precioso que me gustaría ser capaz de soportar, pero por otro lado… creo que sería una prueba demasiado grande para mí, ver cada día esas palabras, esa banda… es un recordatorio más de algo que no puedo olvidar, de algo muy doloroso, que no necesito estar viendo constantemente. No sé si la pondré o la guardaré. Ni quiero, ni puedo pensarlo ahora.
Una vez pusieron las flores, los que no se nos habían acercado vinieron… todos me felicitaron por las palabras, por la forma de escribirlas y de transmitirlas. Muchos me pidieron que se las enviara, que les diera una copia. Otros me dijeron que no dejara de escribir. A todos les había encantado. Pero no era reconocimiento lo que quería. Pero sabía que había logrado el objetivo de llegar a los corazones, cuando querían recordarlas, cuando querían tener el homenaje que le rendía a mi padre. Ellos también querían. Querían transmitir mis palabras a los que no habían podido ir. (Hago un inciso dejando hablar a la parte de mi ego… entre ellos, además había dos maestros. Ambos, me felicitaron por lo buena escritora y lo buena oradora, teniendo en cuenta las circunstancias, que hubiera podido hacerlo… mi ego me dice que cumplí también ese objetivo: además de llegar a los corazones y hacer que llegara un mensaje por parte de todos, que estuviera bien hecho. Como a él le gustaba. Ellos me confirmaron que así era. No soy escritora, no soy oradora, pero a pesar de ello, que dos personas que sí que saben de ello me feliciten… es que encontré la inspiración y la fuerza de hacerlo bien).
Muchos compartieron con nosotros recuerdos y experiencias compartidas con mi padre. Se les veía el cariño. Se veía que mi padre les importaba. Estaban emocionados. Le iban a echar de menos. Le querían. Un primo me hizo sonreír cuando dijo que se había sorprendido cuando un señor había dicho “era un bruto pero todos le queríamos”. No necesité que me dijera quien era… sabía que era Pepe Luis. Sólo él podía decir algo así con tanto cariño… le explicamos que siempre se lo decían, que Pepe es de Isla y mi padre de Lepe, mi padre le decía que los de Isla son todos maricones, y Pepe le contestaba que los de Lepe eran todos unos brutos. Me gustó que Pepe recordara esas palabras que tanto se decían, y las sacara en este momento. Sé que a mi padre le gustó también, y le contestó “y a ti, aunque seas un mariquita de la higuerita”. Otros nos hablaron sobre cuadros, o del judo, o de pesca… me gustó ver como hablaban con tanto cariño.
Después, fuimos saliendo y yéndonos. Fuimos a comer. Mi madre quería comer mirando al mar, así que fuimos a la Antilla. Nada más llegar empezó a caer agua como si no hubiera un mañana. El cielo también lloraba. Nos había respetado para poder dejarle. Pero el cielo tenía que llorar.
Mis hermanas, mi madre y yo… fuimos a mirar el mar, por separado, teníamos que estar un rato solas mirando el mar…
Tardamos casi tres horas en comer, unos pesados… pero la verdad es que estábamos pendientes de otras cosas. Vinieron también mi tía y mi primo.
Cuando terminamos de comer, fuimos a casa, teníamos un rato antes de la Iglesia. Rato en el que yo sólo pude hacer una cosa: ir a la playa y bañarme. A pesar de la lluvia. A pesar del aire. Me tenía que bañar otra vez. Otra vez por varios motivos. Mi cuerpo lo necesitaba. Necesitaba esa energía. Necesitaba sentir esa conexión… y… mi parte tonta me volvía a hablar… el hecho de que las cenizas cayeran encima de mí, volvió a hacerme sentir miedo de que eso significara que se quería quedar, que venía a mí para quedarse, o para volver, para no cruzar. No quería permitirlo. Bañarme me “liberaba” ese pensamiento, haciendo que volviera al mar, que volviera a ser libre.
Volví a casa con el tiempo justo de darme una ducha rápida, volver a vestirme e ir a la iglesia, Quería ir andando a pesar de que estaba cayendo agua a chorros, necesitaba dar el paseo… necesitaba aire, no sólo que no se pudiera aparcar.
Llegamos a la Iglesia a tiempo de que comenzara la misa. Tuve tiempo para sonreír por el hecho de que tanto mi hermana Cuki como yo estuviéramos en la primera fila de una iglesia otra vez.
De la ceremonia… decir que el cura fue muy correcto en las menciones, me gustó como lo hizo “el sábado, es día de gloria, y normalmente no se habla de difuntos, pero el sábado está hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado, por lo que si las circunstancias lo piden, se cambia, y este es el caso”. Todas las menciones que hizo a mi padre fueron correctas y buenas. Cantaron mucho (y anda que no habrá andaluzas que canten bien, pero la que tenía el micro desafinaba un poco…) y nos sorprendió ver que el cura también cantaba. De hecho como comentaba con mi hermana, tanto ella como yo esperábamos que se arrancaran a bailar de un momento a otro… (creo que hemos visto muchas series o películas americanas… o “sister act” nos traumatizó…). Aunque tengo que reconocer que el que cantaran tanto hizo que no fuera tan lúgubre. Mi padre merecía algo chulo.
De la lectura y el sermón… a ver… es que… hay cosas que decían que dices “oye, mira, lo que dicen está bien dicho” pero de repente sigue hablando y la cagan de una manera… en plan “nooooooo, pero no la cagues así, con lo bien que ibas!!!”. Mi madre, que está en plan “todo me da igual no me callo nada” dijo un par de cosas, que mi hermana Nieves la regañaba… como en un momento que dijo “deja a tu familia, a tus hijos y a tus amigos, que yo te lo devolveré por mil” y mi madre protestando que y una mierda iba a dejar a sus hijos, que qué invento es ese… ¿por qué iba a tener que dejar a la familia, hijos y amigos? No tiene mucho sentido decía… cuando predican amor, respeto…
El sermón, fue curioso también, cuando el cura cogió el micro y se puso a hablar, paseando por el centro, cerca de los bancos… que parecía que de un momento a otro iba a hacer un concurso preguntando o algo… aunque no lo hizo. Pero me gustó que lo hiciera de una forma tan natural, a pesar de que las cosas que decía… en parte tenían sentido… en otras… a mi modo de ver lo perdían. Habló bien de la vida eterna, no en este mundo, si no más allá… como digo, muy bien, aunque intercalaba cosas de “noooooooo”. Pero creo que ahí cada uno tomaba esa parte como quería. Las palabras tienen que transmitir, y a veces simplemente cambiando la palabra que él usaba, por otra más acorde a tus creencias (en el caso de no ser católico) y eso convertía el mensaje en uno aún mejor.
Parecía a ratos un programa, concurso, musical… tanto que hasta hubo publicidad, cuando salió una mujer a hablar quince minutos de unas catequesis que iban a hacer, y a “venderlas”… otro comentario de mi madre, que le molestó que la “tipa” esa, que empezó diciendo “soy soltera” como si fuera un dato relevante o el programa fuera uno de ligue… pudiera hablar tanto tiempo y yo no pudiera dedicarle unas palabras. Pero a mí no me importaba, ya las había dicho y mejor, porque las dije delante de él.
Y acabó con otro bonito detalle por parte del cura. Tuvimos la suerte (o simplemente tenía que ser así) que la virgen de la Bella estaba en el altar, porque se cumplía el 50 aniversario de la romería. Y da la “casualidad” de que mi padre hizo la mano de la imagen. Cuando la hicieron, estaba muy mal hecha, y él la rehízo. (Como también había hecho el soporte de otra de las figuras de la iglesia, el pie de la que está en la ermita, que estuvo en la fundición… o el paso del santo entierro de Isla Cristina). El cura terminó la misa diciendo eso, que aprovechando que estaba la virgen ahí, el hombre al que estábamos recordando, colaboró en ella, y que todos lo supieran. Fue un detalle precioso.
Una vez terminada la misa, vino otro momento difícil, el “besa-abrazos-pésames”. En el que estábamos nosotras en el banco de la primera fila, y todo el mundo pasaba a darnos el pésame. Uno detrás de otro, de otro, de otro, de otro… yo no los conocía a todos. Pero casi todos me conocían a mí. Aunque solo sea por el parecido físico con la familia. Cuando digo que fue mucha gente… es que lo fue. A algunos hacía mucho que no veía, me sorprendió y emocionó ver… como a Vitoriano, o Casimiro y Esperanza; más primos, conocidos y que no conocía o recordaba, algunos bastante mayores o cascados, que no habían querido perderse la oportunidad de rendirle el homenaje… otros que no conocía… pero cuando una señora mayor, que yo no sabía quién era (ni yo, ni mi madre, ni mis hermanas) me abrazó llorando… (y no eran lágrimas falsas, se notaba que eran muy verdaderas) y me dijo “tu padre era muy querido aquí”. Aún me brotan las lágrimas cuando lo recuerdo. No sé quién era. Y eso lo hace más especial. Que alguien que yo, su hija, no conociera, pero a pesar de eso, quisieran tanto a mi padre, que estuviera así, que me dijera que todos le querían muchísimo. Me emocionó. “lo sé”. Es lo único que pude decir. Vinieron también amigos míos, Juan con su madre, Juanito Coca Cola, el primo Manuel… pero uno de los que más me sorprendió, y me agradó ver… fue a Alberto, de la Fragola, al que mi cuñado se había encontrado. Pero que sacara tiempo de venir, que se pusiera de traje para venir… nos emocionó a todas. Cuando fui a darle las gracias… lo que me dijo fue “No podía no hacerlo, no sois unos simples clientes normales”. Sí es cierto que gracias a mi padre, que vamos todas, todos los años, todos los días, que la recomendamos… pero… no tenía por qué hacerlo, y aún así lo hizo. Ole.
Todos le querían. Le querían mucho. No podía ser de otra forma.
No es una de esas de “cuando alguien se muere de repente se convierte en un santo”. No, su mala leche, su genio… eso no se le quita, pero es que es lo único negativo que tenía. Era un genio, un artista, todo corazón a pesar de la coraza… lo daba todo, y era de esas personas que llegan al corazón, que puedes odiar o amar, pero que si te molestas en mirar más allá de la coraza, la única opción es amar. Y así fue con mucha gente. Siempre lo he dicho, y lo repetiré mientras pueda. Era el mejor.
Después de la misa, bajo la lluvia, fuimos al bar donde trabaja mi prima Mara, que no había podido ir, a que mi madre a tomar unas tilas, y por verla también, que está cerca de la Iglesia.
Esa noche cenamos con Pepe Luis. Raya en pimentón. Su plato favorito o uno de ellos. Un homenaje más. A mí me sienta mal el pescado, pero con una pastilla aún puedo comerlo, y no podía hacer otra cosa que comerlo en su honor, y… que también es mi plato favorito, aunque ya no pueda comerlo igual. Comentamos algunas anécdotas, después el tema se fue un poco al qué íbamos a hacer con ciertas cosas. Pero no quiero escribir de eso ahora.
Cuando terminamos de cenar… como no, yo tenía que ir a dar un paseo por la playa… había aguantado bien todo el día… pero tenía que respirar otra vez aire de playa.
Además, fui a la ermita a poner la vela. La ermita en la que en sus árboles me enseñó a trepar, a la que íbamos cada noche a oler a Lepe, en la que… tantas cosas. Cada centímetro. Era la primera vez que ponía una vela en otro sentido. Siempre pedía por él… ahora sería para recordarle, y por los que quedamos. Aunque me asusté un poco… porque pasó algo que nunca me había pasado… una vez encendida la vela, mientras estaba ahí, pensando… se apagó. Y otra vez mi parte miedosa irracional tomó un poco de control, me puse nerviosa, porque… ¿y si el hecho de que se apagara era que se pegaba a mí, que volvía? No podía imaginarlo, me puse nerviosa, nunca me había pasado. Juan me decía que soy supersticiosa, que es una vela mala y punto… pero… con estas cosas, (que es descripción de superstición) ¿Quién lo asegura? El miedo es libre, y cuando estás como estoy yo… más. Porque las dos veces que pensé que quería que estuviera, que no se hubiera ido… una vienen las cenizas, otra se apaga la vela… por eso ya no me permito ni pensarlo. No lo quiero, ya que se ha ido, sólo quiero que cruce, que este allí y no aquí, que esté conmigo desde el otro lado, no más torturado aquí. Pero después conseguí encenderla bien, y puse otra por nosotras. Y ya me quede mas tranquila. Pasé a las ruinas del convento un rato… y me fui. Más tranquila, pero reconozco que no del todo, tenía miedo de llevarle. Pero imaginé que si venía, en el cementerio se bajaba, que era solo una excursión. Porque el cementerio es un lugar por el que paso todos los días que estoy allí, varias veces.
El domingo se volvían dos de mis hermanas, yo, ya que tenía la oportunidad de descansar un día allí, a pesar de que cada centímetro me provocara recuerdos, si podía descansar en un sitio con playa a pesar de la lluvia…
Como siempre, dormí poco y me desperté antes de lo que debería, cuando salíamos, con intención de ir al monte, aprovechando que estaba nublado, cuando me llamó mi madre si la llevaba a la playa.
Mi sobrina Lili vino con nosotros, Juanma, que es un solete, se quedó con su madre, para no dejarla sola, porque mi cuñado se había ido. Tengo que decir que Juanchu se ha portado como un campeón en todo momento, desde el primer momento, Lili también, pero Juanma no se ha separado de su madre en ningún momento, es todo corazón.
Mi cuñado no estaba, porque había ido a rendir homenaje a mi padre… había ido a llevar un ramo de flores a la casa el palo, otro de los sitios favoritos de mi padre. Y además del ramo de flores, dejó una de sus gorras. Y teniendo en cuenta que es un buen paseo, por arena, el tiempo como estaba, y que mi cuñado no tiene tanta facilidad para andar. Fue todo un detallazo, que hay que agradecer.
Fuimos a la playa, y tengo que decir que cuando llegamos, en la playa se estaba fenomenal. Mi madre se sentó a mirar el mar y sentir la brisa, Lili y yo nos bañamos, Juan durmió… cuando llevábamos un rato, preguntamos a Juanma y Cuki que venían andando, así que Juan fue a buscarles. Estuvimos un ratito, y pusimos rumbo al Rodri a comer… en el que tardamos dos horas en comer.
Me eché un poco de siesta porque estaba destrozada, pero no mucho, porque tenía que ir al monte, y no quería que se hiciera tarde. Me costó levantarme, porque aunque fue un ratito conseguí dormir. Fui al monte, al pantano, a la presa, a saltar por las piedras como hacía con él. Hice todo el recorrido con Nuska, y por primera vez en la historia, me crucé con otros que también estaban saltando por las piedras. Eché la tarde en silencio, saltando, recordando. Cuando llegué al coche otra vez, tiré hacia la playa, aunque antes recogí a Juan. Tenía que bañarme otra vez. El cuerpo, el cansancio y el calor me lo pedían, pero también el “miedo” por la vela. Una vez más el bañarme me liberó. Paseamos, me bañé otra vez. Juanma llamó que iban al cine, pero no nos daba tiempo. Fuimos a casa y me metí en la bañera a darme un baño. Me lo había ganado. Física y mentalmente necesitaba ese baño. Me vino muy bien relajarme en el agua, más caliente de lo que me gusta… pero no me dí cuenta de lo agotada que estaba hasta que salí de ese baño. Fuimos a cenar con mi madre, y después vimos a Pako y Bea que el sábado no habían podido vernos porque era la boda del hermano de Pako en Portugal. Tengo que reconocer que no me apetecía mucho, pero tenía que verles. Por ellos y por mí. Además, tuve la suerte que Alberto había abierto la Fragola, por lo que además de darle las gracias, pude tomarme un helado de esos que tanto me gustan. Paseamos con Pako y Bea, como viene siendo habitual Bea y yo delante, Juan y Pako detrás. Nuska a ratos. Me vino bien hablar con ella. Adoro a esa muchacha. Se ha convertido en alguien muy importante, que hace que saque lo que llevo dentro.
Fuimos a casa, pasando por la ermita a comprobar las velas y por la plaza del pueblo… otros de nuestros sitios. Barrí y fregué el suelo. Como de costumbre no dormi todo lo que necesitaba. Pero el domingo volvíamos a Madrid.
Me levanté antes de lo que me gustaría, recoloqué los plásticos a ver si podía ahorrarme el destrozo de la terraza con las palomas, un repaso, la bolsa… y cuando acabamos con todo, fuimos a la playa, pero antes quería pasar por el puente de Nueva Umbria. Otro sitio que sólo de asomarme me saltaron las lágrimas, pero tenía que ir. Era otro de mis sitios de Lepe con él. Cada centímetro lo es… pero el puente es de los favoritos y de los especialmente especiales. Después de un rato mirando, recordando, llorando, sintiendo… fuimos a asomarnos a la playa… solo asomarnos. Volvimos, y fuimos a la otra, que llegamos a la vez que la familia. Estuvmos un rato… en el que nos bañamos todos menos Juan Carlos y mi madre… ¡¡hasta Juan se bañó conmigo!! Cuki, Lili, Juanma, Juan y yo. El último baño del viaje de despedida de mi padre. No pudo ser mejor. Todos juntos en el agua. Nos secamos y fuimos a comer al Rodri, dentro esta vez para no tardar tanto.
Cuando salimos volví a comprobar el aire de las ruedas, pasé por el cementerio a despedirme (y casi traerme otro gato… pero no me dejaron) y por el Carrefour a ver si tenían el cd de Bebe (que tampoco) donde nos volvimos a encontrar con la familia.
La vuelta… dura… cada kilómetro me alejaba de mi padre. Me alejaba definitivamente de sus restos. Pero, así es como tenía que ser. Mi madre, tenía la esperanza de que al llegar… estuviera aquí, y al llegar y que no estuviera… fue todo un golpe. Duro. Para mí también.
Cuando me preguntan… lo que digo, es lo que siento… aún no me termino de hacer la idea… es como si estuviera de vacaciones, o los ratos que no estaba. Pero cuando pase más tiempo y no le vea… cuando necesite y no este, cuando llegue el cumpleaños, las Navidades… tengo momentos en los que quiero un beso ahora, pero… aún lo soporto, no me hago a la idea. Momentos en los que me acerco a oler la ropa de la maleta… momentos en los que no entiendo. Lo que necesito es tiempo. Tiempo para sufrirlo y tiempo para asimilarlo.
Pero la vuelta no ha sido buena tampoco. Mi sobrino pequeño está ingresado. Me preocupa mi hermana también. Lo de mi padre lo puede asimilar, que a su hijo le pase algo y no sepan qué… no. Esperamos que sea sólo emocional, su forma de sacar el dolor y el duelo… pero hasta que no le hagan todas las pruebas y se descarte todo… no se puede descansar. Y ya es suficiente. Mi madre, mi hermana Nieves… después de todo, lo que merece es tranquilidad, se lo ha ganado, es una súper héroe ¿por qué tiene que pasar ahora por esto? No es justo. Espero que se quede en el susto, en… eso, una forma de sacar lo que lleva dentro, que se han juntado cosas, y el niño lo saca así. Pero… es una preocupación más. Y ya es suficiente. Creo que lo bueno que haces, se multiplica por 7… y lo mal que lo pasas también. Con esto… ella lo ha ganado todo.
Pero aún quedaba más, a menos de dos semanas de lo de mi padre, la abuela de Juan también falleció. Ahora a ver su abuelo. Por lo menos ella también puede descansar por fin, que lo merecía también. Pero, mi parte egoísta habla… y pensar en repetir tan pronto tanatorio… no sé si funeral o entierro (o será en el pueblo)… me puede.
Ahora nos queda aprender a vivir, nos quedan muchos papeles, muchos rollos, la vida nos va a cambiar… pero tenemos que aprender a llevarlo.
Una de las cosas que decía cuando se enfadaba, gritaba y se quería quitar del medio, era “me quito del medio, tres días de luto y luego ya está, olvidado”. No. Papá. En eso estabas muy equivocado siempre. No van a ser “tres días de luto”. Y sobre todo “jamás vas a ser olvidado”. Ni por asomo. Ni aunque una enfermedad se coma mi cerebro, los sentimientos siempre se van a quedar, y tú, tu esencia, tú en general, no un recuerdo concreto o una anécdota, tú, eres el mayor sentimiento que tengo. Eso no se puede olvidar. Ni yo, ni tu mujer, ni tus hijas, ni tus nietos, ni tu familia, ni tus amigos. En eso estabas muy equivocado. No se te va a olvidar. Tu legado no son sólo tus cuadros. Somos nosotros. Y eso seguirá.
De hecho, aún estoy en shock. Pero no me imagino como, cada día, la gente pierde a sus seres queridos, y como el sol se atreve a seguir saliendo, como consiguen seguir adelante con sus vidas. Sé que lo entenderé, que mi vida va a seguir, diferente, pero va a seguir. Aunque ahora no sepa cómo, no me queda otro remedio que hacerlo. Estoy mejor de lo que esperaba que sería. Pero… porque dejo mi parte racional mandar. Y esa parte de mi es tremendamente estricta y eficaz.
Él ha sido la persona del mundo a la que más he admirado, junto a mis hermanas, pero… mi padre es mi padre. Un hombre luchador, que tuvo una infancia MUY difícil, nació en noviembre en el pirineo en el 40, después de una guerra civil en un cuartel de la guardia civil. Fue a “la escuela” como él contaba, cuando podía, si quería comer, tenía que cazar o pescar para todo el cuartel, y si sobraba comían ellos, protegiendo a su hermana… era un hombre más que trabajador… trabajaba de noche como policía (señal de su valor y su buen corazón…) patrullando las calles, tenía un taller en el que hacía rótulos (en el que tanto tiempo he pasado y jugado), y también sacaba tiempo por las tardes para dar clases de judo en colegio… y aun así sacaba tiempo cada tarde, cada siesta para jugar conmigo.
Era una persona que hacía lo posible, y más, por ayudar a los que se lo pedían. Se desvivia, hasta puntos insospechados, lo hacía TODO. Y siempre lo conseguía. Por eso, a pesar de su genio, todos le adoraban, le querían. Y le quieren. Ha tenido amigos de esos que son de verdad, también quién se ha aprovechado. Pero sobre todo de los que le adoran. De los de verdad. De los que aunque no se vean, le llevan en el corazón con letras de oro.
Luchaba por lo que quería, con todas sus armas, iba con todo siempre, tenía un gran temperamento, y a veces le perdían las formas, pero en el fondo… solía llevar razón. O su razón. Era un guerrero, un luchador como pocos. Ha superado todo… hasta ahora. Nos defendía con uñas y dientes y hasta se jugaba la vida por nosotras. Una de las cosas que tengo en la mente… es una vez que entraron dos a robar… con una navaja, estábamos él, mi madre o una de mis hermanas y yo, él salió a defendernos, forcejearon y le tiraron a las escaleras de la cocina y se le acercaron con la navaja… y él se los quitó de encima, salieron corriendo y él detrás… pero ver la imagen de dos individuos con una navaja en el cuello de mi padre… y que él sacó lo que había que sacar para echarles… no les cogió después… se metieron en el metro y pensó que estaríamos muy asustadas. Si ya era mi héroe… eso lo convertiría más con 30 años, con 5 años más aún.
Era, a pesar de las apariencias y el genio, la persona más cariñosa del mundo. Nos ha querido con el alma. A quien quería, lo hacía de verdad. Trataba con una delicadeza, una dulzura a las cosas, a las flores, a los animales, a los niños. Como profesor era muy tierno paciente y dulce. Adoraba la vida y los niños, realmente sorprendía ver a alguien tan grande, con tanto genio, tratar y hablar de una forma tan dulce, tan cariñosa. Se transformaba. Cuando se enfadaba parecía un gigante, grande, gritaba, se enfadaba… muy fuerte… pero luego se tranquilizaba y era la definición de dulzura. Recuerdo en Ayamonte una vez que un padre dio azotes y gritaba demasiado a un niño, y se metió en medio a regañarle.
También tenía su punto bromista, cada vez que llamaba a alguien por teléfono lo hacía con preguntas absurdas como “¿tienen bicicletas para grillos?” o “¿venden patucos para moscas?” o lo que se le ocurriera en ese momento. A mí me encantaba. Porque a veces, en vez de decirlo él, para que no le reconocieran, éramos nosotras las que lo teníamos que decir. Y después cuando le pillaban el saludo siempre era “arriba España”. Todos sus amigos que adoraban saludaban así. Era su saludo, y siempre será su saludo.
Otra cosa de “graciosillo” fue en la playa… cuando mi hermana Susana se sacó lo de especialista… que montaron un numerito en la playa… como que se gritaban se pegaban.., mis otras dos hermanas gritando que pararan… una de ellas salió del agua aplaudiendo después… Aunque ahí salió un poco rana, porque sí que hubo alguien que salió a defenderla, a meterse en medio, y acabaron discutiendo un poco, porque eso no era una broma… yo tengo que decir que me encantó, y en aquel momento me enfadé con el señor que gritaba a mi papa. Ahora, le aplaudo porque fue el único en toda la playa en tener el valor de salir a defender a una mujer a la que estaban pegando delante de todos… aunque no recibiera ni una y fuera un montaje.
Por su condición de policía también recuerdo muchas cosas, como por ejemplo ir de camino a la playa, cruzarnos con un “individuo” (usaba siempre esa palabra) y ponerse a seguirle, avisar a los de la policía local y seguirle porque “ese seguro que ha robado algo”. Y así fue. O como siempre que a alguien le robaban el coche, venía y se iban a dar una vuelta… y a veces lo encontraban. O el “soy compañero” que de tantas colas nos ha salvado (sobre todo recuerdo en la expo de Sevilla… el pabellón de España… una cola de horas y horas, y nosotros llegamos, saludamos a los de la puerta y entramos mi padre y yo. O de las que también nos han salvado esas palabras… como de empezar el año detenidos en el cuartelillo de la Guardia Civil… estábamos una nochevieja en Paracuellos con la escopeta y unas latas, y aparecieron los dueños del coto, oyeron disparos, llamaron a la Guardia Civil… se presentaron, eso era un coto privado, estábamos con un arma, una niña pequeña además… pero el “soy compañero” convenció, estaban las latas, estaba todo… solo nos echaron, pero es otro y nos detienen…
También luchó toda su vida contra la enfermedad. Otra de las imágenes chocantes que tengo de pequeña, es asomarme a verle a través de un cristal, llenísimo de tubos… que le habían operado poniéndole todos los órganos en una bandeja… recuerdo de ese día que mientras se hacía la hora de la visita compramos una estatuilla de un Oscar que ponía “al mejor padre”. Otra cosa que recuerdo es que cuando vomitaba, era muy escandaloso con un ritmo constante y repetido: “tosui tosui tosuegooo!!” que yo cuando escuchaba me escondía temblando de miedo, aterrorizada, debajo de la cama. Y ya de más mayor… ni lo pienso.
Además de un gran deportista, apasionado por el deporte, apasionado del judo, también corrió dos maratones… era un verdadero ARTISTA. Un pintor de los grandes, aunque no quería la fama. Autodidacta, empezó pintando en conchas o tablas de madera que sacaba, con pinturas que él mismo se fabricaba. Sus cuadros eran más que realistas, en los bodegones parecía que las frutas se salían del cuadro, o en una de las exposiciones que hizo, había un cuadro en el que había pintado una mosca en el mantel, y todos iban a espantar la mosca. No quería vender sus cuadros, para él eran como hijos. Hasta mi hermana tuvo que comprar los cuadros que tiene con su primer sueldo. Las pocas veces que se deshizo de uno, fue con todo el amor del mundo. Durante un tiempo dio clases de pintura, y ayudó a sacar el talento que tenían dentro sus alumnos, años después ellos siguen recordándole y admirándole. Porque era un verdadero genio. Un artista.
En el taller, en el que trabajaba con plásticos, maderas o lo que se pusiera por delante, he jugado lo que no está escrito. Me iba los fines de semana con él, mientras él trabajaba, me dejaba un madero, un bote de clavos y un martillo. Y me pasaba los días clavando clavos. Me lo pasaba pipa. Competía contra mí misma a ver cuántos podía clavar bien, y si alguno se me torcía me regañaba si me pillaba, así que tenía que emprender una misión muy difícil… escabullirme a por unos alicates para sacarlo, enderezar ese clavo o intentar deshacerme de él de una forma eficaz, después devolver los alicates sin que se diera cuenta. Era toda una aventura. A media mañana, parábamos para ir “a robar” a Luis, el carbonero frutero, algo de fruta, y a comprar pan y chorizo para hacernos los mejores y más ricos bocadillos del mundo, en el horno del taller… y unas manzanas o algo asado también. Era deliciosamente delicioso. Después seguíamos trabajando, él a lo suyo y yo con mis clavitos. También jugaba mucho a la rayuela en el trozo de al lado de la puerta, porque siempre tenía un montón de tizas. O me dedicaba a hacer dibujos en el suelo o en la pizarra, o a deshacer los lápices de serrín que tenía. Tenía lápices con dos puntas, o que para sacar punta en vez de con un sacapuntas, tirabas de la hebra de serrín, y se iba deshaciendo. Me encantaba pintar y dibujar con ellos para sacarles punta.
Era un manitas, hacía de todo, y todo lo hacía bien. No solo pintaba, también hizo alguna escultura… y el paso del Santo Entierro de Isla Cristina, que es una verdadera obra de arte a nombre de su maestro, que era un borracho y fue él quien lo hizo. Pero es que también hacía muebles, arreglaba todo lo arreglable, alicataba, ponía cables o tuberías. Lo que fuera. Lo hacía todo. Y lo hacía todo bien. Un verdadero genio rebosante de talento.
A veces, hacía cosas que no se entendía muy bien por qué, pero luego siempre funcionaban. Trucos, mañas, consejos que gracias a ellos nos han salvado de disgustos… como esconder una llave de repuesto en el coche y otros muchos trucos y cosas más como cómo cambiar la rueda del coche o poner las cadenas.
Tuvo la oportunidad de transmitir sus conocimientos, no sólo como padre, si no como profesor, tanto de pintura, como de judo. Era un profesor estricto y perfeccionista. De los que cuando algo se atascaba, cogía el pincel y lo hacía… para que “ahora que lo has visto, lo haces tú” y lo borraba. Las veces que fuera necesario. Recuerdo cómo aprendí a poner una rueda. Con el Forfi. Se sentó en una silla del jardín y dijo “esa rueda está pinchada, cámbiala”. Yo me puse hecha una furia, no sabía y encima estaba con unos amigos, y dijo que me ayudaran, pero que no me iba sin cambiarla, que nos apañáramos. Al rato, nos fue diciendo cómo hacerlo. Y cuando por fin la cambiamos, nos dijo… “ah. No, esa estaba bien. La pinchada es la de repuesto” y efectivamente estaba floja. Así que tuvimos que volverla a cambiar. No me gustó en ese momento, pero fue una lección maravillosa, porque me ha tocado cambiar muchas ruedas, incluida una en pantalón corto bajo la nieve… y se agradece tener la habilidad y conocimientos de hacerlo rápido.
Era valiente, fuerte… y el mejor padre que podría alguien tener. Un poco demasiado estricto con ciertas cosas como las horas de llegada… y más con mis hermanas que conmigo, pero yo a los 25 tenía que estar a las 22.30 en casa, y yo tuve suerte, pero mis hermanas a una semana de casarse por llegar 5 minutos tarde se quedó fuera (y la bronca) o en la cena de fin de carrera se quedó sin postre por llegar a tiempo a casa. Pero él lo hacía por protegernos, el trabajar de noche por las calles de Madrid le hizo ver tantas cosas, que tenía miedo, mucho miedo “no sabéis lo que es llamar a una puerta y decir a sus padres que le ha pasado algo a sus hijos”. Nosotras lo peleábamos… y sufríamos. A día de hoy sigo sin compartirlo, pero entiendo su miedo y que era por protegernos, aunque dinamitara la posibilidad de tener vida social. Sé que lo hacía porque nos quería con toda su alma. Y aunque he sufrido mucho por ello… me alegra porque eso también ha hecho que sea como soy. Y porque era una de esas formas diferentes de demostrar un amor tan grande.
Y yo, soy una verdadera afortunada en ese tema, tenía el camino hecho por mis hermanas, y lamentablemente ya no le quedaban tantas fuerzas para entrar en cólera por ello. Para mi hermana mayor sería más que impensable vivir “en pecado” como hago yo. Quizá también se hizo un poco más moderno… Cuando venía Juan a Lepe, aunque lleváramos 8 años juntos, él no podía dormir en la misma habitación que yo. Y un día, ellos se fueron a la playa, y Juan vino a despertarme y se sentó en el borde de mi cama, mi padre subió porque había olvidado algo, y cuando vio que estaba sentado al borde de mi cama, la bronca que le echo fue épica, aún la recuerda Juan y fue la mayor de la historia. Jajaja, si fuera alguna de mis hermanas, eso había acabado en tragedia.
Lo ha hecho TODO por nosotras. (¡Si hasta me llevó al cine a ver la película de Star Wars de la amenaza fantasma, en Lepe, en Islantilla… o sobre todos los esfuerzos del mundo… ¡¡¡me llevó al fútbol!!! Fuimos al Bernabéu a ver un partido. Él odiaba el fútbol con todas sus fuerzas, y yo… tengo un pasado, y en ese pasado tuve una época madridista y futbolera… y él… me regaló el ir al estadio conmigo. Recuerdo que llegué del cole, y me dijo que no iba a ir a entrenar… y que me pusiera la bufanda del Madrid un momento… entonces yo estaba enfadada y no entendía, y todos me decían “hazlo”… lo hice… nos subimos al coche… y nos llevaron al Bernabéu. Yo no entendía nada. Pero cuando le vi sacar las entradas… y que entró conmigo… puffffffff. Fue un detalle enorme. Tuvo muchos, pero ese… fue de los más grandes por lo que significaba. Y ahora, lo recuerdo y añado un poco más de emoción a eso: “he ido al fútbol con mi padre”. La primera vez que he ido ha sido con mi padre. Mi padre que odiaba el futbol, olvidó todo por mí, porque me gustaba, porque me quería hacer un gran regalo que me hiciera mucha ilusión. Y ahora lloro solo de recordarlo.
Nos ha adorado con todo su corazón. Me ha dado una cantidad de amor… de besos, de abrazos… que yo, que siempre he sido rancia (y de pequeña además repelente) siempre me intentaba zafar. Jugaba conmigo cada tarde. No se me va a olvidar cuando a la hora de la siesta, se tumbaba en el sofá y yo me sentaba en la barriga a jugar con él. Jugábamos a contarnos el cuento de la vieja Pepita, a que el dedo pequeño iba a comprar un huevo… a que íbamos a ir al carnicero a que me cortara el brazo por aquí o por aquí; a que la arañita subía; a poner la mano encima… o a acertar el dibujo que estaba haciendo cada trazo. Le gustaba jugar conmigo haciendo dos círculos cercanos, y según lo que yo dijera, hacía unas cerezas, una bicicleta, unas gafas… Pero sobre todo a lo que más jugábamos era a los pin y pon. A mí me encantaban, y todas las tardes echábamos combates de judo, pero él me hacía “trampas” porque siempre se cogía a los azules, que eran cinturón negro, y a mí me tocaban los rosas que eran unos cursis y de cinturón blanco. Y claro, como no podía ser de otra forma siempre ganaba él. Yo intentaba hacer trampas, pero no había forma. Un día, sólo uno, le convencí para cambiarnos los equipos… pero entonces les puso el cinturón negro a los rosas y yo me quedé con el grupo de los novatos azules. Pasábamos horas jugando. Me encantaba, era mi momento preferido del día. Me llenaba de amor y jugaba conmigo más de lo que jugó con ninguna. Era su niña mimada. Siempre me quería comer los ojos… y cuando venía me pedía los ojitos para comerlos “mui mui muuuuuuuuui” era el ruido y el ritmo de sus besos. Nadie más lo hacía como él.
Hago un inciso de la infancia para decir… que hace unos pocos años volví a jugar con él, en vez de pin y pon, esta vez eran playmobil… aunque ahora el mío llevaba kimono blanco y cinturón negro… pero volvió a ganarme. Lo que si me ha quedado pendiente es otra, porque hace poco, antes de empeorar tanto, me dijo que teníamos que jugar. Tendré que esperar a estar con él para la próxima revancha.
Jugábamos a judo con los pin y pon, porque es otra de las muchas cosas que me enseñó, aprendí a andar en un tatami, me llevaba a clase con él. Muchas veces se ponía conmigo y se dejaba caer, yo siempre le ganaba. Era una enana con un cinturón negro más grande que yo, que me daba veinte vueltas. Me enfadaba cuando no se ponía conmigo, aunque cuando no me ponía con él, me ponía con Evelyn y jugábamos a las palmitas. Pero yo quería estar siempre con él.
A veces, jugábamos a las canicas, aunque a eso, no tengo claro por qué (o bueno, sí, porque había que levantarse) jugábamos más tarde. O se apuntaba a los torneos de judo que organizaba con mis muñecos.
Algunas veces, íbamos a la base de los americanos en Torrejón, a comer pizza. Unas pizzas gigantes y buenísimas… la única pizza que él comía (aunque los últimos años si comía algún trozo… de pequeña nunca se llamaba, solo la que comíamos en la base). Hasta que se fueron… y cuando se fueron los americanos, volvieron con una gata de uno de ellos que no se podía llevar de vuelta. Topace. La culpable de mi locura por los gatos.
Además de la gata, tuvimos más animales, patos, conejos, gallinas… él adoraba los animales, pero el mayor amor no humano fue Bis. Un perrito que había criado Pepe Luis y que trajeron jovencito cuando fueron al entierro de mi tío. Un amor, un ángel de cuatro patas. Su amigo, su compañero. Y el mío. Mi padre no se separaba de él, se lo llevaba a todas partes, casi se mete en un pozo para sacarle… Le adoraba, como todos. Cuando me quería despertar, me echaba el perro encima con “¡Bis! ¡despierta!” y el perro se ponía a saltar encima de mi cama hasta que o le estampaba con la pared, o me levantaba. Bis se nos fue hace dos años… y mi padre no ha dejado de recordarle. Lo pasó muy mal con ello, y pasamos mucho miedo. Fue un momento horrible, el rato que estuvimos mi madre… pero sobre todo mi padre y yo llorando sobre Bis que se nos iba… hasta que se hiciera la hora que abría el veterinario para ahorrarle un rato más de sufrimiento. Eso era dolor puro. A veces, después, él pedía que hiciéramos lo mismo con él. Pero no olvidó a Bis, seguía llorando por él. Y ahora, juegan juntos. La cantidad de aventuras que vivieron juntos en este mundo no son nada, ya no tienen límite.
Otra cosa culinaria que recuerdo es ir a Makro, lo cual a mí me daba un dolor de cabeza horrible cada vez que íbamos, pero siempre iba con ellos porque de paso, íbamos a la fábrica de Bimbo… ese olor a bollo recién hecho… era… pufffff y ¡cómo me ponía de panteras rosas! Aunque el chocolate rosa me daba dolor de cabeza. A mi padre no le gustaban los bollos de allí, pero siempre paraba… por mí y las panteras rosas, o los Bonys y tigretones de mis hermanas.
El bocadillo de tortilla (no lo tomábamos nunca de calamares) en la plaza mayor en Navidad, ver los puestecillos y dar una vuelta por el centro… íbamos al bar al que iban cuando estaba de servicio. Todos los años íbamos… y me encantaba. Lo hizo mientras pudo. La última vez que fue, le tuvimos que llevar obligado, y fue mi hermana Cuki la que nos llevó y nos trajo en el autobús. Estaba totalmente orgulloso de ella. Y además de mi cuñado y mis sobrinos, Juan y yo estuvimos ahí. Fue una vez más de esa tradición que teníamos mi padre y yo todos los años. Y que aunque ya no podía, siempre intentábamos convencer aunque fuera con la silla… ya no podremos tomar más bocadillos con él. Ni nos podrá contar cómo fue cuando explotó la bomba en la unidad y él se salvó porque estaba fuera tomando el café.
Cuando él se iba a trabajar, mis hermanas y yo nos turnábamos para dormir con mi madre (de hecho tengo un recuerdo de la cuna de una noche con él de servicio). Y cuando llegaba por la mañana, mis hermanas volvían a la cama. Pero yo no, cuando él llegaba, yo me quedaba en la cama con los dos. De hecho, por eso, mi lado de la cama es el lado que tenía él. Porque es donde me gustaba dormir. Dormir como mi papá.
Pero cuando íbamos a Lepe… ya era la bomba. Me enseñó a nadar, a trepar, a jugar, a pescar… por las mañanas íbamos a la playa, pero por la tarde hacíamos de todo. A veces íbamos a saltar del puente de Nueva Umbría, otras a trepar a los pinos de la ermita, otras al monte, otras a coger higos chumbos o palulú. A veces íbamos a “la barca” a pescar zapos y después tirarnos al río con la cuerda del árbol, y después a coger zarzamoras, también íbamos a saltar por las piedras del río piedras y al pantano, o al campo sin más. Íbamos a pasear por el Silvao o a coger almendras, o a disparar al monte a las dianas y las latas. Recuerdo la primera vez que me dejaron ir, con el revólver… me sujetaba y yo no entendía por qué, hasta que casi nos caemos los dos de culo por el retroceso. También montamos a caballo alguna vez por la playa con sus amigos, o una vez fuimos con la familia Rancapinos a pintar la casa el palo. Si era semana santa, íbamos al campo a por fresas, o con los naranjos. O a escalar la torre del catalán y la de Isla y verlas por dentro. Yo he estado dentro de esas torres… con una cuerda trepábamos. Recuerdo esconderme y asomarme en la torre de Isla…
A pescar íbamos por la mañana casi siempre. La noche anterior había que acostarse pronto, y hacer la lista de la pesca, que yo un año hice una para plastificarla, y había que prepararlo todo. Sin olvidar mi caña amarilla. Nos levantábamos muy pronto y desayunábamos zumo de naranja natural y un mollete en el bar Lolo, o cuando cerró en los de la Antilla. Preparábamos el mejunje del cebo o cogíamos en la playa. Dábamos la vuelta a la barca y la bajábamos con los rulos. Veíamos amanecer en la playa. Navegábamos un poco, pescábamos con una sombrilla en la barca, él hizo la barca, y le puso sitio para poner la sombrilla. A media mañana hacíamos un descanso, en el que nos tomábamos un tomate con sal y aceite, un bocadillo de atún, y la sandía o el melón. Junto con el bañito en “lo hondo” que nos dábamos era de lo mejor del mundo. Era maravilloso bañarnos. Pescábamos otro rato, y emprendíamos la vuelta. Siempre hacíamos otra parada para otro baño…. Y de ahí teníamos que volver nadando a la orilla. Él siempre estaba cerca, pero había que apañárselas para volver nadando. Lo cual era maravilloso y agradezco porque aprendimos a nadar, a superar retos. Y la llegada a la playa… era triunfal, todo el mundo se acercaba a ver qué habíamos pescado, y casi todo el mundo desaparecía cuando había que subir la barca y los trastos, para volver a aparecer cuando se repartía el pescado. Recuerdo una vez que picó un cochino en mi caña amarilla, y si no llega a ser porque me sujetó, me iba al agua porque no quería soltar la caña… y por poco no se cae después él.
A veces cogíamos la barca para pasear, o para remolcarnos con la tabla de surf… era súper divertido. A mí me encantaba más que pescar, adoraba pasar tiempo con él, era muy niña de papá, y me encantaba navegar, siempre iba sentada en la proa con los pies por fuera… salvo cuando me dejaba conducir la barca.
O íbamos a la punta del moral a coger berberechos y navajas… con la sal… me encantaba coger navajas… hasta ma iba a cogerlas. O al espigón de Huelva a coger ostiones y cangrejos. Y que una vez, yo llevaba las llaves del coche y se me cayeron al río. Las perdimos. Menos mal que mi padre llevaba unas de repuesto siempre en el coche… aunque volvimos y las encontramos, aunque la lucecita ya no funcionaba.
Todas las noches tomábamos un helado en La Fragola, después de ir a cenar al Arnau la raya en pimentón, o donde fuera. Uno de sus platos favoritos era la raya en pimentón, y se convirtió en mi plato favorito también… además de que está deliciosa… quería ser como mi papá. Algunas noches, íbamos a la ermita, y paseábamos entre los jazmines… y ese era el olor “a Lepe”. Siempre que huela una dama de noche o un jazmín, diré lo mismo “huele a Lepe”.
Algunas noches, cogíamos la tienda de campaña y acampábamos en la playa, o en el monte, o entre los pinos o los eucaliptos. Yo quería sentir miedo de estar en medio de todo, ruidos, noche… pero me era totalmente imposible sentir miedo: estaba con mi papá. Ya podía venir un oso, un ovni, un zombi, un dinosaurio o un fantasma, él podía con todo, lo había demostrado. Si estaba con él estaba segura. Con esas cosas aprendí a amar la naturaleza. Aprendí que estar en el campo, en medio del campo era el lugar más maravilloso del mundo, aprendí que mirar las estrellas desde el campo, en medio de la noche, era una de las cosas más bonitas que se pueden ver. Recuerdo que una de las veces entre los pinares de Isla, nos despertamos con unos cascos de caballo… y fue algo maravilloso. Recuerdo el olor a eucalipto las noches… y dormir abrazada a mi padre. Otra vez, fuimos a los pinos de enfrente de casa de Pepe Luis, con Bis esa vez… y que pepe salió con una escopeta a ver quién era… XDXD.
Otra cosa de los viajes a Lepe eran las interminables visitas, no tanto de largas, sino por la cantidad de gente, cada noche íbamos a ver a alguien, cuando llegábamos empezábamos la ronda, y cuando acabábamos la ronda de saludos… empezaba la ronda de despedidas. Tenías a tanta gente que te quería, y tenías un corazón tan grande en el que entraba tanta gente…
(Recuerdo la última vez que fue a Lepe bien del todo, y es una pequeña espina que tengo clavada también. Fue en enero, yo ya trabajaba en el gimnasio. Nos fuimos los dos a Lepe, estuvimos semana y poco y yo me quise volver porque quería estar unos días libres en Madrid, ir a clases de combat… mientras volvía ya me arrepentía de no estar más allí, hasta el punto que a los dos días de haber vuelto… me fui el viernes sábado y domingo con Juan. Era la primera vez que iba a ir a un sitio sola con él. Mi padre se enfadó por doble motivo. Primero porque me fuera sola con él, segundo, y creo que más importante, y la espina que tengo clavada, porque volvimos antes por mí, y luego me fui otra vez. Si esa no hubiera sido su última vez bien, saltando por las piedras, paseando y moviéndote como siempre hacía, seguramente ni me acordaría. Pero lo fue. Igual él no se acordara de que esa fue la última vez. Pero yo sí. Y por eso me duele un poco. Aunque, por otro lado, me “alegra” que fuera sólo yo quien disfrutó de ello. No ha sido la última vez que fue a Lepe, fue más veces después, una de ellas pasamos un miedo horrible, cuando le empezaron a dar los microinfartos cerebrales, y mi tía le hizo ir a firmar unos papeles… que pasó unas noches horribles alucinando y llamando a su mamá. Fue dos o tres veces más con mi hermana y mi cuñado, que yo coincidí allí con ellos, pero ya dependía de que le lleváramos, ya no quería ni ir. Y Lepe para él lo era todo, pero no quería el viaje, el subir escalera, el miedo que pasara algo estando allí. La última vez que pasó unos días en Lepe fue en 2013, que estuvo en el monte sentado mientras nosotros saltábamos, estuvieron en la playa mojándose los pies porque la marea subió, no se pudo bañar además por la sonda y la bolsa, pero el agua si fue a saludarle… y hasta dimos un paseo en el barco de Fracis por el piedras y por la casa el palo.)
Hacíamos tantas cosas. En Lepe y no en Lepe. Viajamos a Egipto, y recuerdo que uno de los días decidió abandonar el grupo y meterse en calles egipcias a ver el Egipto de verdad. A pelo. Era muy muy muy muy valiente, y quizá algo inconsciente. Conoció Egipto y le encantó.
También tengo otro recuerdo, de muy pequeña que fuimos a Ceuta. La primera noche que pasaba en un hotel, en Algeciras (sería un hostal) que cuando nos enseñaron la habitación yo dije “vaya caca, y ¿dónde está el botones?”. Yo solo recuerdo que era una caca, la frase me la recuerdan ellos. Pero hay dos cosas que si recuerdo de ese viaje. Ver el maravilloso amanecer desde el ferry, uno de los más bonitos que he visto nunca, con él abrazándome y riéndonos de las gaviotas. Y luego en la playa, una playa llena de piedras, que buscábamos piedras planas para hacer ranitas, y había una con una forma como de un corazón y se la regalé.
Al igual que yo, al único sitio al que quería viajar era en Lepe, porque para él, todo lo que hubiera que ver en cualquier sitio, en Lepe lo teníamos y era mejor. Siempre decía que cuando se jubilara, se iría a vivir allí otra vez. Sueño que no pudo cumplir, su enfermedad no se lo permitió. Y yo temo que me pase lo mismo, yo también deseo vivir allí cuando me jubile.
También le gustaba mucho la fotografía, y nos desesperaba a todas con eso, durante años no ha habido forma de que saliéramos en una foto de la hartura a fotos que teníamos de pequeñas… la de tiempo que pasábamos “posando”… media hora para cada foto… lo odiábamos…
No sé si por una foto o por qué sería, que me puse pesada de camino a Riotinto… que me hizo bajar del coche en la carretera. Y a los 50 metros se bajó mi madre también… ¡qué manera de llorar ese día!!
Un año hicimos un viaje en coche por el norte, por la costa, por las playas… y nosotros éramos los únicos que nos bañamos… también fuimos al monasterio de piedra y al nacimiento del cuervo, y él hacía que los paseos por el bosque fueran mágicos y que supiéramos andar entre las piedras. Otra vez fuimos al pueblo de unos vecinos a coger cerezas, y yo fui todo el viaje con la cinta de Christina y los subterráneos… o…
Es mi padre, han sido 31 años con él, anécdotas, recuerdos… son tantos… que no podría decirlos todos sin olvidarme de alguno… adoro a mi padre con todas mis fuerzas, aunque no siempre lo demostrara, y él me quería con todo su corazón y él lo demostraba más. Aunque sólo nos hemos dicho “te quiero” los últimos años… y yo casi nunca le llamara “papá”… para mi siempre era “gordo”. Aunque ya no estaba gordo. Pero antes sí, cuando mejor estaba tenía una barriga y unas orejas enormes, y unas patitas delgaditas.
Recuerdo su cara de orgullo cuando acabé la carrera, o cuando mientras estudiaba, probé con él un tipo de masaje que me habían enseñado, que era muy doloroso sabiéndolo hacer, no quiero imaginar sin saber… sólo recuerdo cómo gritaba de dolor.
No creo en el matrimonio y no quiero tener hijos (aunque eso es algo que nunca se sabe… todo puede cambiar) pero… pensar que si lo hiciera… ya no lo verá físicamente… es algo que hasta yo he pensado. No lo verá si pasara. Bueno… seguro que lo ve, pero ellos no le verán a él. Y no sé qué más cosas de mi vida no podrá acompañarme físicamente.

Papá. Te quiero. Siempre lo haré. Soy como soy por ti. Más allá de la genética. Tú me has enseñado todo lo que se y todo lo que soy. Eras un genio, y ni en los mejores de mis sueños podré llegar a estar a tu altura en muchas cosas. Esas mi ídolo, mi héroe. Te he admirado toda mi vida, lo valiente, luchador que eras, como has superado cada una de las pruebas, a cual más dura que se te han presentado. Como nos has cuidado, adorado y desvivido por nosotras. Lo has hecho muy bien. MUY muy muy muy bien. Te has ido con un “te quiero” a tu mujer, con tus hijas, tus amigos han estado contigo y han sentido tu marcha. Estás en muchos corazones, y eso es un éxito en la vida. Decías que ya habías hecho todo lo que tenías que hacer… lo habías hecho, y muy bien. Porque a pesar de tu mala leche, has sido una de las personas más queridas que he visto. Ver llorar a tus amigos, ver hasta qué punto les has importado, marcado y enseñado, como gente que hacía mucho que no veías te seguía llevando en el corazón como si no hubiera pasado el tiempo, queriéndote.
No siempre lo demostraba, pero te adoro, te adoraré siempre, te llevaré dentro de mí siempre, porque no eres un recuerdo, eres un todo, un sentimiento. Por ti iría al fin del mundo, alguna vez he soñado que había algún incendio, o en un barco nos hundíamos, yo estaba con vosotros y tú no podías salir por tu pie, y decías que nos fuéramos, y en todos, absolutamente en todos, yo te llevaba conmigo. Te salvaba, porque era impensable irme sin ti, seguir mi vida sin ti. No sé si esas veces te estaba “salvando” de verdad, alejando la parca de ti, o si sólo eran sueños. Yo, que no soy católica, cada vez que iba a Lepe, ponía una vela a la Virgen de la Bella para pedir por ti, bueno, en concreto porque me diera fuerzas para poder darte luz, para poder darte energía, para poder ayudarte, y cuidarte. Cada vez que iba, además de a la Bella, se lo pedía a los elementos en la playa de noche. Pedía luz por ti. Ahora tendré que cambiar mis peticiones, ahora tendré que honrar tu recuerdo. Pondré una vela para que cuando pases por la ermita, con tu madre, o con tus amigos vayas a por los higos, veas esa luz, y te conecte con mi mundo el tiempo necesario para volver a sentir nuestro recuerdo y nuestro amor. Para que como decían en el cuento del arco iris, levantes la mirada, y en esa llama, sientas el amor de los que no hemos llegado aún. No a reunirnos, pero si a hacer una ventana momentánea.
Me considero una buena persona, pero además de buena persona, me considero una buena influencia. Y eso es por los valores que me has enseñado. Por ti. Tú me has enseñado a valorar la vida sobre todas las cosas, a amar a los animales, ya que “quien quiere a un animal, siempre tendrá un amigo”, a respetar el medio ambiente, a amar la vida, a ser sana, a no meterme en líos… me has enseñado más de lo que te imaginas. Igual tú no lo sabías, o no lo creías, ahora sabrás que es cierto lo que te digo, pero siempre has sido mi ejemplo y “mi persona”, mi referencia, mi ser más querido. Y de verdad que no sé cómo voy a hacerlo a partir de ahora. Sé que lo único que ha cambiado es que ya no me vas a hablar en voz alta, ni te voy a tocar, pero que si vas a seguir guiando mis pasos, y a mi lado. Aunque desde el otro lado. Cruza. No te quedes, iré yo por ti. Has hecho todo lo que tenías que hacer. No quiero que te quedes perdido, ni por mí, ni por mamá, nosotras cuidamos de ella. Cruza, disfruta lo que te has ganado, lo que no has podido disfrutar en vida. Lo que el destino caprichoso te ha privado, recupera estos años encerrado en un cuerpo sin fuerzas y sin libertad. Disfruta. Sin dolor. Sin miedo. Sin penas. Compréndelo todo. Descúbrelo todo. Cuéntamelo cuando llegue… y también me contarás el cuento de la vieja Pepita, o de qué color es realmente el cielo… y cómo es estar en él. Disfruta por ti, aprovecha todo el tiempo, porque ya no tienes límite, ya no tienes tiempo… aprovecha para ti, porque cuando yo vaya… querré estar contigo mucho tiempo. y cuando el tiempo deja de existir… eso significa mucho.
Ya te echo de menos. Echo de menos estar en medio de la nada, monte o mar, solo contigo. Voy sola, pero no es igual. Por lo menos ya nunca más iré sola. Porque aunque cada uno desde un mundo, pero seguro que te apetece también ir cuando yo vaya. Echo de menos jugar contigo. Tenemos pendiente un combate de pin y pon. Te has ido sin que te haya ganado ni una sola vez, quiero la revancha cuando vaya.
GRACIAS por todo lo que me has enseñado, por todo lo que has hecho por mí, y por los demás, por ser cómo eras, y por haberme elegido como hija. Es un honor ser la hija de un genio, de un artista, de un corazón tan grande. Cada día de mi vida he luchado por estar a la altura, y ahora más que lucharé por honrarte, porque la parte de tu legado que está en mí no baje. GRACIAS desde el primer segundo de mi existencia hasta ese último momento del jueves cuando me fui y no te quise despertar dándote un beso porque estabas dormido y no te quería despertar. Por todo lo que me has dado en vida. Por cada gesto, por cada detalle, por cada “te quiero” con palabras o sin ellas. Por TODO. Descansa en paz. Te lo has ganado. Disfruta tu recompensa por todo el dolor y el sufrimiento que has padecido, por todo el miedo que has pasado, por todo lo perdido que has podido estar en algunos momentos. GRACIAS por todo lo que has perdonado, a mí… y a la familia en general, por ese enorme regalo que nos hiciste a todos hace unos años, al tragarte tu orgullo ante una de las mayores crisis familiares que hemos tenido… y aceptar una disculpa… y de qué forma. Lo que siempre negabas que harías, acabaste haciéndolo “mira si se tiene que ver mal para hacerlo” decíamos… pero sé que el motivo era que nos querías tanto a todos que eso no podía seguir así. Tu hija, tus nietos. Tu mujer, el resto de tus hijas… merecían una normalidad. Y salió muy bien, fue otra de tus gestas como padre, porque gracias a eso nuestras vidas mejoraron, la tuya también, has vivido cosas que no pensabas que podrías, volviste a la plaza mayor a tomar un bocadillo de tortilla, volviste a Lepe, has visto a tus nietos crecer, mejoró la salud mental de todos. Sé lo mucho que te costó, por lo mucho que renegaste, pero al final dejaste todo de lado por nosotros. GRACIAS. Son muchas tus gestas, pero esa… fue digna de todo un héroe. GRACIAS por todas tus gestas, tus luchas, tus regalos, no sólo materiales, por cada pensamiento cariñoso que has tenido conmigo y con las demás. GRACIAS por TODO.
Tú siempre has querido ir con tu mamá. Ten claro que yo siempre querré ir con mi papá. Que además mi mamá aún tiene que quedarse, ella también tiene que vivir, siempre ha cuidado de alguien y ahora, le has hecho un último regalo, aunque no lo entienda, y es vida para ella, para centrarse en ella. GRACIAS por eso también, por dar tu vida para que ella pueda vivir. Para que nosotras podamos vivir sin pánico a “la llamada”. Hemos sufrido esa horrible llamada. Nos has liberado. Aunque para nosotras tenerte, cuidarte… era algo que hacíamos encantadas, estábamos felices de poder tenerte, de poder serte de utilidad, como tú has sido con nosotras toda nuestra vida, una pequeña forma de devolverte ese favor que nos has hecho con nuestra vida, con todo lo que has hecho. No es una deuda, no es algo a pagar, pero aunque tú te sentías mal por ello, a nosotras nos hacía bien ayudarte. Todo por ti.
Dicen que el valor de una persona se mide por lo que deja. Y lo que tú dejas es tan grande… que no se puede ni describir. Eras el mejor. Eras bueno en todo, desde lo más pequeño a lo más grande.
Siempre, siempre, siempre, siempre, SIEMPRE papá.
TE QUIERO.
Y… “arriba España”